TODOTIENEQUÉVER

Por azares del destino siempre llegan a mí las más diversas lecturas y que, regularmente, poco tienen qué ver con mi trabajo-trabajo. Es decir, sí pero no. Tiene que ver con mi trabajo como redactora-correctora-traductora de revistas y de otros proyectos. Pero no se supone que tenga qué ver con lo que como escritora-profesora-lectura. Y sin embargo, tiene qué ver. Todo tiene qué ver.

O tal vez esto tenga más que ver con mi forma de leer -los artículos, los libros, los hechos, la vidamisma-, tal vez todotienequéver porque yo quiero que todotengaquéver.

Leo sobre Accountability y descubro qué es eso que me ha brincado en mis relaciones. Leo sobre la Segunda Guerra Mundial y descubro qué es eso que me preocupa del futuro (no del mío sino de EL futuro) Leo y leo y develo mis puntos vulnerables.

Todo tiene pinches qué ver.

SUDDEN DISASTER

It was in fact the ordinary nature of everything preceding the event that prevented me from truly believing it had happened, absorbing it, incorporating it, getting past it. I recognize now that there was nothing unusual in this: confronted with sudden disaster we all focus on how remarkable the circumstances were in which the unthinkable occurred, the clear blue sky from which the plane fell, the routine errand that ended on the shoulder with the car in flames, the swings where the children were playing as usual when the rattlesnake struck from the ivy.

Joan Didion, The Year of Magical Thinking

 

ZOMBIES FOR DUMMIES OR THIRTYSOMETHINGS THAT END UP LEARNING ABOUT THEM

No había cosa que me fuera más indiferente en el universo que la existencia de los zombies. Lo juro. Mi universo del horror lo componen en este orden: Drácula, Frankenstein, Dr. Jekyll y Mr. Hyde, todos los personajes del Dr. Seuss (por razones que algún día explicaré) y el Hombre Lobo.

La verdad que no le encontraba algún tipo de encanto, poeticidad o malificencia digna de mi atención.

Pero los hijos, aparte de cambiarle a uno la vida por completo, logran también que uno cambie de opinión. La afición del de casitrece comenzó a principios de este año (o tal vez antes y yo ni siquiera me enteré) y no pude sino comenzar a preguntar, indagar y aceptar.

Y apasionarme.

A lo largo del tiempo películas y novelas de zombis dan una muestra no sólo de estos carnívoros de mirada perdida sino que también son pretexto para analizar a la sociedad en boga. Los personajes, enfrentados a una horda de zombies, muestran su más humano lado, la presión a fin de cuentas y el instinto de sobrevivencia conllevan a acciones, decisiones y una narrativa  francamente alucinante.

En Melancholia (disculpe usted la comparación) Lars Von Trier desarrolla una historia de un desastre planetario que acosa a la tierra y esto se vuelve un pretexto para retratar la psique humana durante éste. Con los zombies ocurre igual.

Todo esto para decir que esta semana nos hemos aventado la primera temporada de The Walking Dead y el de trece, a la par, ha estado leyendo The zombie survival guide. Complete protection from the living dead de Max Brooks y quecréame usted si un ataque de zombies sobreviviniera a la texana tierra, ambos sabremos qué hacer . Por si las dudas, también domesticaremos al gato para luchar contra esos seres que son una enseñanza para la resiliencia humana.

p.s. Nota mental, si hubo alguien que rescató Pride and Prejudice de Jane Austen con un toque zombie, ni modo que yo no pueda crear un Noticias del Imperio má o meno igual.

DYLAN EL GATO

La verdad, yo ya no quería una mascota, las últimas despedidas han sido duras pero cuando el de casitrece se mudó acá era lo que más deseaba. Adoptamos a Dylan en septiembre. Es el clásico gato amarillo a rayas. De pequeño era una dulzura, dormía en mis libreros y maullaba como dulce. Creció un poco y comenzó a volverme loca, se subía a todos lados, tiraba lo que estuviera a su paso, llenaba de pelos todo en casa. Me tenía harta.

Un día se salió sin que yo me diera cuenta. Me quedé pensando en que eso me pasa por ser tan intolerante, qué le diría a las 3 pm cuando el de casitrece llegara de la escuela. ¿Y ahora quién podría salvarme? Me fui al gimnasio esa mañana pensando que era una mala persona, hice un repaso en la caminadora de las mascotas en mi vida y de mi bajo nivel de cuidado con muchos de esos perros y gatos.

