MONEY TALKS (slowly into your ear)

No tengo dinero, aunque mucho que dar (a diferencia de Juan Gabriel)… así que recurrí al viejo truco de solicitar crédito. Pero hoy el Home Depot le dijo de cosas a mi orgullo y vanidad de mujer que paga siempre sus deudas. Que no cumplo los requisitos. Que si tengo dudas marque al 0 1 800 bla bla bla.

Y habrá sido el ciclo lunar o la simple sensiblería que me caracteriza, pero me puse tan triste, tan pero tan triste. Los sueños de una cocina linda y un refri para mi casa se evaporaron.

Momentáneamente, lo sé, lo sé, no se preocupen.

Esto más que un lamento es una crónica del evento.

Sigamos…

Total, mocos en el auricular, Manuel diciéndome palabras bonitas que sólo él, mi hijo con su alcancía de drácula (¿ya les hablé de ella?) ofreciendo monedas de a peso del año del cuete (del año de morelos y pavón, para ser exactos), mamá preparando sopita de fideo y papá preguntándose si su not so nice record crediticio afectó a su benjamina…

Y sylvia toda mocos y sighs…

Pero una siestecita, la lectura sobre la vida de Lucía Joyce, un helado con cobertura de chocolate y almendras, una comedia gringa, mi hijo y mi sobrino, un disco de Placebo, pueden hacerme sentir mejor.

Faith talks.

And knocks from time to time.

RUNNING UP THAT HILL (la sabia Kate)

“If I only could, I’d be running up that hill.

If I only could, I’d be running up that hill.”

It doesn’t hurt me.

Do you want to feel how it feels?

Do you want to know that it doesn’t hurt me?

Do you want to hear about the deal that I’m making?

You, it’s you and me.

And if I only could,

I’d make a deal with God,

And I’d get him to swap our places,

Be running up that road,

Be running up that hill,

Be running up that building.

If I only could, oh…

You don’t want to hurt me,

But see how deep the bullet lies.

Unaware I’m tearing you asunder.

Ooh, there is thunder in our hearts.

Is there so much hate for the ones we love?

Tell me, we both matter, don’t we?

You, it’s you and me.

It’s you and me won’t be unhappy.

And if I only could,

I’d make a deal with God,

And I’d get him to swap our places,

Be running up that road,

Be running up that hill,

Be running up that building,

Say, if I only could, oh…

You,

It’s you and me,

It’s you and me won’t be unhappy.

“C’mon, baby, c’mon darling,

Let me steal this moment from you now.

C’mon, angel, c’mon, c’mon, darling,

Let’s exchange the experience, oh…”

And if I only could,

I’d make a deal with God,

And I’d get him to swap our places,

Be running up that road,

Be running up that hill,

With no problems.

“If I only could, I’d be running up that hill.

If I only could, I’d be running up that hill.”

TRES GLOBOS ROJOS (y uno morado)

And I’m ashamed of running away,

From nothing real…


Kate Bush

Manuel me acompañaría, después de todo me ha acompañado ya en tantas cosas. Y esta era una de esas tareas en las que la compañía es primordial.

Pero el jueves Juanantonio me mostró un dibujo. La hoja mostraba por un lado un árbol de navidad, por el otro, tres globos (dos rojos y uno amarillo) con unas cartas colgadas de un listón. Me platicó que en su kinder unos niños de tercero (del salón amarillo) habían dejado ir unos globos con cartas a Santa. Mi tarea era soltar globos, esto no era una coincidencia y si lo era, venía aderezada de ese curioso sentido del humor que tiene el destino.

Así lo decidí. Juanantonio debía acompañarme a soltar mis fantasmas al tiempo que él soltaba sus deseos navideños. Todo lo colgaríamos en globos con alma de helio.

Compramos tres globos, tres rojos para mí y uno morado para él. A mis globos les puse un listón azul, rosa y rojo respectivamente para los tres fantasmas, que colgué hace mucho a mis hombros. Juanantonio optó por uno dorado, brillante como sus ojos.

