2020

el 2020 pinta bonito, pinta muy bonito y miren que el 2019 fue un embarradero de tinta y emociones y dolores tantos. pero el 2020 llegó con todo, llegó haciéndome sonreír, llegó de la mano de mis amigas, llegó de la mano de editores grandiosos, trajo bajo el brazo proyectos, ideas, sue-ños-he-chos-rea-lidad. el 2020 también desliza viajes y boletos de avión, subidas después de las bajadas, ganas inmensas de sonreír. el 2020 es el versátil actor que me hace sonreír cada mañana, es un playlist con el loop más alegre del mundo. el 2020 pinta bonito, muy bonito.

Como cuando Gornick encuentra en Ginzburg lo que yo encuentro en ella y no puedo más que citarla y pedirles que lean este párrafo y en vez de Natalia Ginzburg (o además de Ginzburg) digan Vivian Gornick ra rá rá

“A writer whose work has often made me love life more is Natalia Ginzburg. Reading her, as I have repeatedly over many years, I experience the exhilaration that comes with being intellectually reminded that one is a sentient being. First time around, my eyes were opened to something important about who I was at the moment of reading; later, to who or what I was becoming. But then I lived long enough to feel a stranger to myself—no one more surprised than me that I turned out to be who I am—and reading Ginzburg again has provided solace as well as revelation.”

Vivian Gornick

(you can read the whole article, here)

costos

¿Qué costos hemos o habremos de pagar

por todas las ausencias domésticas y familiares que cometemos

cuando escribimos?

Dice Nona Fernández, la cita Sara Uribe, lo siento yo.

1967

mi madre perdió un bebé en 1967. eso dicen mis notas que escribí no sé cuándo. tampoco me acuerdo si fue mi hermana o la investigación de clau la que me hizo llegar a ese dato.

me acuerdo que de chica una vez oí una  conversación sobre cómo una de mis tías había perdido un bebé hace mucho, pregunté  (o tal vez solo pensé) ¿cómo se pierde un bebé?

cuando era chica me gustaba perderme. perderme de la vista de mis papás. me metía entre la ropa de mazón. el mazón del centro, la tienda esa que era el más grande centro departamental en el hermosillo de finales de los 70.

mi papá decía que él le dijo a mi mamá que quería una hija. mi mamá decía que se iba a operar de la vesícula y que iba a aprovechar para operarse y no tener más bebés y cambió de opinión. mi tío decía que él  convenció a mi mamá de no hacerlo sin consultarlo con mi padre.  ¿cómo ocurriría todo en realidad? ¿mi madre quería una hija o quitarse la vesícula?

¿soy una vesícula?

sí, soy una vesícula. pero fui una vesícula muy amada, más que amada.

mi madre perdió un bebé en 1967. yo tendría un hermano o una hermana seis años mayor que yo. ¿será por eso que mi madre tenía miedo de tenerme? ¿sería por eso que decidió tenerme? ¿cómo habrá vivido este duelo mi madre?

en 1998, cuando yo estaba embarazada, soñé una vez que el bebé se me salía, se resbalaba y que yo corría a alcanzarlo. como perder un bebé.

leo otra vez mis notas a mano. mi madre perdió un bebé en 1967 y no hay nadie, ¿de dónde saqué ese dato. no hoy verdaderamente nadie que me pueda contar algo al respecto. lo único que sé de 1967 es que:

  • Fue declarado Año Internacional del Turista por la Organización de las Naciones Unidas.
  • Nevó en la Ciudad de México por primera vez.
  • El Surveyor 3 aterrizó en la luna
  • Se suicidó Violeta Parra
  • Elvis y Priscilla Presley se casaron
  • Los Beatles lanzaron el Sargent Pepper’s Lonely Hearts Club Band
  • Yemen se independizó del Reino Unido
  • Mi madre perdió un bebé.

empieza el todo

en el último año de la maestría estaba quebrada. el freelance que me ayudaba a pagar cuentas (aparte de la beca) se había acabado. estaba haciendo mi tesis,  una traducción de Jane: A Murder de Maggie Nelson. así que entre la falta de dinero y la dureza del libro, yo no dormía.

