MORE THAN THIS (un modo de saberlo)

Maybe I’m learning

Why the sea on the tide

Has no way of turning


Brian Ferry

Hay momentos en que uno sabe que no hay forma de saber. No la hay. Parece que no la hay.

Me miro en el espejo. Observo mi rostro. Para saber. Encuentro que mi ojoceja derecho está un poco más abajo que el ojoceja izquierdo. No, no soy un adefesio, es algo casi imperceptible. Yo lo veo. Yo lo sé. Tengo semanas tomando fotos de mi rostro. Comienza a gustarme. No es que sea bello, es que… es mío. Yo lo sé.

Cierro los ojos y repito mi nombre. No Sylvia. Sino: Sylvia Faviola Aguilar Zéleny. Sí, mi segundo nombre es Faviola. Pocos lo saben. Poco lo digo. No me gustaba. Y de pronto, ya no me duele la panza cuando lo menciono.

Quizá es que esté aprendiendo, como dice Brian. Quizá es que estoy entendiendo por qué sylviafaviola adentro de sylviafaviola has no way of turning.

Y me siento tranquila casifeliz.

Soy algo más.

PORQUE SÍ

Mi amiga Abril se cambió de casa. Se cansó de las cuatro paredes de su blog y habita ahora en otras cuatro paredes de otro blog.

Le preguntan ¿por qué? y dice porque sí.

¿Porque sí?

Interesante respuesta. Vale meditarla: ¡porque sí! ¿por qué no podemos siempresiempre contestar eso?

¿por qué hiciste eso? porque sí

¿por qué no hiciste eso? porque sí

¿porque eres así?

¡PORQUE SÍ!, ¡¡PORQUE SÍ…!!

NATALIA Y LAS BELLOTAS (memoria de un viaje)

Éramos cinco mujeres en un carro color plata. Cruzaríamos la línea que divide a Sonora de Arizona, que divide al VH del Target, al Café Combate del Folger´s. Aquellas dos en los asientos de adelante iban de lo más cómodas. Las tres que íbamos atrás éramos los tatuajes de la una, de la otra y de la otra. Apretaditas apretaditas.

Vimos Santa Anna, Magdalena, Imuris, Nogales y Tucsón a través de las ventanillas. Tomamos café, tomamos notas. Visitamos Malls, visitamos malls (gastar era un lujo). Comimos, dormimos.

De vuelta a casa.

Y mientras tres hablaban de jefes, aguinaldos, novios y maquillaje. Natalia y yo hablábamos del mundo, de la magia, del destino, de las casualidades que no son casualidades y de todo ese montón de cosas que a veces nos separan del montón de cosas. Sonrientes. Entonces comenzó.

Los pistaches, los cheetos y la coca-cola de vainilla no podían separar a Natalia de su ENORME deseo de bellotas.

Bellotas, bellotas, bellotas.

Natalia quería bellotas.

Bellotas, bellotas, bellotas.

Parecía el coro de una canción infantil. Y a mí ya me parecía necedad. Y a mí ya me parecía absurdo. ¿Bellotas? Es más fácil abrir un pistache que una bellota, y tan pequeñitas y tan amargas y tan… Su respuesta: Quiero bellotas, bellotas, bellotas.

Entrando a Magdalena, niños y niñas ofrecen bolsas de bellotas a quien se deje (antes y después del tope). Natalia pasa por encima de mí con un billete, saca su mano por la ventana. Rápido intercambio de dinero por bellotas.

Ahhh, bellotas, bellotas, bellotas.

Se come una. Se come dos. Se come tres.

Nadie le pide. A nadie le ofrece.

Me pregunto si yo he estado equivocada todo este tiempo y ese recuerdo de las bellotas como una semilla pequeña y amarga es el resultado de una bellota que casualmente estaba amarga.

¿Me das una?

Ptt ptt ptt. Las bellotas son amargas. No entiendo, le digo, nomás no entiendo por qué te gustan las bellotas.

Y la magia de la memoria nos envuelve.

Natalia comparte un recuerdo de infancia que involucra estar sentada en la rama de un árbol comiendo bellotas y gozando del paisaje. Disfrutando su infancia, su árbol y sus bellotas. Natalia saca de esa semilla (pequeña y amarga) un instante pleno de vida, grande y dulce.

Bellotas, bellotas, bellotas.

WHERE IN THE WORLD (do you write, sylvia?)

