EL CABELLO DE ALEJANDRO (larga admiracion)

Alejandro es mi hermano mayor.

Nació en 1962, 11 agnos antes que yo.

Es cancer.

Tiene un bello y redondo lunar oscuro en su mejilla… ¿izquierda?

Tiene ojos zéleny y nariz aguilar, ¿o es al revés?

Es comunicoantropofotogramusipoeta.

Trabaja en un castillo, dice su hijo.

Y tiene el cabello largo. Larguísimo. Desde que recuerdo lo tiene largo. Desde que recuerdo la gente lo mira. Desde que recuerdo niños y grandes abren sus ojos más de lo normal para observarlo. Desde que recuerdo mis amigos siempre me han preguntado con cara de Wow: ¿qué onda con tu hermano? ¿por qué tiene el cabello largo?

Los niños lo admiran.

Los hombres lo miran sintiendo “algo parecido a la envidia”. Como si Alejandro, no sé… como si él sí.

Mi hermano, tiene algo que ninguno de nosotros tenemos. Algo suave, algo más admirable que su cabello.

Aunque no sé exactamente qué es.

HISTORIA DE MI VIDA PRIVADA (compras en la papeleria y reflexion en un chevy) (otro post sin acentos)

“Es que simplemente cuando leo necesito subrayar, hacer mis anotaciones, hacer el texto mi­o…”

No se como he compartido esta mi mania con la muchacha que me atiende en la papeleri­a. Quiza me siento apenada de tenerla fotocopiando mas de 60 paginas del enorme quinto volumen de Historia de la Vida Privada, y quiero explicarle que tengo razones (de peso para mi) para hacerlo. Ella sonri­e, como si hubiera comprendido, como si ella tambien alguna vez hubiera tenido necesidad de hacer algo suyo. Dudo que subraye algo en la revista TV Notas que estaba leyendo antes de que yo entrara y que dejo a un lado de la caja registradora. Dudo que subraye algo en el cuaderno de ingresos y egresos que descansa del otro lado del telefono.

Pero.

Seguramente ha subrayado algo en su vida para hacerlo suyo.

Seguramente ha querido hacer suyo un cuaderno y puso su nombre en todas partes.

Seguramente escribe el nombre de su novio (Pepe o Luis) en cualquier esquinita de papel para hacerlo suyo.

Y me entiende.

Su gesto es otro, continua sacando mis fotocopias y me dice: “Que gruesa la portada, que fino el papel! Es como de libro viejo, es muy viejo?” Detiene su labor para observarlo detenidamente, la observo tocar la textura del forro. Le digo que no, que cuando mucho es de los 90’s… y como si creyera que así lo resuelvo todo le digo: “Es un libro de Historia”. “Ahhh!”, me responde asintiendo como si asi­ se le resolviera todo el misterio.

Pense que todo quedari­a alli­, haci­a mentalmente mi lista de pendientes:

a) comprar papel contact para forrar el libro de ingles de juanantonio

b) comprar un marcatextos amarillo (los otros colores me dan risa)

c) ir a la tienda natu…

“Para que lo esta leyendo? esta suave? por que dice campus guadalajara?”

Me sorprendo y la sorprendo. Le platico de la vida privada y publica de los franceses, le platico de mi deseo de escribir sobre eso para una tarea, de la necesidad de pedirlo a guadalajara pues es un libro imposible de encontrar aqui­… y de pronto ella y yo estamos observando las fotos del libro, le explico un poco sobre las esculturas de Segal, de los contrastes entre las salas de una familia de clase alta y las puertas abiertas de una familia de clase baja.

Ella sonrÃie recargada en la fotocopiadora. Luego pega un brinco y me dice “aay, tus copias”. Nos rei­mos. Ella sigue con lo suyo y yo busco mi marcatextos pensando en las pocas oportunidades que a veces tengo de compartir mi vida privada. Quisiera preguntarle a ella, que hace cuando no esta aqui­ atendiendo al publico, como atiende su vida privada… como hace su vida suya…

Le pago, le doy las gracias y nos despedimos amablemente.

