Esta historia comienza así.
El 5 de enero de 2012 a eso de las ocho de la mañana me levanté para darle raite a mi amiga Ale al puente internacional. La verdad, levantarse de la cama fue una hazaña olímpica, la noche anterior había tenido temperatura aderezada con tos, estornudos y dolor de oídos. Onda Dama de las Camelias Región 4. Anyway, la dejé ahí y me regresé a casa -pensando, seguramente que iba a llegar, tomarme un té y echarme de nuevo a la cama a sufrir a gusto.
Tomé Río Grande (no se asusten, es una calle). La misma calle que tomo muchas veces a la semana. Tosía, estornudaba, me quejaba. Tosía, estornudaba, me quejaba. Y en eso: sirena, luz, moto.Un policía me detuvo. Ya saben el terror: licencia, papeles, seguro. Se me acusó de ir a 30 millas por hora (que son como 20 kms/h, o sea NADA) en una zona de 15 mph (sí, existen esas zonas, se llaman zonas escolares). Terminé con una multa y un citatorio en la corte.
Esta mañana fue mi cita en la corte, sí con Juez y todo para revisar mi caso y darle el seguimiento correspondiente. No, señores, las citas en la corte no son como las de la Ley y el Orden (pero se le parecen). Uno no puede entrar con celular, uno no puede hablar, uno tiene que estar calladito y con sus papeles desdoblados (era tanto el énfasis en el asunto que comencé a hacer metáforas al respecto). Había un intérprete, un tipo como de unos 45-50 años, de traje, canoso, la verdad: guapo. Iba de aquí a allá, acercándose y traduciendo para el que lo necesitara.
Yo esperé sentada, luego esperé parada. Vi pasar mi vida, neta. Me llevé el libro de Laura Flynn, pero la neta ni lo leí. El intérprete sin querer me pegó en el hombro: señor contacto visual.
Llegó mi turno. El Juez dijo, Miss Aguilar, what brings you here? y a mí alguien debió decirme que era pregunta retórica porque no me dejó contestar. Do you live in El Paso? yo muy digna estaba contestando: Yes, I am a foreign stude… pero el Juez me dijo que su sueño eran los monosílabos. Bueno, no me dijo eso, me dijo: Just answer yes or no.
Después iniciamos el proceso del regaño. Que si cómo es posible que después de vivir un año y medio ya aquí yo no tuviera Licencia de Texas, que ni Texas ID, que si, que si, que si… poco valió lo que yo tuviera que decir al respecto. ¿De qué hubiera servido de todos modos decirle que aunque sabía que podía tramitarla 1) me daba terror un examen de manejo y 2) me daba terror tener ambos documentos que en mi menteloca son como una afirmación de algo que todavía no sé?
Fine, you will pay $132 dlls, then you will take a driving course, process your Texas Driving License, if you do not fullfill all this in 90 days then you will have a 300 dlls. fine, is that clear? Asentí, contó como monosílabo.
Triste y aliviada al mismo tiempo (mi pesadilla de terminar hoy mismo en la cárcel texana para siempre desapareció) me fui a la fila para lo de mi pago. Entonces, ocurrió: el intérprete se me acercó y me dijo que yo tenía muy bonito acento en inglés, que me manejaba muy bien. Le dije, aventurada yo, que lo había estudiado hace siglos y que era traductora (y lo dije con la misma pena que le añado a mi frase “soy narradora”). Me preguntó qué traducía. Le dije que poesía. Sonrió. Sonreí. Pero nunca podría hacer lo que usted hace, le digo. Sí, es duro, contestó, no por el idioma, sino por lo que oigo a diario.
Arreglé lo de mi pago y con toda sutileza me despedí del intérprete.
Un día en la corte y salgo con 132 dólares menos, la dignidad de conductora echa pedazos y un nuevo oficio.