Amarramos cartitas y nos lanzamos un baldío donde los niños suelen volar papalotes o jugar beisbol, un lugar lleno de alegria me pareció lo más adecuado. Puse una canción de Kate Bush que he escuchado de toda la vida y que apenas ese día entendí por qué.

Juanantonio dejó ir su globo (un poco apresuradamente un poco por accidente) y luego yo solté uno por uno mis globos, diciendo a mis dentros una despedida ligera y profunda a la vez, agradeciendo, aceptando, cerrando. Se fue un globo, se fue otro y para despedir al último invité a Juanantonio.

Y se fueron. Se fueron flotando en hilera uno tras otro. Lejos. Tan.

Los mirábamos marcharse cuando Juanantonio dijo, me siento triste, ya sé que ya lo dejé volar pero me siento triste. Y de pronto estaba llorando, lágrimas y lágrimas sin control. Por qué lloras, le pregunté y me dijo, no sé, no me acuerdo, no puedo dejar de llorar.

Y yo quise llorar también, soltar lágrimas y lágrimas sin control. Pero se supone que yo soy la adulta. Pero también soy muy honesta. Le admití que también me sentía triste y le dije: ¿te sirve un abrazo? Vamos a darnos un abrazo fuerte, porque somos muy fuertes, un abrazo para que tú y yo pasemos una navidad maravillosa.

Así apretados, así absorbiendo la magia uno del otro me dijo: pero tiene que haber nieve, en navidad, hay nieve. Nos reímos, de nuevo el humor, nuestro humor nos salva de la solemnidad.

Los globos apenas se veían ya, no se tardaron nada en irse, en subir… en hilera allá lejos. Bastaba dejarlos ir. Aceptar su partida. Y yo lo acepté y yo me permití llorar un poco, me sentí extraña y a la vez feliz, conmovida, fuerte. Se fueron, se fueron… y compartir eso con mi hijo fue extraordinario. Él fue a dejar sus deseos yo fui a liberar los míos, aceptando, aprendiendo del pasado y dejándolo ir para moldear mi futuro.

Nuestro futuro.

Y dejé de sentirme avergonzada.

LA NEGRITA (rumbita pa la odet en seis movimientos)

…Y bueno el cuento de la negrita sigue asi:

1)Después de haber viajado tanto

por todo el pais,

regresa a su hermosillo amado

pa´ seguir en la Modelo gritando:

¡Hago diseños frescos con limón!

2)Y si supieran las cosas que pudo ver,

que no se parece a nada

a los sueños de su niñez.

La negrita no comprende

de donde fue que salió el cuento ese,

que en otro lugar todo es mejor…

3) Porque es muy fácil de pensar

que hay que viajar para triunfar,

que aquí­no hay oportunidad,

que en otro lado si la habrá.

4)Y aunque experiencia ella adquirió,

nunca se pudo olvidar,

que su cadera al caminar

lleva el ritmo de la mar.

Que su alma al navegar,

tiene el color del desierto…

5) Por eso un día nublado se regresó

y vio que acá en su ciudad

siempre calentaba el sol,

6)Y cuando alguien le pregunta

de las cosas que aprendió, contesta:

Que viajar, a veces es mejor,

pero amar al sol es lo mejor,

que saberse fuerte es lo mejor…

(versión libre de La Negrita de Café Tacuba)

LA REALIDAD DE BOWIE (he´s got a better way)

Quien ha escuchado a Bowie.

Quien gusta de Bowie.

Quien ha logrado seguir y medianamente comprender su constante (y exhuberante a veces) evolución (musical, visual).

Quien sabe que esa canción que cantaba Nirvana era de él.

Quien sabe que Toni Viscontti y Brian Eno han colaborado con él.

Quien alaba la intensidad de su bajista.