Me subo al carro.

Escucho absolution, de Muse. Quiero guardar este momento, subrayarlo, hacerlo mi­o. Escribo anotaciones al margen, mi percepcion de lo que acaba de ocurrir, de lo que se me acaba de ocurrir.

A veces pienso que estoy mas sensible a las historias que a la historia… y no se que hago estudiando historia y a la vez me pregunto por que no estudie antes historia.

Es la historia de mi vida.

Y no es privada.

LAS MUJERES SON EXTRATERRESTRES (dicen los hombres menores de 6 agnos)(blog sin acentos ni tildes)

La hermana de M tiene una interesante teoria. Los papas le dicen a las mamas voy a llevar a los ninos al McDonalds mientras tu trabajas-descansas-loquesea. Las mamas, felices y orgullosas por tan bello gesto. Los papis, sonrien maliciosamente pues su unico objetivo no es que los ninos se divierten o que las madres se desagobien. No. Su objetivo: observar el amplio menu de traseros de las mamis que van a desempolvar el aburrimiento de sus hijos a ese mismo lugar.

Pienso en eso y me da risa. Hombres y Mujeres, que lio.

Y mientras medito sobre esa y otras teorias escucho a la gente menuda que yo he llevado a divertir: Tu corre por alli y espialas, yo me quedo aqui, cuidando la base, pero ten cuidado son extraterrestres. Es Geronimo dando instrucciones a Juanantonio, que obedece de inmediato. Estos dos hombres con quienes convivo casi a diario son tan infantiles.

El duo dinamico se ha partido en dos, acechan cada uno desde su esquina y no lo soporto mas, le pregunto a quien considero el jefe de la mision: quienes son extraterrestres?, este flaquito muestra sus palmas y me dice nodeando la cabeza: aaay tia, pues las mujeres… con un tono de obviedad que me hace sentir que he preguntado de que color tiene el pelo ronald (mcdonald). Me sonrojo un poco mientras el se agazapa tras un arbol de plastico.

Me quedo sentadita en mi mesa. Leyeron las mujeres son de venus y los hombres son de marte o que? ?Hay edicion infantil o que? Como es que los ninos…? tan pronto se separan los mundos de ninos y ninas? Juanantonio interrumpe mis cuestionamientos, viene por refuerzos, un traguito de soda y un beso de mam?. No lo soporto m?s y le pregunto: tambien yo soy extraterrestre? a lo que responde: aaay mama, solo es un juevo (sic).

Ohhh

Es un juevo (sic) solo un juevo (sic)… Nada de que peocuparse (sic). Por el momento estos ninos no se interesan en verle el trasero a nadie, quiza en todo caso en dispararle con sus drayos (sic) laser ficticios a los traseros de las ninas…

Solo eso.

Pod ahoda (sic).

LAS MUJERES SON EXTRATERRESTRES (dicen los hombres menores de 6 años)

La hermana de M tiene una interesante teoría. Los papás le dicen a las mamás voy a llevar a los niños al McDonalds mientras tu trabajas-descansas-loquesea. Las mamás, felices y orgullosas por tan bello gesto. Los papás, sonríen maliciosamente pues su único objetivo no es que los niños se divierten o que las madres se desagobien. No. Su objetivo: observar el amplio menú de traseros de las mamás que van a desempolvar el aburrimiento de sus hijos a ese mismo lugar.

Pienso en eso y me da risa. Hombres y Mujeres, qué lío.

Y mientras medito sobre esa y otras teorías escucho a la gente menuda que yo he llevado a divertir: Tú corre por allá y espíalas, yo me quedo aquí, cuidando la base, pero ten cuidado son extraterrestres. Es Gerónimo dando instrucciones a Juanantonio, que obedece de inmediato.