El lugar donde escribo no es una maravillosa habitación con cuadros de Remedios Varo o de Leonora Carrington. Tampoco tiene libreros de cedro que van del piso al techo en tres de mis paredes. Mi escritorio no es de madera ni amplio, ni cómodo. No estoy frente a un gran ventanal que me ofrece la vista de un jardín con nomeolvides.

No.

Si me preguntan donde escribo, digo la verdad. Escribo en una computadora que es más lenta que yo. Escribo sobre un escritorio de metal al que le faltan partes. Tan, pero tan, angosto que apenas caben el teclado, la lámpara, el teléfono, el mouse, un libro o un cuaderno, un lapiz, un vaso y mis manos. Somos demasiados habitantes aquí. Nos empujamos, defendemos nuestro sitio a capa y espada.

La ventana no es grande y no está frente a mí sino a un costado, casi a mis espaldas. Me gusta asomarme de vez en cuando aunque la vista nunca ha cambiado, si acaso el niño que a veces juega del otro lado ha crecido unos cuantos centímetros desde el mes pasado. Tengo una lámpara vieja que me ilumina de vez en cuando y se empolva con frecuencia. Hay un teléfono que detesto porque ocupa mucho espacio y suena todo el día.

Y siempre hay cosas que no pertenecen aquí.

No es el lugar más cómodo de esta casa, está situado en la sala comunitaria de T.V. donde, of course, todo mundo despliega su conchudez y se posesiona del control remoto y sube el volumen como si fuera lo único que hacer con su dedo índice.

Gracias a Dios existen los audífonos. Con ellos logro abstraerme del espacio doméstico. Claro que por eso, lo mío, mis historias, mis blogs, mis correos, mis cariños, sólo caben de noche. Cuando el silencio reina, cuando nadie viene a preguntarme qué vamos a cenar o si ya pagué el agua o la luz, a qué horas vengo mañana, si ya comí algo, si estoy segura que ya comí algo porque no me vieron comer y con tanto trabajo… (mis hábitos alimenticios son la preocupación general de este hogar).

Este es mi lugar en el mundo. Nada fashion. Nada cool. Ni mío por completo. Pero desde aquí escribo, bien o mal, pero escribo.

LA CIUDAD DEL SOL (presa de los coqueteos climatológicos)

Le dicen la Ciudad del Sol. Lindo modo de llamar a un lugar donde siempre hace un pinche calorón. Lindo modo de llamar a un lugar donde odias a todo, todo, el que (o lo que) se te ponga enfrente entre las 12 y las 5 de la tarde.

Es una ciudad ombligo. Enmedio del estado. Entre el mar y la frontera, entre el mar y la montaña, entre azul y buenas días. No sé si es la playa, la frontera, el azul, los buenos días o el ombligo, pero todo mundo, todo, quiere estar aquí:virus de meningitis o conjuntivitis, gringos, defeños, oaxaqueños, panameños, cubanos, chicanos, huracanes, tormentas; tormentas que se convierten en huracanes o huracanes que se convierten en tormentas.

Y la Ciudad del Sol se pone nerviosa.

Porque la visitan, de muy mal modo, huracanes y tormentas que quieren llevarse el verano que nomás no quiere irse (no entiende que las visitas a los tres meses nos apestan). Y el verano se aferra, clava sus uñitas en los límites de la ciudad y no se va, no se va.

No se quiere ir.

Qué difícil es entender el amor que siente por nosotros ese sol y ese calor suyo que abraza y broncea nuestros brazos, rostros y piernas cada día. Qué difícil es comprender su abrazo cálido, cálido, cálido.

Me doy cuenta de que cuando no sabemos amar o recibir amor lo más fácil es mentar la madre. Y así, igualito, le mentamos la madre al calor cada que podemos. Aunque él nos ame. Pero ya se va, no quiere pero se va, lo sé, lo sabemos, por las nubes grises que decoran el cielo desde ayer.

El verano se marcha y el otoño, el bello otoño aparece. ¿Qué tan claras son las estaciones en las otras ciudades? Aquí, se dice que sólo hay de dos sopas: inverno y verano, pero exageran, el otoño es tan bello como la primavera, aún cuando duren tan poco.

Pero nada como el amor del verano, fiel, constante, cálido.

