these are the forces

XVII
No one’s fated or doomed to love anyone.
The accidents happen, we’re not heroines,
they happen in our lives like car crashes,
books that change us, neighborhoods
we move into and come to love.
Tristan und Isolde is scarcely the story,
women at least should know the difference
between love and death. No poison cup,
no penance. Merely a notion that the tape-recorder
should have caught some ghost of us: that tape-recorder
not merely played but should have listened to us,
and could instruct those after us:
this we were, this is how we tried to love,
and these are the forces they had ranged against us,
and theses are the forces we had ranged within us,
within us and against us, against us and within us.

Adrienne Rich (underlined by me)

CLORO EN LAS MANOS

Estoy en mi clase de teatro. Tengo frente a mí a una dramaturga interesantísima: Guadalupe de la Mora, autora de “Almas de Arena” y “Amor Impune”, dos obras fuertísimas que construyen dos asuntos constantes en Juárez, la inmigración y sus peligros y la violencia. “Quise escribir sobre aquello que yo no encontraba en lo que leía”, nos dijo.

“Amor impune” es sobre un asesino y violador visto desde el contexto familiar, se convierte casi casi en el vecino de al lado, ese que te sonríe cada mañana y del que en realidad lo ignoras todo. Guadalupe habla de lo que fue tener a un asesino viviendo con ella, en su mente, en su vida diaria, en su escritura. La escucho, me pongo las manos en la cara y percibo el olor a cloro que tengo en las manos, resabios de la limpieza de esta manaña. Mi cabeza comienza a volar, logré que el olor de cloro se combinara con el personaje del que me estaban hablando y de pronto heme ahí tomando notas y aprendiendo de una excepcional escritora y actriz de teatro.

 

EL LADO B

Hoy mientras hacía una limpieza de los clósets de esta casa (donde por cierto, nadie estaba metido) me he puesto a pensar que cuando escribo de vivir en esta texana tierra siempre cuento lo maravilloso, lo iluminador, lo encantador. Puro Lado A, pues.

La vida requiere balance, la escritura también. Un cuento: más. Así que a este cuento de la texana tierra tiene que añadírsele su Lado B. Porque no todo es dulzura aquí. No, señores.

En la texana tierra no están ni la madre ni el padre que tanto socorren cuando esto y cuando aquello. En la texana tierra una no puede irse corriendo a la 5 de mayo a escupirlo todo y escuchar sabios consejos. En la texana tierra los trancazos, los dobleces y rompimientos de corazón duelen pinchemente más. Aquí la soledad de un sábado o un domingo puede ser canija aún cuando haya un hijo en la otra habitación. Aquí a cada rato hay que escuchar frases que dicen los mexasesto, los mexaslotro o bien hay que aguantar cuando los gringosesto, los gringoslotro. Aquí a veces no hay un mástil del cual asirse cuando una siente que el barco se hunde entre tanto desierto. Aquí tengo miedo todoeltiempo de estar infringiendo una ley que en mi vida había escuchado. La escuela de mi hijo está repleta de niños que han sido depositados en esta ciudad mientras sus padres se las ingenian para salir adelante en la otra. Mi escuela está repleta de chicos que tienen que ir y venir de esta ciudad a la otra en cruces que pueden durar hasta dos o tres horas diariamente.

Son calles viejas, calles con historia, pero calles que nadie tiene gana de caminar. Hay casas viejas, casas con historia que nadie tiene la intención de habitar.

Me consuela saber que yo camino estas calles y habito esas casas, que yo estoy aquí pero también estoy allá, que he logrado sortear lo que aquí hay y lo que no hay. Me consuela saber que esto es temporal.

 

1 BOILED EGG, 1 APPLE AND A BUNCH OF BABY CARROTS

Levantarse en lunes después de un largo fin de semana repleto de actividades como shopping preadolescente, tarea, limpieza general de casa, brunches y cenas cumpleañeras y un largo round de paintball bajo el sol texano, NO es fácil.

A los quince minutos más de sueño se restó un desayuno en calma en la mesa de la casa. La prisa de bañarsearreglarseprepararse, tomar té verde a la carrera y lanzarse a la oficina a trabajar lo trabajable. En el trayecto entre un camión y tres cuadras caminadas pensé en las ochocientastres cosas que tengo qué hacer esta semana y la siguiente. Apenas puedo creer que ya se acaba marzo tan pronto y que abril viene a agarrarnos casi indefensos para los finales.