El dúo dinámico se ha partido en dos, acechan cada uno desde su esquina y no lo soporto más, le pregunto a quien considero el jefe de la misión: ¿quiénes son extraterrestres?, este flaquito muestra sus palmas y me dice nodeando la cabeza: aaay tía, pues las mujeres… con un tono de obviedad que me hace sentir que he preguntado de qué color tiene el pelo ronald (mcdonald). Me sonrojo un poco mientras él se agazapa tras un árbol de plástico.

Me quedo sentadita en mi mesa. ¿Leyeron las mujeres son de venus y los hombres son de marte o qué? ¿Hay edición infantil o qué? ¿Cómo es que los niños…? los niños, las niñas, ¡tan pronto se separan los mundos? Juanantonio interrumpe mis cuestionamientos, viene por refuerzos, un traguito de soda y un beso de mamá. No lo soporto más y le pregunto: ¿también yo soy extraterrestre? a lo que responde: aaay mamá, sólo es un juevo (sic).

Ohhh

Es un juevo (sic) sólo un juevo (sic)… Nada de qué peocuparse (sic). Por el momento estos niños no se interesan en verle el trasero a nadie, quizá en todo caso en dispararle con sus drayos (sic) láser ficticios a los traseros de las niñas…

Sólo eso.

Por el momento.

Pod ahoda (sic).

MORE THAN THIS (un modo de saberlo)

Maybe I’m learning

Why the sea on the tide

Has no way of turning


Brian Ferry

Hay momentos en que uno sabe que no hay forma de saber. No la hay. Parece que no la hay.

Me miro en el espejo. Observo mi rostro. Para saber. Encuentro que mi ojoceja derecho está un poco más abajo que el ojoceja izquierdo. No, no soy un adefesio, es algo casi imperceptible. Yo lo veo. Yo lo sé. Tengo semanas tomando fotos de mi rostro. Comienza a gustarme. No es que sea bello, es que… es mío. Yo lo sé.

Cierro los ojos y repito mi nombre. No Sylvia. Sino: Sylvia Faviola Aguilar Zéleny. Sí, mi segundo nombre es Faviola. Pocos lo saben. Poco lo digo. No me gustaba. Y de pronto, ya no me duele la panza cuando lo menciono.

Quizá es que esté aprendiendo, como dice Brian. Quizá es que estoy entendiendo por qué sylviafaviola adentro de sylviafaviola has no way of turning.

Y me siento tranquila casifeliz.

Soy algo más.

PORQUE SÍ

Mi amiga Abril se cambió de casa. Se cansó de las cuatro paredes de su blog y habita ahora en otras cuatro paredes de otro blog.

Le preguntan ¿por qué? y dice porque sí.

¿Porque sí?

Interesante respuesta. Vale meditarla: ¡porque sí! ¿por qué no podemos siempresiempre contestar eso?

¿por qué hiciste eso? porque sí

¿por qué no hiciste eso? porque sí

¿porque eres así?

¡PORQUE SÍ!, ¡¡PORQUE SÍ…!!

NATALIA Y LAS BELLOTAS (memoria de un viaje)

Éramos cinco mujeres en un carro color plata. Cruzaríamos la línea que divide a Sonora de Arizona, que divide al VH del Target, al Café Combate del Folger´s. Aquellas dos en los asientos de adelante iban de lo más cómodas. Las tres que íbamos atrás éramos los tatuajes de la una, de la otra y de la otra. Apretaditas apretaditas.

Vimos Santa Anna, Magdalena, Imuris, Nogales y Tucsón a través de las ventanillas. Tomamos café, tomamos notas. Visitamos Malls, visitamos malls (gastar era un lujo). Comimos, dormimos.

De vuelta a casa.

Y mientras tres hablaban de jefes, aguinaldos, novios y maquillaje. Natalia y yo hablábamos del mundo, de la magia, del destino, de las casualidades que no son casualidades y de todo ese montón de cosas que a veces nos separan del montón de cosas. Sonrientes. Entonces comenzó.

Los pistaches, los cheetos y la coca-cola de vainilla no podían separar a Natalia de su ENORME deseo de bellotas.

