Anyway.
Brecht se sintió bastante aliviado por no morir en el accidente y pensaba que en cierto modo el carro le había salvado la vida. Y lo escribió. Lo publicó. Brecht públicamente dijo que ese auto y su buena manufactura le habían salvado la vida.
Y a Brecht, la compañía, le regaló OTRO auto. ¡OTRO! (que ya no chocó).
Hoy venía en la carretera y una piedrita golpeó mi parabrisas, una más (he cambiado de parabrisas por accidentes así unas tres veces ya) y después del clack de la piedrita me quedé pensando en que en definitiva soy una escritora no de segunda, sino de tercera, pues si a mí se me hubiera ocurrido escribir algo desde el primer accidente en mi parabrisas hoy tendría un carro nuevo con parabrisas irrompible.

