Estoy sola.
Decido no cocinar.
Voy a mi lugar favorito de comida china. Ordeno el paquete uno para llevar y pido un té helado. Saco una revista de mi bolsa, me pongo a leer. Las mesas a mi alrededor están pobladas por familias. Los pasillos entre las mesas están habitados por niños que corren, gritan. Los meseros se mueven todos con la preocupación de quien ha olvidado esto o aquello. Hay dos televisores prendidos, un trío que canta canciones de amor. Una señora china que va y viene de la caja a la cocina.
Trato de concentrarme para leer y no puedo.
El mundo ocurre a mi alrededor y tengo ganas de escribirlo. Tengo una libreta, mi libreta, mi querida moleskine en la bolsa. Pero no la saco. No todo se tiene que escribir, me digo. Vuelvo a la lectura. Pero no leo mi revista. Leo el mundo, en la comida china.
Lo leo quieta.
