Pero hay ocasiones en que es válido dejarse llevar por el impulso y por unas buenas manos. Sentarse y decir, lo quiero corto, corto-corto.
Yo, lo hice. Sin hacer un análisis demasiado profundo, tomé la decisión y lo hice. Mi cabello semi-largo se fue. Se fue, se fue. Y con él, su peso. El peso.
Heme ahora con lo que noséporqué se le llama una bob oséase una melenita. Una melenita corta, tierna, fácil de peinar, fácil de despeinar. Práctica y cómoda ella. Ayer me dijeron que me quité un par de años de encima (benditas sean las tijeras, pensé), y yo esta mañana mientras pasaba el peine por mi melena pensé que me quitaron algo más que cabello. Ahora puedo ver mis cejas, mis orejas, mi cuello. Y esa, esa, frente al espejo soy yo, mi más yo.