LIFE’S FILTHY LESSON (nobody says hi)

Yo no sé qué %$#/ trabajo le cuesta a la gente ser amable.No lo entiendo, nomás no. Le cedes el paso a alguien: silencio. Recoges un tomate que se le cayó a una doña: silencio. Le haces un favor a tu vecino: silencio. Le entregas un reporte a tu jefe: silencio. Le dices buenos días a los papás de los otros niños del kinder: silencio.

Miren, no pido tanto, ni siquiera se trata de leer el prólogo del Manual de Carreño. Tan sólo decir gracias, de nada, con permiso, buenosdíasbuenastardesbuenasnoches, disculpe o cualquier otra palabrita por el estilo que puede hacerlo sentir bien a uno.

Me acuerdo cuando en la escuela me decían que si civilización y barbarie y las hilachas… HI LA CHAS, la barbarie no se ha ido, está aquí, habita junto a nosotros, se pasa los semáforos, te gana los lugares en los estacionamientos, se tropieza contigo y hasta se enoja, está en todospinchislados, everywhere my dears.

Pero en mi corazoncito hay una esperanza, por pequeña que esta sea, de que un buen día alguien se tomará la molestia de saludarme, de decirme con permiso, de decirme gracias, de argumentar disculpe fue sin querer o cualquier otra palabrita por el estilo que puede hacerlo sentir bien a uno cuando uno tiene ganas de sentirse bien.

Si ni cuesta tanto.

No es un trabajo sucio ni nada por el estilo.

Es sólo seguir ese instinto civilizado que se supone que los humanos sí tenemos y los orangutanes no.

La gente me dice, qué lindo tu hijo que siempre dice gracias y pide las cosas por favor, mi hijo se ha convertido en una especie extraña que aunque no sabe quién fue Carreño -y mucho menos qué es un manual- ha aprendido lo básico para moverse por el mundo civilizado, o lo que queda de él. Sí, es más fácil educar a un niño que a un adulto que en vez de decir hola dice ugh ugh.

Chale.

Ya nadie dice hola.

OVER THE RAINBOW (o la significación tutty-frutty)

Somewhere over the rainbow

Way up high

There’s a land that I heard of

Once in a lullaby

Si sabes inglés, entenderás que esta rolita dice que allá, más allá del arcoiris, muy arriba, hay una tierra de la que has escuchado hablar en canciones de cuna.

Si sabes de cine, te acordarás que esta rolita pertenece a la película el Mago de Oz, que se trataba de una niña llamada Dorothy que voló y voló a manos de un tornado hasta caer encima de una bruja, la bruja mala del… etc.,etc.

Bueno, pues he aquí que un día alguien me regaló un disco donde viene esta canción, cantada por una maravillosa voz masculina, de una manera muuuy lejana a la versión de Judy Garland (que también es linda), y que cuenta con la simpática intervención de un ukelele, dándole un toque especial. Hoy la estaba escuchando y se me antojó sentarme en la compu a buscar la letra entera, imprimirla y cantarla en el Karaoke de mi casa, que es particular.

Me siento en la compu, entro a Yahoo (sí, uso Yahoo) y tecleo: o-ver-the-rain-bow, click en search. Gran, así: GRAN, sorpresa, se despliega ante mí un arcoiris de instituciones y empresas tan distintas unas de otras (y todo por no poner o-ver-the-rain-bow-ly-rics, click en search).

Over the rainbow es el nombre de:

-Sexo shops

-Revistas gay

-Comunidades gay

-Guarderías

-Tiendas de animales

Orfanatos, clínicas de aborto, asilos, tiendas de globos, tiendas de ropa para muñecas y niñas, asociaciones de apoyo para discapacitados, teatros, en fin… y sólo revisé 20 sitios de 1410 que existen:

¡milcuatrocientosdiez!

¿Será porque:

Somewhere over the rainbow

Skies are blue

And the dreams that you dare to dream

Really do come true
?

¿Será porque todos un buen día pedimos un deseo a una estrella, despertamos y las nubes están lejos, donde los problemas se derriten como gotas de limón?

¿Será porque si los pequeños y felices pájaros azules pueden volar atrás del arcoiris, por qué, por qué no puedo yo también?

No-lo-sé.

Sólo sé que Judy Garland, el Mago de Oz, o ese lugar detrás del arcoiris nos hace:

– aceptar ser lo que somos

– desear conocer a otros que son como somos

– querer llevar al perro a la tienda a comprarle un collar

– añorar un asilo para la abuelita (necia, supongo)

– ansiar una guardería para el hijo (latoso, supongo)

– comprar ropa, globos, muñecas, ir al teatro, apoyar a los discapacitados,

– etc., etc., etc.

