TENGO QUE DECIRLO

Si hay algo que ha hecho este semestre respirable y soportable es la presencia de mis Mafaldas. Mis amigas, mis queridas amigas. He sido calladita y cuidadosa con esto, pero ya basta una debe hablar de esto. Y con riesgo a que me manden a un rincón las demás o me castiguen un viernes, les invito a leer este blog de vez en cuando para que saquen la Mafalda ( o la susanita, o la libertad o el miguelito o el felipito o el manolito o el guille) que todos tenemos dentro.

CUANDO TE MANDAN UN TXT A TU CEL A ESO DE LAS CASI DOCE DE LA NOCHE

Y el txt dice: “ando borracho y manejando. quisiera estar contigo” y quien escribe es el amigo que tanto quieres, el narrador con quien tan bien conjugas, el gringo que de gringo no tiene más que el apellido ( y a veces dudas de que sea realmente apellido gringo), el traductor simultáneo que decidió ser traductor simultáneo después de una conferencia (que nos cambió la vida a todos). Y cuando por la mañana te encuentras un correo de él que repite lo mismo y en el que dice otras cosas, y entre ellas que ya quiere estar aquí que ya quiere que llegue esa semana que pasará contigo y con tus otros amigos.

Tú, Sylvíssima, no puedes sino sentirte feliz.
Feliz y agradecida porque lo mejor de ese laboratorio estuvo en la gente, en la gente que no conocías y que ahora no te puedes sacar del corazón.

YUMI, TENGO TSUGUMI

Mientras buscaba en una librería de por acá una selección ideal para los ganadores de un concurso literario, la vi. Estaba ahí, muy bonita y derechita. Me le acerqué, le dije: “tú, te vas conmigo”. La tomé fuertemente y me dirigí a la caja. Pagué.
Hoy tengo en mi escritorio Tsugumi, la nueva novela de Banana Yoshimoto y soy tan tan feliz.

FRIENDS

Cuando el hijo tiene problemas con sus amigos trato explicarle que las cosas son así con los amigos, que se descomponen y luego se arreglan. Y como si nada.

No le digo que hay que tener claro que las amistades también tienen sus ciclos. Sus procesos. Un momento están bien y al siguiente se las lleva la chingada. Un momento quieres y te quieren y al siguiente no eres su persona favorita o no son tu persona favorita. Por esto o por aquello. O simplemente porque como seres humanos somos tan pero tan silvestres.

Sería suave no enojarse, sería suave no tener que pasar tragos amargos. Pero también, no nos hagamos, sería suave de vez en cuando echarle en cara a este o a aquel, a esta o a aquella, los silencios, los portazos, la distancia, la mala vibra, los cómos y los por qués con un drama muy digno de Sarita Montiel, Marga López o aunque sea de Edith González. Sería suave -aunque no lo crean- que a uno le echaran en cara todo lo necesario de una sola buena vez. Lo de las dosis pequeñas no se me da. La dosis en gordo, tampoco hay que ser honestos, porque soy de lo más jota y llorona. Pero como las inyecciones, una sola, que duela gacho y voilá.

No le voy a los piquetitos leves pero tupiditos.

Insisto, de esto no le he hablado al hijo. Supongo que si se da el caso lo haré pero si no, ya le tocará a él descubrirlo y encontrar su propia forma de enfrentarlo o de no enfrentarlo. Ese ya será su asunto.

Yo, por lo menos, tengo mi blog. Y escribo lo que quiero o no lo hago. Punto. Pero cuando te enteras que tus detractores te leen casi al mismo ritmo que tus amigos, aunque sea para encontrarte más defectos, te dices bueeehh, por lo menos levanta el rating y si escupen, le escupen a su monitor y no al tuyo.

Fin de la reflexión nocturna tras una pizza del Jessies House al lado de tres niños que se moquetearon dentro y fuera de mi carro.

MI HIJO

  1. Pasa las tardes en mi oficina desde la semana pasada. Se tira de panza, dibuja, lee, juega. Oigo su voz por abajo del escritorio.
  2. Encontró su primer diente de león. ¿Dónde lo guardo?, me dijo. Le di una cajita vacía de clips. La cajita, con el diente de león, la traemos en el carro. Nos asomamos de cuando en cuando para ver si el diente sigue ahí.
  3. Dice que no ve bien de un ojo, le digo que sí que tiene lo mismo que yo pero que el médico todavía no quiere ponerle lentes. Me dice ¿para qué necesito los lentes completos… a poco no me pueden poner de esos lentes que son para un sólo ojo? Me vería muy colonial, agrega.
  4. Me dejó de ver tres días. No es la primera vez que nos separamos pero esta vez me dio el abrazo más bello y genuino y me dijo: tenía ganas de verte. Caminamos abrazados ese día.
  5. Dice que le gusta eso que le pongo a la casa para que huela bien.
  6. Ha dejado de extrañar a la Luna (nuestra perra intinerante) pero insiste en que necesitamos una mascota.
  7. Me platica de Margarita, su hermana recién nacida, y dice que la quiere mucho aunque su papá le diga que no se parecen.
  8. Toma clases de guitarra con el Meñe y practica en casa, el acordeón tiene polvo.
  9. Tiene nueve años y no deja de soprenderme.