una noche me dije, ¿y si escribo una novela con una niña protagonista muy graciosa? empecé a tramar. luego me dije, ¿y si lo redacto como proyecto y pido una beca? pasé una noche totalmente en vela haciendo la descripción de Todo Eso Es Yo.Image result for todo eso es yo

me dieron la beca.

escribí la novela.

la novela tiene momentos de humor, construí una voz graciosa, fresca, me queda claro pero es una novela dura porque toca temas duros, y eso está bien. digamos que Maggie Nelson me obligó a pensar que la literatura es -también- el espacio para hablar de esos temas que nos sobrepasan.

la situación económica apretaba un poco, volví a las preguntas. ¿y si la meto a un concurso? guapée mi novela, le di la bendición y le dije: tienes que ganar.

premio nacional de novela Tamaulipas 2014. ¿o fue en el 2015?

admítolo: la novela no la pude haber escrito sin El Hijo, me dio montones de ideas, me escuchó montones de veces. me trajo anécdotas de sus compañeros de clase. y es que la novela narra la vida de Julia, una niña que vive los peores años del Calderonismo justo en Ciudad Juárez.

eventualmente lo económico se resolvió. lo creativo, no. o sea, sí pero no. la novela tenía que estar en inglés. la novela necesitaba lectores de este lado de la frontera. la novela necesitaba una casa acá. yo lo sabía.

la traduje. fallé.

comenzó a traducirla alguien más. la dejó.

¿y si la reescribo, pero esta vez en inglés? me dije.

lo hice.

The Everything I Have Lost sale al mercado la segunda semana de febrero gracias a Cinco Puntos Press. hay una pre-orden de 3000 mil y cacho de libros. he tenido varios eventos a pesar de que todavía no hay lanzamiento oficial. dos de ellos con chicos de secundaria y esa fue la prueba de fuego.

no podría alcanzar a decirles lo que siento, porque lo siento todo y tanto más. empieza el todo y no me lo creo.

puedes comprarla aquí   o aquí

las más amorosas rajas

por razones que de momento no podría explicar del todo, la comida y yo tenemos issues. esto es nuevo. la comida y yo nunca tenemos issues (aunque habrá que ver qué dice ella), siempre nos hemos llevado bien. podíamos estar mucho tiempo varias veces al día juntas.

ahora no.

la miro. me mira. hacemos el intento de acercarnos, pero no podemos durar mucho. mi refri está lleno de cosas a medias. mi panza también.

y no es por comer sola, porque también me ha ocurrido con compañía. simplemente algo no hace click.

pero ayer.

ayer mi amiga claudia me preparó unas rajas con crema, queso y elote. comencé a comer y dije qué rico. seguí comiendo y dije, de veras qué rico, comí más y dije: voy a llorar. y lo que era una expresión se volvió eso, llorar. me solté llorando. me salían las lágrimas. las rajas viéndome llorar. mi amiga viéndome llorar. me levanté y la abracé y fue en el abrazo que dije: mi mamá hacía esto, desde que murió mi mamá no comía rajas, desde no sé cuándo no comía con tanto entusiasmo.

me serví rajas tres veces. dejé de llorar para no empapar mis rajas. las rajas no estaban enchilosísimas. las rajas estaban amorosísimas. las rajas estaban ahí para recordarme que la memoria habita en nuestros cinco sentidos. las rajas estaban ahí para decirme que todo va a estar bien, que la panza y yo eventualmente encontraremos nuevos modos de comunicación. las rajas estaban ahí y yo también.