Bellotas, bellotas, bellotas.

Natalia quería bellotas.

Bellotas, bellotas, bellotas.

Parecía el coro de una canción infantil. Y a mí ya me parecía necedad. Y a mí ya me parecía absurdo. ¿Bellotas? Es más fácil abrir un pistache que una bellota, y tan pequeñitas y tan amargas y tan… Su respuesta: Quiero bellotas, bellotas, bellotas.

Entrando a Magdalena, niños y niñas ofrecen bolsas de bellotas a quien se deje (antes y después del tope). Natalia pasa por encima de mí con un billete, saca su mano por la ventana. Rápido intercambio de dinero por bellotas.

Ahhh, bellotas, bellotas, bellotas.

Se come una. Se come dos. Se come tres.

Nadie le pide. A nadie le ofrece.

Me pregunto si yo he estado equivocada todo este tiempo y ese recuerdo de las bellotas como una semilla pequeña y amarga es el resultado de una bellota que casualmente estaba amarga.

¿Me das una?

Ptt ptt ptt. Las bellotas son amargas. No entiendo, le digo, nomás no entiendo por qué te gustan las bellotas.

Y la magia de la memoria nos envuelve.

Natalia comparte un recuerdo de infancia que involucra estar sentada en la rama de un árbol comiendo bellotas y gozando del paisaje. Disfrutando su infancia, su árbol y sus bellotas. Natalia saca de esa semilla (pequeña y amarga) un instante pleno de vida, grande y dulce.

Bellotas, bellotas, bellotas.

WHERE IN THE WORLD (do you write, sylvia?)

El lugar donde escribo no es una maravillosa habitación con cuadros de Remedios Varo o de Leonora Carrington. Tampoco tiene libreros de cedro que van del piso al techo en tres de mis paredes. Mi escritorio no es de madera ni amplio, ni cómodo. No estoy frente a un gran ventanal que me ofrece la vista de un jardín con nomeolvides.

No.

Si me preguntan donde escribo, digo la verdad. Escribo en una computadora que es más lenta que yo. Escribo sobre un escritorio de metal al que le faltan partes. Tan, pero tan, angosto que apenas caben el teclado, la lámpara, el teléfono, el mouse, un libro o un cuaderno, un lapiz, un vaso y mis manos. Somos demasiados habitantes aquí. Nos empujamos, defendemos nuestro sitio a capa y espada.

La ventana no es grande y no está frente a mí sino a un costado, casi a mis espaldas. Me gusta asomarme de vez en cuando aunque la vista nunca ha cambiado, si acaso el niño que a veces juega del otro lado ha crecido unos cuantos centímetros desde el mes pasado. Tengo una lámpara vieja que me ilumina de vez en cuando y se empolva con frecuencia. Hay un teléfono que detesto porque ocupa mucho espacio y suena todo el día.

Y siempre hay cosas que no pertenecen aquí.

No es el lugar más cómodo de esta casa, está situado en la sala comunitaria de T.V. donde, of course, todo mundo despliega su conchudez y se posesiona del control remoto y sube el volumen como si fuera lo único que hacer con su dedo índice.

Gracias a Dios existen los audífonos. Con ellos logro abstraerme del espacio doméstico. Claro que por eso, lo mío, mis historias, mis blogs, mis correos, mis cariños, sólo caben de noche. Cuando el silencio reina, cuando nadie viene a preguntarme qué vamos a cenar o si ya pagué el agua o la luz, a qué horas vengo mañana, si ya comí algo, si estoy segura que ya comí algo porque no me vieron comer y con tanto trabajo… (mis hábitos alimenticios son la preocupación general de este hogar).

Este es mi lugar en el mundo. Nada fashion. Nada cool. Ni mío por completo. Pero desde aquí escribo, bien o mal, pero escribo.