CRÓNICA DE UN FIN DE SEMANA EN LA PLAYA

  1. Mi maleta estaba lista desde el jueves (nótese el deseo por dejar la ciudad).
  2. El viernes dormí casi cuatro horas (nótese el deseo por llegar reluciente y fresca a la playa).
  3. El hotel otrora conocido como Club Med tiene habitaciones muy parecidas a las de un hospicio francés o alemán (no conozco ninguno pero así deben ser), sin embargo la vista a la laguna lo salvó de que yo le diera 2 estrellas.
  4. Smirnoff, jugo de cranberry y un red bull se acomodaron bien en la habitación y en el ánimo para guapearse.
  5. La boda fue simplemente GENIAL, no sé por qué dejé de ir a bodas (bueno, sí sé, pero en realidad, no sé).
  6. Bailé mucho mucho mucho (y con unos zapatos morados pre-cio-sos).
  7. El frente frío y el aire despeinador no fueron demasiado graciosos (pero tampoco insoportables).
  8. La mesa debió ser más grande, estoy segura de que me perdí chistes de la otra mesa de compas del trabajo y de que ellos los nuestros, pero aún así, la convivencia fue divertida (especialmente cuando uno de los extranjeros desapareció mis-te-rio-sa-men-te).
  9. No nadé, agua de alberca: helada (lo dicho, hotel-hospicio).
  10. Había un congreso o algo de Herbalife (no sé si esto sea importante pero lo quería decir).
  11. Me comí mi primero coco preparado con callo y una serie de salsas deliciosas.
  12. Y tuve un cierre con broche de oro que jamás escribiré aquí.

ESCRIBIR, ¿COMPRENDER?

Según Hanna Arendt toda escritura tiene un único móvil: comprender. Pero, lo siento mucho Hanna, para mí comprender -casi siempre- significa quedarse a osucras. Comprendo y dejo de entender.

Sin embargo, yo no puedo dejar de escribir.
Va, lo he dicho.

LA ESCRITURA DE BRIONY

A la edad de once años había escrito su primer relato; una tontería, unaimitación de media docena de cuentos populares y desprovisto, como comprendió más tarde, de ese conocimiento vital de las cosas del mundo que inspira respeto a un lector. Pero esta torpe primera tentativa le enseñó que la imaginación era en sí misma una fuente de secretos: una vez empezada una historia, no se la podía contar a nadie. Fingir con palabras era algo demasiado inseguro, demasiado vulnerable, demasiado embarazoso para que alguien lo supiera (…) y se sentía una tonta al simular que conocía las emociones de una criatura imaginaria. Al describir la debilidad de un personaje era inevitable exponer la suya propia; el lector no podía no conjeturar que estaba describiéndose a sí misma. ¿Qué otra autoridad podía tener ella? Sólo cuando un relato estaba terminado, todos los destinos resueltos y toda la trama cerrada de cabo a rabo, de suerte que se asemejaba, al menos en este aspecto, a todos los demás relatos acabados que había en el mundo, podía sentirse inmune…

Expiación, Ian McEwan

LA ESCRITORA Y LA PINTORA

Hoy tuve un reencuentro simplemente maravilloso. Pero antes de platicar de lo de hoy tengo que llevarlos de la mano y remontarlos a casi 11 o 12 años atrás.

La Galería Café se acababa casi de inaugurar. Yo estaba ahí viendo los cuadros de una joven pintora.
A los días, estaba en ese mismo lugar pero charlando con la joven pintora.
Yo, en esa época, era una joven escritora.

Joven pintora y joven escritora se hicieron amigas. Joven pintora y joven escritora compartieron intereses, ideales, cafés, historias de novios y ex-novios.

Luego, pasaron años y la siguiente vez que se vieron cada una cargaba un bebé en la panza. Su segundo y mi primero.

Hace unos días vi una exposición suya. Escribí de ella.

Y hoy, después de nueve años, nos hemos visto en la casa del vecino que todos quisieran tener pero que es exclusivo de las artistas, escritoras y fotógrafas-diseñadoras. Hoy, revivimos momentos, hoy nos compartimos el maratón de vida (con sus sabores y sinsabores) que hemos llevado. Hoy reiniciamos.

No se sorprenda usted que pronto esta pintora-madre-de-dos-hijos y esta escritora-madre-de-un-hijo se frecuenten más y le quiten el polvo a esos lazos que desde el principio se delataban fuertes.

La volveré a ver pronto, nuestros hijos se conocerán, le daré mi libro y me dará un tour por lo último que ha pintado. Ya les platicaré.