 

mi barrio me respalda

mis afectos crecieron descomunal y hermosamente en el último año o dos. mis afectos son como tienda departamental. mis afectos viven en la Texanía, en Sonora, en CDMX, en Xalapa, en Houston, en Pennsylvania, en Canadá. pero también hay afectos en Colombia, Argentina y Ecuador, afectos que inician, afectos con quienes aún no me siento por horas y horas a hablar de todo y nada con té café cerveza vino. pero afectos al fin.

mis afectos trascienden el espacio sideral. hay algunos que no veo pero que sé que están ahí y se acercan, rondan, se vuelven ese rayito de luz a través de la ventana.

mis afectos me han cuidado, me han escuchado, me han hecho escuchar. mis afectos han cargado cajas y quejas, me han mandado audios terapéuticos o canciones hermenéuticas. mis afectos me han demostrado, más de una vez, lo genuino de su cariño, lo descomunal de su corazón. también me han hecho fortalecer los míos: el cariño, el corazón, es decir: estar a la altura.

mis afectos son el barrio que me respalda y para una que creció un poco a solas, como si hija única, para una que siempre fue una papa para hacer nuevas amigas e -en la primaria, la secun, la prepa, la universidad, la maestría…- para una que pareciera autosabotearlo todo, sentir esto, sentir a las amigas, sentir el genuino respaldo ha tenido un efecto increíble.

si hiciera yo aquí una lista de mis afectos, de todxs y cada una de aquellxs que me ayudaron a estar aquí frente  a esta ventana en el primer domingo de enero, el internet explotaría. así de poderoso mi barrio que me respalda.

Ferrante

comencé a leer la serie Napolitana de Elena Ferrante en 2016. me devoré los dos primeros libros en un dos por tres. hice una pausa de un año y luego le di al tercero. con cada uno de ellos buscaba distracciones para dejar de leer, me levantaba a hacer algo, tomaba otro libro, tejía, calificaba, me paraba a servirme agua, hacerme un café un té, pendeja. hacía lo que sea con tal de no leer porque quería leer. me auto-saboteaba la lectura como una forma de extenderla. quería que esas historias y esos personajes y esa escritura se mantuvieran en mi día a día.

he puesto a muchas amigas y conocidas a leer esta serie y las otras novelas de Ferrante. he compartido con muchas personas mi admiración por esta narradora que, sobre todo, nos recuerda que todos somos presas de nuestras propias decisiones. la decisión de no acabar un libro, por ejemplo. un libro que se lee, un libro que se escribe, da igual.

comencé el cuarto y último de la serie y lo dejé a la mitad hace año y medio. o más. traté de reiniciarlo varias veces y lo devolvía al librero. lo tomaba, lo devolvía, lo tomaba, lo. pero hoy el libro está frente a mí, me mira, me llama, me espera.

Ferrante y yo lo sabemos, es hora.

sí, es hora de terminarlo. este invierno he descubierto mucho de mí, he aprendido, por ejemplo, que cuando acabe este libro en realidad no se acabará porque hay libros que nunca se acaban. los leídos y los escritos. se quedan contigo, se acomodan detrás de tu memoria. trascienden.

yo no soy de esas que citan a borges pero en este instante tengo ganas de decir que “en el sueño del hombre que soñaba el soñado despertó”. yo sé que al acabar esta serie que es un sueño largo algo va a despertar. del sueño a la certeza hay un solo paso, creo.

escribo esto y el libro me mira, me llama. Ferrante me dice: “Everything in the world was in precarious balance, pure risk, and those who didn’t agree to take the risk, wasted away in a corner, without getting to know life”, y yo sé ya que quiero terminar el libro porque es una forma de continuar la vida. ya sé que puedo terminar el libro porque mi amiga estupenda no se va a acabar nunca.

 

no una amenaza para la sociedad

hoy mi doctora me pesó y me dijo que bajé diez kilos. ¿en qué momento? luego me dijo que tenía un poco alto el colesterol, nada de qué `preocuparse. modificar un poco la dieta. riñones, hígado, todo bien. me preguntó cómo me sentía con el nuevo medicamento y si seguía tomando las vitaminas que me recetó, dije que sí aunque en realidad compré de otras en forma de gomita (que sirven para lo mismo). hablamos de correr, de hacer yoga, de mi terapia física y de la otra. especialmente de la otra. hablamos del tendón que se está dando por vencido con mi hombro. hablamos de mis doscientos millones de quistes y del que vamos a sacar eventualmente. cuando yo esté lista, but before it becomes a problem, me dijo. mi doctora es en realidad una filósofa, insiste que hay que hacer las cosas before they become a problem.