LA CIUDAD DEL SOL (presa de los coqueteos climatológicos)

Le dicen la Ciudad del Sol. Lindo modo de llamar a un lugar donde siempre hace un pinche calorón. Lindo modo de llamar a un lugar donde odias a todo, todo, el que (o lo que) se te ponga enfrente entre las 12 y las 5 de la tarde.

Es una ciudad ombligo. Enmedio del estado. Entre el mar y la frontera, entre el mar y la montaña, entre azul y buenas días. No sé si es la playa, la frontera, el azul, los buenos días o el ombligo, pero todo mundo, todo, quiere estar aquí:virus de meningitis o conjuntivitis, gringos, defeños, oaxaqueños, panameños, cubanos, chicanos, huracanes, tormentas; tormentas que se convierten en huracanes o huracanes que se convierten en tormentas.

Y la Ciudad del Sol se pone nerviosa.

Porque la visitan, de muy mal modo, huracanes y tormentas que quieren llevarse el verano que nomás no quiere irse (no entiende que las visitas a los tres meses nos apestan). Y el verano se aferra, clava sus uñitas en los límites de la ciudad y no se va, no se va.

No se quiere ir.

Qué difícil es entender el amor que siente por nosotros ese sol y ese calor suyo que abraza y broncea nuestros brazos, rostros y piernas cada día. Qué difícil es comprender su abrazo cálido, cálido, cálido.

Me doy cuenta de que cuando no sabemos amar o recibir amor lo más fácil es mentar la madre. Y así, igualito, le mentamos la madre al calor cada que podemos. Aunque él nos ame. Pero ya se va, no quiere pero se va, lo sé, lo sabemos, por las nubes grises que decoran el cielo desde ayer.

El verano se marcha y el otoño, el bello otoño aparece. ¿Qué tan claras son las estaciones en las otras ciudades? Aquí, se dice que sólo hay de dos sopas: inverno y verano, pero exageran, el otoño es tan bello como la primavera, aún cuando duren tan poco.

Pero nada como el amor del verano, fiel, constante, cálido.

LIFE’S FILTHY LESSON (nobody says hi)

Yo no sé qué %$#/ trabajo le cuesta a la gente ser amable.No lo entiendo, nomás no. Le cedes el paso a alguien: silencio. Recoges un tomate que se le cayó a una doña: silencio. Le haces un favor a tu vecino: silencio. Le entregas un reporte a tu jefe: silencio. Le dices buenos días a los papás de los otros niños del kinder: silencio.

Miren, no pido tanto, ni siquiera se trata de leer el prólogo del Manual de Carreño. Tan sólo decir gracias, de nada, con permiso, buenosdíasbuenastardesbuenasnoches, disculpe o cualquier otra palabrita por el estilo que puede hacerlo sentir bien a uno.

Me acuerdo cuando en la escuela me decían que si civilización y barbarie y las hilachas… HI LA CHAS, la barbarie no se ha ido, está aquí, habita junto a nosotros, se pasa los semáforos, te gana los lugares en los estacionamientos, se tropieza contigo y hasta se enoja, está en todospinchislados, everywhere my dears.

Pero en mi corazoncito hay una esperanza, por pequeña que esta sea, de que un buen día alguien se tomará la molestia de saludarme, de decirme con permiso, de decirme gracias, de argumentar disculpe fue sin querer o cualquier otra palabrita por el estilo que puede hacerlo sentir bien a uno cuando uno tiene ganas de sentirse bien.

Si ni cuesta tanto.

No es un trabajo sucio ni nada por el estilo.

Es sólo seguir ese instinto civilizado que se supone que los humanos sí tenemos y los orangutanes no.

La gente me dice, qué lindo tu hijo que siempre dice gracias y pide las cosas por favor, mi hijo se ha convertido en una especie extraña que aunque no sabe quién fue Carreño -y mucho menos qué es un manual- ha aprendido lo básico para moverse por el mundo civilizado, o lo que queda de él. Sí, es más fácil educar a un niño que a un adulto que en vez de decir hola dice ugh ugh.

Chale.

Ya nadie dice hola.