La sorpresa es que cuando regresé, Dylan me esperaba al lado de la puerta, maulló como diciendo: ya volví. A este gato vaya que lo he maltratado, le he hablado en mal tono, le he echado mis peores miradas y sin embargo ahí estaba al lado de mi silla donde escribo, en los pies de mi cama y ahora, de regreso a casa. Se ha vuelto a escapar otro par de veces y aparece de nuevo al lado de la puerta. Este gato, me dije, o no tiene dignidad o nos quiere realmente.

Creo que hace mucho que no me pasaba algo similar, mucho menos con un gato, todos sabemos que de los gatos las mascotas somos nosotros pero Dylan tiene algo de perro. No podría explicarlo.

En estos días que han pesado un poquitín más que los otros, Dylan no se separa de mí. Me mira como si supiera, me maulla como diciendo: todo va a estar bien. O a lo mejor no, a lo mejor simplemente me mira para que le haga caso y me maulla para que le dé agua y deje de tomar del escusado.

El caso es que Dylan el Gato me está enseñando a querer.

¿Qué busco?

No vio gente que caminara por las calles, ni bomberos ni vida en los edificios; sólo sintió el polvo y un silencio capaz de dejar sus pensamientos a la intemperie mientras seguía inmóvil en la avenida Stanton, aturdida por el desolado paisaje, sin futuro, ni rumbo.

Le produjo incertidumbre el desierto, también los pasillos vacíos de la universidad donde iba a estudiar, pero sobre todo, la voz de la conserje nera cuando ésta le dijo: What are you looking for.

La pregunta se convirtió en un gancho sin ropa en el tendedero de su mente. ¿Qué busco? No lo sé, pensó.

Nadia Villafuerte

la arquitectura del derrumbe

He comenzado ya mis lecturas invernales. He descubierto ya a mi nueva narradora mexicana favorita de los 70. Su nombre tiene la misma fiereza que sus relatos. Se trata de Nadia Villafuerte quien en su  ¿Te gusta el látex, cielo? conforma una inquietante arquitectura del derrumbe. Sus personajes salen de los escombros, los provocan o son escombros ellos mismos. Son lo que resta. El polvillo ese tras un golpe de tierra.

Es este tipo de derrumbe el que no me cuesta experimentar.

Me queda sólo un relato (comencé esta mañana) y apenas acabe me seguiré con su novela Por el lado salvaje que, además, tiene una portada genial.

MY SPACE

If you are a writer you locate yourself behind a wall of silence and no matter what you are doing, driving a car or walking or doing housework you can still be writing, because you have that space.

Joyce Carol Oates

VOLAR Y NO

hoy tocaba volar, ir ver, intentar. hoy tocaba decidir. pero yo decidí la semana pasada o la anterior o nosécuándo. desas cosas que se le meten a una a la cabeza. no puedo volar, me dije. y no lo hice. no volé. de aquí hasta tiempo indefinido sólo caminaré. sólo manejaré. estaré en estas calles de esta texana tierra que no sé si me curan de mí pero me hacen bien a mí. entre volar y no, decidí no. una vida sencilla, en corto. ¿a eso vine, no?

 

CHECKLIST ONE AND TWO

YA:
  • Terminé mi traducción de la selección de poemas de Jane: a murder de Maggie Nelson.
  • Terminé mi writer’s statement y mi cuento para mi clase de Politics of Narration.
  • Terminé mi independent study con el narrador de narradores la semana pasada.
  • Terminé mis traducciones para street y mis textos para fashionista.
AHORA:
  • Leer ¿Te gusta el látex, cielo? de Nadia Villafuerte, Enfermario, de Gabriela Torres y releer Aquello que nos resta de Liliana Pedroza para
  • Redactar un buen artículo sobre narradoras que muestran una torcidez humana bárbara.
  • Tejer un par de bufandas.
  • Ir al gimnasio a diario.
  • Pasar tiempo de calidad con el hijo.
  • Pasar tiempo de calidad con el gato.
  • Prepararnos para el retorno navideño al terruño.
  • Sanar la autocombustión.