PONER COLOR

Cuando estaba en la Casa de Colores, durante el verano tijuanesco, tuve un rito de iniciación con la pintura. Jenny salió de su habitación armada de brochas, libretas, colores y más colores.

Me puso a pintar.

Antes debo informarles que yo ni siquiera monitos de palito sé hacer. El dibujo nunca se me ha dado. Así se lo hice saber a la dueña pero me ignoró olímpicamente, me dio algo con qué pintar, me puso un pincel en la mano y me acercó los colores.

Hice algo en azul y blanco. Un mar, un cielo o mi alma, no sé. Descubrí que “eso” me gustaba.

Decidí que era algo que tenía que hacer en casa y así, la semana pasada, fui a comprar material. Pedí: un magenta, un naranja y un azul, por favor. ¿Qué tipo de pintura?, me dijo la señorita. Un magenta, un naranja y un azul, por favor. ¿Qué tipo de pintura? insistió. Bestias, yo no tenía idea de que me hablaba. Salí de la atienda con dos frasquitos y dos tubitos, una libreta y dos pinceles.

En casa descubrí que me gustan más los tubitos que los frasquitos. He hecho desde ese día cinco experimentos con texturas, o como yo le digo, poner mucho o poco color en diferentes puntos del papel. Me gusta hacerlo, no importa cómo queden, he descubierto que hacerlo es lo único que logra hacerme olvidar todo, todo. No pienso en nada, flip flip el pincel, flip flip y dejo que los colores se lleven mi mente y me la devuelvan sonriendo.

Ayer llegué a la conclusión de que nunca podría ser pintora (me lo agradecerá mi generación y la que sigue) pero que tampoco esto es un hobby ni una terapia. Es, simplemente, poner color.

PROSA SELECTA


Anoche finalmente pude sentarme en la orilla de mi cama, bajo la lámpara y con un té en mano a leer mi nuevo libro de Alejandra Pizarnik: la prosa selecta. Con Pizarnik me pasa un poco como con la Plath, me pregunto cosas que no tienen respuesta. Leo los primeros relatos y encuentro las huellas de la poeta en una narradora portentosa. Una narradora de pánico. Subrayo unas cuantas líneas y cierro mi libro antes de la página veinte. Busco entre mis papeles el poema ese que Olga Orozco le escribió. No lo encuentro.

Esta mañana, lo encuentro: Homenaje de Olga Orozco, Pavana del Hoy para una infanta difunta que amo y lloro…

Pequeña centinela,
caes una vez más por la ranura de la noche
sin más armas que los ojos abiertos y el terror
contra los invasores insolubles en el papel en blanco.
Ellos eran legión.
Legión encarnizada era su nombre
y se multiplicaban a medida que tú te destejías hasta el último hilván,
arrinconándote contra las telarañas voraces de la nada.

En sus diarios Alejandra Pizarnik constantemente admitía su imposibilidad hacia la narrativa, esa devoradora de tiempo y ganas, se sentía quizás sin más armas que sus ojos, aterrorizada. Tendría sus razones. Yo no las encuentro, una lee su prosa y se aterroriza por lo que hay y lo que no hay en ella. Y de pronto la pequeña centinela que cae en la ranura de la noche, es una, una misma.

CÉDULA PROFESIONAL

Bueno pues heme aquí a los treintaydós años, a seis siglos de haber terminado la tesis y haberme titulado de la licenciatura y a semestre y medio de terminar la maestría,pero infeliz e incompleta porque resulta que no tengo cédula profesional.

Es un trámite que nunca hice porque siempre consideré sólo necesario para los médicos. Pero mi universidad no opina lo mismo así que entrego mi cédula antes del 30 de agosto o me olvido de graduarme.Tengo una semana buscando y encontrando a cuentagotas toda el montón de papeles que me piden . He pasado del enojo leve a la rabia por la falta de uno o de otro, o por las fotos de uno o de otro documento. Me chocan los papeleos. Me choca eso de llegar con un folder lleno de ilusiones a una ventanilla para ser rechazado por una muchacha que mastica futy gom.

Fui a tomarme las fotos tamaño infantil, blanco y negro en fondo mate sin cabello en la frente y la señorita fotógrafa me dijo: ¡con eso va a salir! refiriéndose a mi linda camiseta que llevaba. “No, así no se ve profesional”, le faltó decirme. Volví al siguiente día, vestida de profesional y click.