Como sea:

Es una rolita inspiradora, as you can see:

Somewhere over the rainbow

Way up high

There’s a land that I heard of

Once in a lullaby

Somewhere over the rainbow

Skies are blue

And the dreams that you dare to dream

Really do come true

Some day I’ll wish upon a star

And wake up where the clouds are far behind me

Where troubles melt like lemondrops

Away above the chimney tops

That’s where you’ll find me

Somewhere over the rainbow

Bluebirds fly

Birds fly over the rainbow

Why then, oh why can’t I?

Some day I’ll wish upon a star

And wake up where the clouds are far behind me

Where troubles melt like lemondrops

Away above the chimney tops

That’s where you’ll find me

Somewhere over the rainbow

Bluebirds fly

Birds fly over the rainbow

Why then, oh why can’t I?

If happy little bluebirds fly

Beyond the rainbow

Why, oh why can’t I?

¿o no?

EL MAESTRO DEL TERROR (a four year old terror freak)

¿Te gustan las almendras?, le pregunto mientras comemos nieve en nuestro lugar favorito. No, contesta seguro, me gusta el terror. Pero ¿qué tiene que ver el terror con…? Es inútil que lo cuestione, que insista. Todos los caminos lo llevan al terror.

Me ha prohibido decir bonito.

A mí me gusta el terror, mamá, compréndeme… quizá deba ser más precisa y onomatopéyica: A mi me gusta el tedrror, mamá. No sabe quien es Bela Lugossi o Vincent Price, tampoco ha oído hablar de Stephen King o de Anne Rice. No. Y sin embargo insiste que él es del terror (me pregunto si eso es tanto como si me dijera que es rockero o punk).

El terror, tedrror, de su mundo se resume a unas cuantas cosas, caras feas, lunas llenas, lobos aullando, manos peludas, gritos espeluznantes. Y aunque me parece muy rara su inclinación, es suya, sólo suya y admiro cómo va definiendo sus gustos. Lo admiro.

Sin embargo, no me gusta, para nada, que insista en enbromarme con esa araña de plástico que tiene en su bolsillo.

LA SUMA DE TODOS MIS MIEDOS (más allá de las arañas)

1.Arañas, todo tipo de ellas (patudas, peludas, pequeñas, negras, etc.)

2.Gatos de malhumor (razones un tanto obvias, no?)

3.Todo tipo de quemaduras (la crema de la campana es un mito).

4.No a la soledad, sino a no saber qué hacer con la soledad.

5.Que digan que soy una histérica-obsesiva-disfuncional (que lo piensen es otra cosa).

THE TEST IS OVER (Oh, to fight is to defend!)

A veces, cuando voy a la cama después de un largo y ajetreado día, tengo ganas de acomodar mi cabeza sobre la almohada y que una robótica voz me diga The test is over. Me daría cuenta, entonces, que todo lo que viví fue parte de una prueba, sólo una prueba. Miren ya no importaría tanto haberla pasado o haberla tronadísimo, porque ésta habría terminado. Y los sentimientos, frustraciones, mentadas de madre, corajes serían ya cosillas superfluas que no se van a repetir.

Sí.

La vida, no sería entonces una red compleja de pasiones, obsesiones, discusiones, barroquismos exacerbados, intereses personales y múltiples pues es que así es la vida. En cambio, sería un gran escenario con pruebas de aptitud escondidas bajo la alfombra, cables y micrófonos dentro y fuera de mi casa, agentes agazapados, esperando una otra oportunidad de medir mi rendimiento.

La vida sería una prueba de vida.

Y a la mañana siguiente, consciente de estar quizá bajo prueba mejoraría mi despempeño en un 100%, ofrecería mis más gráciles movimientos al servir cereal y leche en un tazón. Le diría buenos días a todo mundo y no me enojaría con el mecánico que me trata como si fuera una niña de 6 años y sin un mínimo IQ. Mejoraría mi velocidad de respuesta, disminuiría mi consumo de café y coca-cola. Sería todo un encanto.

Pero.

La vida no es así.

Así que, mejor, hoy me voy a ir a la cama pensando que este largo y ajetreado día finalmente se ha acabado y voy a desear con todas mis fuerzas que mañana, mañana sea mejor porque oooh, to fight is to defend!