LA CASA DE LA ABUELA DE ALGUIEN MÁS

 

Hay casas que se pasan de generación en generación. Hay gente que hereda casas de sus padres, de sus abuelos. Hay gente como yo, que vive en la casa de la abuela de alguien más. Tengo apenas un año aquí pero mi vida entera se ha acomodado en ella. Es muy fría en el invierno y caliente en el verano, no le puedo exigir mucho se hizo a principios del siglo pasado. Pero tiene algo en sus techos y paredes, algo en la forma en que se abre ante mí que la hace cercana. La he vuelto propia. Es una casa llena de historias y es, al mismo tiempo una casa a la que se van escribiendo historias. Es como la hoja limpia antes del poema. Yo, soy la mano que mueve la pluma.

TOMARME COMO UNA MUJER

Mi clase de dramaturgia se centra en la obra escrita por mujeres. Digamos que es drama y género, (a veces creo que todo es drama y género). Hace unas semanas hablábamos precisamente de la teoría de género y la maestra preguntó, ¿quiénes de aquí se consideran feministas? bien, ¿quiénes de ustedes están a favor de la igualdad de la mujer? (en mi clase, debo decir hay tres hombres y como veintitantas mujeres). No había terminado ella la oración cuando todas levantaron la mano. La maestra hizo un sondeo en el aula y luego me encontró a mí. Yo no levanté la mano ni en una ni en otra ocasión. ¿Y tú?, me dijo, ¿ni lo uno ni lo otro? Me ruboricé, sonreí apenada y le dije: no sé, tal vez no lo he decidido. Está bien, hay tiempo, me dijo y sonrió.

No soy activista. No milito por los derechos de la mujer aunque creo en ello. No utilizo la teoría de género para abordar la literatura que analizo. No hago nada de eso y sin embargo en lo que escribo siempre hay algo de eso. Y sin embargo soy mujer. Es tan difícil llamarse feminista y ser lo que se es. Me cuesta explicarlo. Estuve días y días dándole vuelta a ello y esta noche Hélène Cixous me vino a dar respuestas o me vino a dar más preguntas:

¿Era yo una mujer? Al revivir esta pregunta interpelo a toda la Historia de las mujeres. Una Historia hecha de millones de historias singulares, pero atravesada por las mismas preguntas, los mismos terrores, las mismas incertidumbres. Las mismas esperanzas por las que hasta hace poco sólo se abrían paso consentimiento, resignación o desesperanza. ¿Tomarme por una mujer? ¿De qué manera? ¿Qué mujer? Había detestado “tomarme por” una mujer, si me hubieran tomado por una mujer.

 

La llegada a la escritura,  Hélène Cixous

ALEJANDRA DICE

dice que no sabe del miedo de la muerte del amor
dice que tiene miedo de la muerte del amor
dice que el amor es muerte es miedo
dice que la muerte es miedo es amor
dice que no sabe

Alejandra Pizarnik, robado de aquí

Y QUE ME ROMPÍA

Cuando era pequeña era la nenita de papá. La menor de los hijos con añísimos de diferencia, cómo no iba a ser así. Mi papá viajaba muchísimo, hay etapas de mi vida en que apenas lo recuerdo. Pero cuando lo recuerdo, lo recuerdo teníendome en sus brazos o lidiando con mi cuerpito trepado en él. Me sentaba en sus piernas, me le acomodaba y de pronto gritaba: Y que me rompía!!

Yo me dejaba vencer por el peso, me le escurría como agua entre los dedos, mi papá haciendo todo lo posible por que la nenita no se le cayera, me agarraba de aquí, me agarraba de allá. Ingeniería total para pescar el cuerpo de la hija. Nos reíamos tanto.

Esto va a sonar absurdo pero he tenido mil y un accidentes, tobillo, espalda, cuello, cuello, cuello, ¿ya dije cuello? y no había vuelto a pensar en ello. Hoy cuando le explicaba a mis alumnos de mi tonto accidente de anoche les dije que había sido como romperse. Y en eso, en eso me sacudió la memoria y frente a mí estuvieron todas esas veces que me rompí en brazos de mi papá y que él me retuvo como nadie puede retener al agua.

 

en un martes gordo

yo sylviaguilarzéleny amoleme la rodilla en un intento de explicar un adjetivo (para el cual era completamente innecesario que yo usara la rodilla).

dolor mucho.

seguiremos informando.

DESAS VECES

En que una misma se da cuenta de que escribió un cuentazo. Ahora hay que ponerlo en pantalla porque si sigue completito en la mente pos nomás no, ¿vedá?

DEPARTAMENTO DE BEBÉS

El jueves nació Sophie. Un día antes (o un día después) la dulce Aelynn cumplió tres meses. Ayer bautizaron a Cecilia. Las tres princesas de las que hablo son hijas de tres queridísimas amigas mías. Amigas que para tener a sus peques pasaron por mil y un avatares, la naturaleza poniendo frente a ellas un reto tras otro. Pero ya están, ya son. He ahí que en este mundo hay tres hermosas nenitas hijas de tres hermosas mujeres que no están aquí (señalo mi ciudad) pero que siempre están aquí y acá (señalo corazón y cabeza).

Un bebé más viene en camino y su mamá sabe lo mismo de historia del chocolate que de literatura o sea: mucho. No, no, no, no se me confundan, no soy yo. Aquí el departamento de bebés está cerrado, ¿para qué abrirlo si el mundo tiene ya Aelynn, Sophie y Cecilia?

Me siento feliz, feliz por mis amigas, feliz por estas nenas.

PELOTAS

Hay días en que estoy hecha pelotas. Mi cabeza da vueltas y vueltas, vivo en el presente pero me aterra, inquieta, acelera el futuro, hago planes que borro con la manga derecha de mi suéter (o tal vez sea la izquierda ya ven que soy medio disléxica). Hay días en que a media noche me comienza el hormigueo en las piernas y me despierto y luego ya no puedo volver a dormir. Hay días en que estoy segura de que en algo la estoy cagando, con mis amigos, con mi trabajo, con mi escritura, con mi hijo, con la cocina, con el trapeado del piso. Hay días en que camino como zombi tres cuadras y a la cuarta me acuerdo que algo dejé en casa. Hay días en que tengo ganas de aventarlo todo, cerrar esta casa e irme al terruño pero allá ya no tengo casa ni trabajo y entonces me acuerdo porque me vine y se me quitan las ganas de regresarme. Hay días así en que estoy total, completa e inexorablemente hecha pelotas.

Pero hay días que no.

Hoy, por ejemplo, no.

hay

noches de jueves que inician con un té, continúan con unos tacofish, se amenizan con una margarita, se acompañan luego de un bloody mary, se aderezan de un vodka de pepino y entrelíneas tienen una charla con la única amiga-amiga en esta ciudad texana. hay noches así: bonitas. ¿ya mencioné el mousse de mango?