Quien alguna vez ha dicho “let´s dance” o “we can be heroes”…

va a disfrutar ENORMEMENTE su disco Reality.

dicen que ha hecho cosas mejores,

yo digo

esto también es parte de él

y como tal…

va-le-la-pe-na

he dicho.

atte.

una fan

NOTAS SOBRE SAMUEL ( el abuelo zéleny)

Quería tan sólo decir:

“Éstos son los que me heredaron

el cabello castaño…”

Silvia Molina

― Samuel murió, ¿sabes? El verano pasado. Pensé en llamarles, a ti y a tu madre, pero ¿qué podía decirles? ¿qué podían hacer? ¿venir al funeral de alguien que apenas estuvo en sus vidas? Lo siento mucho, decidí por ustedes.

Casi perdí el monólogo de Adela desde la primera línea Samuel murió, ¿sabes? Pensaba en que apenas el día anterior había marcado a su casa, colgué pensando que habrían salido, sí, salido de paseo. Apenas unos días antes había escrito mis notas sobre lo que hablaría con él. Y, lo peor, hacía apenas unos años que le conocí. Samuel murió, ¿sabes? Mi abuelo murió, ¿sabes? Y yo, aterrada, no pude más que enredar una y otra vez el cable del teléfono en mi dedo índice. Traté de seguir el hilo de Adela, mi tía.

El DF siempre ha sido como un segundo hogar para mí, para mis historias. Ítaca. Desde que recuerdo, cada año lo visitábamos. Cada año me convertía en una más de sus habitantes temporales. Ese año era distinto. Llegué sola. Y no de vacaciones. Fui a trabajar, para mi tesis, para mis historias, para mí. Tenía la idea de que para estar bien, finalmente bien, debía echar de una buena vez todas esas preguntas que agobiaban mi organismo. No. No se trataba de las respuestas, de encontrar respuestas. El objetivo era plantear las preguntas, sacarlas a flote… Todo ese cúmulo de dudas que me habitaba desde que la memoria es memoria. Dudas que no eran habitantes temporales ni efímeras. Mis dudas eran inquilinas inamovibles. Me pertenecían, eran ya parte de mí. Caminaban conmigo.

No me gustaba. No me gustaba lo que veía en mis manos, en mis ojos, en mis palabras. Y pensaba que debía resolver ese misterio del pasado, que conocer esas verdades familiares que todos desconocemos me resolvería el presente, mi presente. Y el futuro, mi futuro. Como si el futuro dependiera del pasado de otros.

Samuel era mi pasado. Samuel era mi abuelo. El abuelo que nunca estuvo porque nunca fue. Yo no tengo un pasado de visitas a los abuelos, de navidades con los abuelos, de regalos de los abuelos. En ambos lados de mi familia no hay abuelos. El destino nos negó la posibilidad de decorar el árbol con ellos cada año.

Y mi madre decidió forjar su presente y su futuro en la creación de una familia, su familia. Y mi madre canceló a su papá. Nos canceló al abuelo. O el abuelo la canceló a ella. No lo sé. Sólo sé que le tomó (me tomó) muchos años convencerla de llevarme a verlo. Convencerla de decirme que él se volvió a casar, que tenía dos hijas: Adela y Patricia. Y una casa, una casa en Tlalpan.

Y estuve en su casa. Y nos mirábamos el uno al otro ¿queriendo buscar rasgos cercanos? Y hablamos. Y él no caminaba. Y yo no podía ni abrazarlo ni decirle abuelo.

Y luego, escribí Zapatos.

Y luego, mi vida se complicó y decidí que sólo hablando con él entendería.

Pero Samuel había muerto y, como la canción, me lo dijo Adela.

En ese instante, mientras la dulce voz de mi tía confortaba mi silencio, sabía que se había perdido algo, que había una historia que nunca nadie podría contarme, porque nunca nadie había querido saberla.

Hay historias que de tanto no contarse, desaparecen.

Aceptarlo me tomó años. Muchos.

Yo no quería saber de quién heredé mi cabello, mis manos, mis ojos. Yo quería saber de quién saqué la voz, las palabras, el extraño binomio ese de debilidad y fortaleza, de necedad y ligereza. Quería saber por qué mi vida era esta.

Y, entonces, como no había forma de saberlo. Escribí todas mis preguntas en mi libreta y la cerré. Decidí vivir mi presente, mi futuro, como si fuera algo míosólomío.