Hoy se recogen esas fotos.
Hoy fotocopio los otros documentos.
Hoy realizo el pago.
Hoy, probablemente, tenga listo mi folder con todo lo necesario para tramitar mi cédula .

Pero no sé cuándo logre ser una profesional profesional.

MAÑANA

Él Cumple años.
No les diré cuántos.
Tampoco les platicaré cómo y dónde celebraremos.
Pero puedo decirles que le regalaré algo warholiano y que seguramente sus comentarios al respecto pasarán a la posteridad.

EXTRAÑO (la Libertad)

Oficialmente extraño:

1. Los desayunos del Tambor y su café.
2. Trabajar y no limpiar el hogar del Pato.
3. Todo el Omar.
4. La carrilla, el cariño y el mitote con Tere.
5. Los colores en la casa, en las palabras y en la ropa de Jenny.
6. Las flautas con cueritos.
7. Y caminar, caminar en la Libertad.

Me doy cuenta porque.

1. Desayuno y nada sabe igual.
2. Mi escritorio no tiene las fotos, los discos y la buena vibra.
3. No tengo los abrazos las palabras y las bromas perfectas.
4. No tengo hermana.
6. Mi casa y mis palabras no son coloridas. Y uso blanco, negro, café y gris demasiado frecuentemente.
7. No hay flautas, así.
8. Camino en una pista donde nada ocurre.

CHEF PAOLO

La compañía Wonder tuvo una gran idea: sacó al mercado una bolsita con tres bases horneadas para pizza con sus respectivas salsitas italianas. Compré un paquete la semana pasada para sorprender al de siete. Resultado: Felicidad completa. El hijo fue de lo más feliz preparando su propia pizza. Picó el jamón, ralló el queso, le puso la salsa. Mientras lo hacía cantaba: la donna e mobileee, la donna e mobileee (que es lo único que se sabe en italiano).

Antier compramos otros dos paquetes pues el pequeño quería preparar pizzas para todo mundo. Así, en medio de la salsa y el queso, con una latita de champiñones frente a él a eso de las ocho treinta de la noche del miércoles, llegó a la conclusión de que cuando esté preparando pizzas nadie puede llamarlo por su nombre, todos deberán referirse a él como Chef Paolo.

Así, Chef Paolo ha iniciado su ciclo de arte culinario. Quiero ver cuánto le dura pues el ciclo científico le duró cuando mucho tres semanas.

NO SABÍA (y me sorprende)

No sabía yo que mi hermana, de la que escribo todo el tiempo, conocía a Cristina Peri Rossi. Tampoco sabía que mi hermana, a la que pienso todo el tiempo, le murmuraba al oído para hacer que la Peri Rossi me escribiera a mí y me dijera:

Te he cedido por una vez
el papel y el lápiz
la voz que narra
la crónica que fija contra la muerte
la nostalgia de lo vivido.
Y me va bien el cambio
te aseguro.
Quiero contemplar
quiero ser testigo
quiero mirarme vivir
te cedo gustosamente la responsabilidad
como un escriba
ocupa mi lugar
goza si puedes con el relevo
serás mi descendencia
mi alternativa.
La que vivió para contarlo.

No sabía. Y me sorprende.

NUNCA (y siempre)

A veces creo que escribo de todos y para todos, nunca de ti y para ti. Me decía que no importaba pues a fin de cuentas sabes lo que pienso de ti y para ti. Pero tal vez no deba dar nada por hecho y siempre debería encontrar una forma de hablar de ti y para ti. Pero ¿qué puedo decir que no se haya dicho ya? He decidido entonces que hoy Eileen Myles hable por mí.

I want to lean
my everything
with you
make home for your hubris
I want to read the words you circled over and over again

Eso quiero, ¿sabes?, eso.

ELENI WONDERS (deeply)

To repeat an unrepeated answer/ trying to respond/ to the question:/ Why should I make a movie about/ Jon?/

Because some humans/ will go/ and what will be/ left of them?/ (pause.)/ No./ Because/ I love/ him,/ (Jon)./

The book of Jon de Eleni Sikelianos