HAY

1.Menos tos. Menos temperatura.
2.Dolor de oídos y de cabeza.
3.El abrazo y el cuidado cálido de mamá.

Es raro eso de tener 33 y que sea tu mamá quien te cuide pero además es raro sentirlo tan bien, tan bien.

EL CAMBIO

¿Qué se yo del cambio? ¿Qué se yo? Nada, sólo que lo hago continuamente o bien no lo hago, no lo he hecho nunca. El cambio. Se toma una decisión de cambio y la vista se fija en eso. El cambio. Sí hay un dejo de inseguridad, la invencible nostalgia, toda esa parafernalia que observamos en soledad. El abandono. No, no me acecha el cambio. Lo acecho.

LA CONFORMIDAD DEL CAUTIVO

Leí Un día de placer una pequeña novela del polaco Isaac Bashevis Singer. El libro se compone de una serie de relatos que nos muestran las diversas experiencias del autor, hijo de un rabino, durante sus primeros catorce años de vida en Varsovia. El interior de un hogar judío, el interior de un mundo cuyo eje es la religión es visto y relatado de una manera dulce, simpática, inocente. Aquí no se cuestiona la rigidez de las tradiciones judías, ni sus buenas dosis de tragedia e insensatez (que las hay), aquí se nos muestra un mundo de sabiduría, de bondad. De fe. La conformidad. Bashevis Singer abre su infancia de par en par con un dejo de nostalgia y humor. Se nos muestra el mundo judío antes de.
El rostro de la fe.

Pero pasados esos años y llegado antisemitismo al poder, la historia cambia. El autor húngaro Imre Kertész nos permite observar lo que habría de seguir. La vida de un judío de catorce años y sus experiencias en un campo de concentración son la columna vertebral de su novelaFateless. Aquí no hay un mundo de sabiduría y de bondad, y ni siquiera de nostalgia. Hay, en todo caso, la conformidad hacia el mundo real. La existencia como la más cara de las condiciones. Si el niño de Un día de placer no ve el mundo más allá de su condición, el niño de Fateless está consciente del mundo (el interno y el externo), consciente de su condición y de su destino ausente. Uno no puede sino sentirse derrotado por esa comprensión. La conformidad del cautivo.
El rostro sin fe.

Tanto Bashevis Singer como Kertész fueron premiados con el Nobel, el primero en 1978, el segundo en 2002. Asumo, sin duda alguna, que por razones completamente distintas. ¿Qué se quería oír en los setentas y que nos negamos a oír en el dosmil?

ALFILETERO

Eso soy. Un alfiletero humano. Puedo básicamente escribir un tratado sobre inyecciones. Estoy enferma muy. Y todavía me quedan dos inyecciones más del tratamiento.

DEMONIOS.

HOY SÓLO PUEDO DECIR

COFF COFF COFF COFF COFF COFF COFF COFF COFF COFF COOOOOOFFFF.

Calditos de pollo, tecitos, tarritos con vic vaporub y jarabitos de miel con limón serán bien recibidos en la casa siete.

LAS TRES PREGUNTAS

Como buena heredera de las ideas de Madame Mancilla, este semestre volví a utilizar la estrategia de las tres preguntas para que conocieran un poco más de mí. Entre las tres preguntas de mis seis grupos muestro a ustedes las siguientes:

¿Cuáles son sus propósitos de año nuevo?
¿Cuánto tiene trabajando en el Tec y por qué?
¿Qué hace de su vida cuando no está en el Tec?
¿Qué shampoo usa?
¿Cuántos años tiene?
¿Cuál es su libro favorito?
¿Quién es el más guapo de este salón?
¿Está suegra?
¿Qué hace su hermana en Turquía?
¿Por qué enseña literatura?
¿Qué planes tiene para el futuro?

Algunas fueron fáciles de responder. Otras, otras no.

FRAGMENTO DE CARTA ESCRITA UNA VEZ A.

La mía no se llama Matilda. La mía no estuvo en un hospital psiquiátrico. La mía no puede ser fotografiada. Pero la mía también se entregó a algo que no comprendo del todo. La mía se llamó Patricia, luego Hatiςe y ahora, Aisha. La mía se marchó a un país y a una religión milenaria. La mía, pues, es otra historia. Y sin embargo asumo que viene de algo similar: de esa manía de querer hurgar en el dolor. De hablar de lo que es incómodo.

Y lo que ronda ahora mi mente como resultado de la escritura – ¿de qué otra cosa? – es cómo hace una que ha escrito cosas tan ligeritas e incoloras para pisar estos terrenos, para abrir estas heridas y lidiar con ellas a puño y letra, Dígame, ¿cómo sea hace para escribir de lo que se escribe?

No, no tengo claro por qué en medio de la noche, en medio de una habitación tibia, en medio de un mes frío, me ha dado por escribirle a usted. He sido, para variar, presa de las palabras. ¿Del instinto?

Le decía. La mía no se llama Matilda pero se parece tanto a ella. A su encierro, a su silencio. Mi personaje vive el encierro y el silencio. No voy a sacarla de ahí. Y es que escribir no es para eso, me va a decir usted, ¿verdad?

UNA TEORÍA MÁS SOBRE EL INSOMNIO DE LOS DOMINGOS

Estoy segura de que lo escribí aquí, si no, lo soñé. Me refiero a mi teoría sobre el insomnio de los domingos. Hoy hablé con otra persona que sufrió ayer el mismo mal. Los síntomas de dicho mal son sencillos pero casi perversos. Uno se va a su camita digamos a las 9-10 de la noche, acomoda su almohada, se tapa, apaga la lámpara y comienza a moverse para acá, para allá, de este lado, del otro. El movimiento se extiende de tal forma que cuando uno menos lo espera son las 11:30 o las 12:45 y el caso es que sin importar lo que haga uno-no-pue-de-dor-mir.

Mi susodicho amigo dice que seguramente las ovejas en vez de brincar para proporcionarle a uno el sueño están haciendo otra cosa. Yo digo que están rascándose la barbilla, viendo el calendario y meditando sobre la terrible emoción que se siente al saber que mañana, MAÑANA, ya es lunes.

Eso es, la clave para comprender el insomnio de los domingos está en el lunes. Lo malo es que yo a los lunes ni los quiero ni los entiendo.

Estoy frita. (Y por supuesto, desvelada).

PAMUK

Sí, es un escritor turco. Pero también es un pez. Un pez azulyrojo. Precioso. Flota en mi casa. No me sonríe ni me habla pero me gusta creer que sí. Que cuando llego a casa y le grito PAAAMUUUUK sonríe y dice, ya llegó la loca esta.