luego de que la enfermera me tomara la presión y discutiéramos más de mis laboratorios, la doctora y yo hablamos de mi nuevo libro. sí, tengo una doctora con la que hablo de lo que escribo. le hablé de mi último hallazgo, sonrió. tell me more, dijo mientras me revisaba el hombro. le dije otro par de cosas que yo consideré intrascendentes. mi doctora me dijo: so, you have it all solved, then? puse la misma cara de susto como cuando me dijo que necesitaba un EKG. i guess so, contesté, insegura y boba como siempre. mi corazón, por cierto, está sanísimo. pese a todo.

salí de ahí. fui al mall, me compré un chaleco (porque eso hace una en lunes cuando se da cuenta que ya resolvió un dilema escritural) y luego me fui al antiguo café, a mi lugar favorito para escribir con el chaleco puesto (don’t ask why). cuando menos pensé habían pasado dos horas. la sensación de triunfo.

hace unos días vi Where’d you go Bernardette?, un hombre le dice a la protagonista -que es artista y tiene serios problemas de ansiedad- que si ella no dedicaba su vida a crear algo se convertiría en una amenaza para la sociedad. cate blanchett y yo nos quedamos boquiabiertas. lo entendimos.

así que esto que escribo es mi  forma de ser una no amenaza para la sociedad. HOY.

oleadas

estoy leyendo Nada una colección ensayos sobre todo lo que puede significar nadar. en  el primer ensayo, Cristina Rivera-Garza da brazadas sobre agua y escritura, sobre agua y libros, sobre agua y cuerpo. su texto menciona a Concha Urquiza y su extraña muerte en el mar. ella que era nadadora, murió ahogada.

una cosa lleva a otra, lo sabemos. y de pronto me acordé de aquella vez que fui a La Paz sola. empujada por una emoción que pocas veces permito convertir en acción, renté un auto.

un día manejé a Balandra, una playa a la que había ido una vez con M y su hija.  M me dijo que ese día me quiso besar pero como no se animó, no puedo contar eso aquí. Balandra es una playa a la que me prometí volver. y fui. M y su hija ya no vivían ahí. M y su hija habían tomado ya su vida. yo, tomé el sol. caminé en el agua. leí. experimenté el verbo estar, solo estar.

al otro día manejé a Todos Santos porque ahí situé un cuento una vez y porque ahí me dijeron que las olas eran más grandes. no iba a surfear ni a nadar. solo quería ver olas grandes.  estar frente al mar abierto.

me estacioné, caminé hasta la orilla del mar. a lo muymuy lejos había unos chicos surfeando. pero en realidad la playa, la enorme playa estaba sola. era yo frente al mar. me acordé de esa línea de Björk: i tip-toe down to the shore/stand by the ocean/ make it roar at me : and i roar back. 

no le rugí al mar.

lo dejé rugirme.

sus oleadas, eran sus oleadas.

después de ese día nunca volví a rentar un auto o a viajar sola  porque sí, porque tuve la ocurrencia.

las ocurrencias también llegan como oleadas. hoy, por ejemplo, tengo una. qué belleza tener ocurrencias y poder costearlas. no soy ciega ante el privilegio en el que estoy en muchos sentidos. esas son oleadas también, por cierto.

me pregunto qué pensaría Concha Urquiza cuando veía a un mar así, rugiendo, aventando olas como quien avienta brazadas. me pregunto qué sentía Concha Urquiza al tener la ocurrencia de nadar en un mar frío o en un mar picado o en un mar que no conocía. me pregunto sobre todas esas oleadas de pensamiento que cruzan la mente de una nadadora que era escritora.

yo de niña nadaba. estuve en clases de pequeña. nadaba bien. pero mi hermana nadaba perfecto. me gustaba nadar. me gusta nadar pero he dejado de hacerlo.

también esa oleada, esa ocurrencia deba perseguirla.