A las once am abro mi mochila de sport-billy y saco mi almuerzo. Un huevito cocido, una manzana y un buen puño de zanahorias bebé. Oigo a Javiera Mena mientras le hago al munch munch de todo esto y leo mi periódico argentino favorito. Recorro escenas de un país que, como el nuestro, es tan frágil a veces como el cascarón que acabo de romper.

 

carta XVII

(extraño el amor que nos tenemos cuando no estamos
ese cultivo del lugar del otro en la estimación)



Liliana Lukin, robado de aquí

HOW I MET MY SON

Cuando vivía en el Terruño y trabajaba en el Cerro, me levantaba pasaditas de las 5 am, a eso de las 6 y cachito ya estaba en camino a casa de mis padres para dejar ahí al hijo y correr a mi clase de las 7 am. Básicamente fue así unos ocho años. Pasamos de dejar un bebé ahí a dejar a un niño que apenas cabía dormido en el asiento de atrás. Salía de trabajar entre 4 y 5 pm, lo recogía y el infante ya había comido, ya había hecho la tarea y con suerte ya hasta bañado estaba. No sé qué hubiera hecho sin mis padres todos esos años.

Ahora la vida es completamente diferente. Lo levanto a las 645, el preadolescente se viste y se va a la escuela (desayuna allá con sus camaradas) yo, me quedo en cama un ratito más y luego me preparo mi té, oigo las noticias, me desayuno, me baño-arreglo y me voy a trabajar en la oficina lunes y miércoles, uno que otro viernes. Vuelvo a las 2 pm, me pongo a preparar la comida y espero al hijo que llega a las 3, uno pone la mesa, otra prepara el agua (o al revés), ponemos un capítulo de How I met your Mother y lo vemos mientras comemos y charlamos de las generalidades del día. Recogemos la mesa y él se pone a hacer tarea, yo a leer algo para mi clase y si es lunes o martes me voy a la universidad.

Yo creo que soy repetitiva con este tema pero la verdad es que esta vida nos ha venido bien a los dos, hacemos, compartimos, bueno hasta peleamos sanamente. Así y aquí es como he venido a conocer a mi hijo.

y que me rompía


Mi papá era una figura ausente. Su trabajo era viajar pero parecía ser no estar. No está ahí en mi memoria de esa piñata, tampoco está en la de aquel baile en 3er. grado. No lo veo cuando se me cayó el primer diente. Pero cuando lo recuerdo, lo recuerdo así: Me sentaba en sus piernas, aceptaba mi jaloneo, mi apretarme a su cuello, mi decirle papipapipapipapi. De pronto, yo gritaba: ¡¡Y que me rompía!! Me dejaba vencer por el peso, me le escurría, me le iba, me le iba. Mi papá me agarraba: de aquí, de allá. Máxima ingeniería para apresar a quien se le escurría como agua entre los dedos. El otro día le explicaba a mi hijo mi último accidente, le dije – no sé por qué- que había sido como un romperse. Apenas lo dije y se pusieron frente a mí todas esas veces en que yo me rompía en brazos de mi papá. Todas esas veces que él me retuvo como nadie puede retener al agua. ¿Y todavía te duele?, me preguntó mi hijo. Le dije que sí. (No pensaba en mi rodilla).

les

Les he tomado chorromil medicinas y jarabes, les he aceptado remedios al por mayor. Les he de decir que aunque me siento menos mal todavía no me he aliviado. Es bien raro esto porque en los últimos dos años he estado de los más saludable y heme aquí con el segundo virus fulminante del año, Es curioso pues me enfermo igual que la vez anterior, justo al volver del terruño. Freud, don’t mess with me. Me les he enfermado de nuevo y eso es todo.

seguiré informando-les.

21 de Marzo, Día de la Poesía

Llega un día en que la poesía se hace sin
lenguaje, día en que se convocan los grandes y
pequeños deseos diseminados en los versos, reunidos
de súbito en dos ojos, los mismos que tanto
alababa en la frenética ausencia de la página en
blanco.

Alejandra Pizarnik