Y entonces, como no había historias, me puse a escribirlas.

Y, desde entonces, no he dejado de hacerlo.

Samuel murió, ¿saben? y como no está aquí: Escribo lo que quiero y sé que lo que sucede, sucede porque así lo quise yo. Esta, soy yo.

Esto, escribo yo.

PASILLOS, BALCONES Y VENTANAS ( Nat’s home)

Natalia ha escrito.

Natalia me ha enviado un maravilloso recorrido por su casa.

Su nueva casa.

El lugar donde habita desde hace unos cuantos meses.

El hogar que ha creado en esa ciudad que es su nuevo hogar.

Pasillos, balcones, ventanas, tina de baño, tapete, futón…

Cada uno me dice, me grita: soy feliz! este lugar es mío!

Y Natalia de seguro extraña la gallina pinta de Doña Panchita.

Y Natalia a veces ha de pensar en su gran casa sobre la Heriberto Aja.

Y Natalia quizás piense en todo lo que vivió ahí.

Sin embargo.

Su vida es ahora, otra.

Y guarda esa casa grande en los rincones de este nuevo lugar.

En sus manos.

En su alma.

Natalia ha construido algo.

Qué feliz soy.

DID I MISS SOMETHING HERE? (define la palabra pareja, por favor)

La historia de siempre.

Chica conoce a chico.

Chico flirtea con chica (o al revés)

Chico y chica intercambian teléfonos (o e mails)

Chico escribe a chica (o al revés).

Chico y chica comienzan algo (algo, if you know what i mean…)

Chico y chica aprenden cómo besarse, abrazarse, hacerse, el uno al otro.

Chico y chica se besan, se abrazan, se hacen, el uno al otro.

Chico y chica están, son.

Chica tiene problemas con chico.

Chica dice a chico, este es el fin (o algo así).

Chico habla de Clemencia.

Chica alega Autonomía.

Llamadas.

E mails.

Reuniones para hablar de esto (esto, sí, esto).

Discusiones.

Despedidas precipitadas.

Y luego…

Flores, sí, siempre hay flores del tamaño del lío.

Tarjetas, sí, siempre hay tarjetas con la profundidad del lío.

Citas en cafés.

Camisetas que dicen Give me a chance.

Suéteres lilas ceñidos al cuerpo.

Roce de manos.

Sonrisas.

Múltiples What if

Pero ese mismo día…

¿Salimos?

Es que… ya tengo planes.

¿Con quién?

Oh, Clemencia…

Chico sale con otra chica (es una amiga, sólo una amiga)

Chica acude al budismo zen para no partirle la nariz en tres.

Un carro vuela por la ciudad bajo el ritmo de Peligroso Pop.

Chica se pregunta: Did I miss something here? y se acuerda de su amiga que le pidió hace dos días una definición de la palabra pareja.

Chica se repite su respuesta: soy la persona menos indicada… yo no sé de parejas

EL CABELLO DE ALEJANDRO (larga admiracion)

Alejandro es mi hermano mayor.

Nació en 1962, 11 agnos antes que yo.

Es cancer.

Tiene un bello y redondo lunar oscuro en su mejilla… ¿izquierda?

Tiene ojos zéleny y nariz aguilar, ¿o es al revés?

Es comunicoantropofotogramusipoeta.

Trabaja en un castillo, dice su hijo.

Y tiene el cabello largo. Larguísimo. Desde que recuerdo lo tiene largo. Desde que recuerdo la gente lo mira. Desde que recuerdo niños y grandes abren sus ojos más de lo normal para observarlo. Desde que recuerdo mis amigos siempre me han preguntado con cara de Wow: ¿qué onda con tu hermano? ¿por qué tiene el cabello largo?

Los niños lo admiran.

Los hombres lo miran sintiendo “algo parecido a la envidia”. Como si Alejandro, no sé… como si él sí.

Mi hermano, tiene algo que ninguno de nosotros tenemos. Algo suave, algo más admirable que su cabello.

Aunque no sé exactamente qué es.