CHESIL BEACH: UNA PIEZA DE CÁMARA

Hay autores que no dejan de sorprenderme. Ian McEwan es un ejemplo. Cada una de sus novelas y cuentos es una caja de pandora, uno -el lector- no sabe qué va a ocurrir tan pronto comience a leer. Supongo que a sus personajes les ocurre lo mismo, ellos no tienen idea de hacia dónde los va a llevar su pluma.

Este es un autor que no repite fórmulas (y uno diría que ningún autor repite fórmulas y uno estaría muy equivocado). Sin embargo yo no puedo dejar de pensar en el sutil y ligero guiño que tienen Chesil Beach y Amsterdam.

Mientras Amsterdam inicia en un funeral. Chesil Beach lo hace en una noche de bodas. Los hechos entre el funeral y el fin de la novela son cuestión de días, semanas, y entre medio reconocemos por atisbos la vida de los personajes. Lo que no está y está.

En Chesil Beach ocurre algo parecido, el contrapunto, el detonante es esa noche de bodas que ella sabe que debe consumar pero que en realidad repudia y que él quiere consumar sin saber exactamente cómo. Dentro de esa noche, también por atisbos, también despacio, también intercaladamente se nos relata la trayectoria de los protagonistas. No se dice todo y sin embargo se sabe. La novela rodea e intercala la sociedad inglesa de los sesentas, los cambios y el impacto de éstos. La novela abraza a dos seres incapaces de.

McEwan es un maestro cuando se trata de retorcer, cuando se trata de narrar peripecias de manera minuciosa y a la vez imprecisa. De ir a lo cotidiano a lo interior, a lo inexplicable.

En Chesil Beach nada sobra. Es una pieza de cámara, breve y precisa.

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