PERSONAJES: LA ROSA EMMA

La Rosa Emma no estaba con nosotras en la secundaria pública, ella estaba en un colegio. La Rosa Emma fue la primer chica de mi edad que vi fumando. Se movía con una seguridad por el mundo que, hasta la fecha, yo nunca he podido lograr. Pero claro, la Rosa Emma se hacía acompañar de unas botas militares gigantes (en una época cuando las chicas de nuestra ciudad sólo usábamos reebok de bota). Tenía una chaqueta militar verde que le quedaba gigante y que ella amarraba a su cuerpo con un cinturón. La Rosa Emma nos decía que ella tenía cerveza en su casa, que fuéramos, que su mamá no estaba, que su mamá nunca estaba, que no pasaba nada, que también había cigarros, su mamá no estaba, que estaba la tele con cable, que nos quedáramos a dormir, que veríamos películas de su papá que ya no vivía ahí y lo había dejado todo. Además, ¿ya dije que su mamá nunca estaba?

La Rosa Emma escupía en la calle, iba a tocadas, bailaba slam y mostraba luego sus moretones como una medalla de triunfo. La Rosa Emma tenía una navaja y decía que una vez se la había clavado a un wey que se las quería agarrar. La Rosa Emma recogía gatos de la calle y los alimentaba y los adoptaba, al cabos que su mamá nunca estaba en casa. La Rosa Emma le decía a su hermano, dos años menor que ella, que no podía fumar, que ella sí hacía, porque de todos modos ya era un caso perdido, pero él no.

La Rosa Emma fue la primer mujer de 14 años que yo conocí.

SI ALGUIEN

Levanta la voz. Si alguien se levanta de la mesa. Si alguien sale por la puerta. Si alguien se niega a bajar los puños. Si alguien avanza sin deseo de retroceder dos segundos. Si alguien guarda silencio. Si alguien mantiene el silencio. Entonces alguien más cierra un capítulo que, en realidad, no quería cerrar. Necedad de alguien, supongo.

PLATES WERE HUGE (EXCERPT)


The plates were huge. Infinite. Mother served mashed potatoes, meatloaf and vegetables on them. Colossal amounts of food. Come, she said. Her hands called us, she pointed our places at the dining table; her fingers, then, brought food from an invisible plate to her mouth. She ate air. I don’t remember exactly what we did first, maybe we bit our nails, maybe we hid our hands in the sleeves or sunk our heads in the sweater. But I am certain that we crossed eyes before we dared to come around.

Marina and I resigned, we had to eat. Each of us took a place at the table. The plates, as I said, were already there, waiting for us. Once we sat, Mother pushed our chairs, close, so close to the table. We could barely move. Yes, that I do remember, that thin line of air between our bodies and the table. I was staring at it, the line, when Mother said: Eat. I looked at my plate. Marina did the same. We crossed eyes again. She talked to me with no sound. I could read her words: smells-rea-lly-bad. I responded the same way, a subtle lip movement: eat-it-up. Marina was right. Mashed potatoes and meat stank. Carrots looked darkish. Green peas were yellow. How old was that food? None of us moved the fork, we had no courage.

 

Eat!, said Mother, again.

 

I would look and look and look again at my plate, maybe in an unexpected magic act I would make it go away. Marina, on the other hand, squeezed her eyes shut. Tight. That, too, was a desperate way to reach magic. We wanted the power to dissappear: food, Mother, us, everything.

 

However, plates and food were still there. We were now crossing eyes with them, as if preparing for an arm wrestling fight. Who would win? Them or us? We all felt disgust for each other. We were there again, face to face. It was us against the huge plates.

 

(translation is mine) (story is mine) (want to read the whole thing? well email me: [email protected])

Hoy a las 7 pm

Tendré mi primer lectura oficial en gringolandia. Leeré en inglés la traducción que hice de uno de mis cuentos. Lo leeré también en español, esta es una Texas bilingüe after all. Y es probable que lea lo que yo llamo la prefacio de Una no habla de esto que se ha vuelto como mi one hit wonder.

 

fin.

¿QUIÉN VA A RECOGER ESTE TIDADERO?

 

El pasillo y la estancia eran mi posesión. Eran el terreno donde se erigía el imperio de la pequeña tirana que yo jugaba a ser. Cajas pequeñas, medianas y grandes eran edificios, los zapatos eran puentes entre un lugar y otro, mis almohadas y cojines eran montañas y lagos. Mis muñecos: mis súbditos. Mis barbies: las cortesanas. El mundo era mío.

Sin embargo, las emperatrices se cansan. Y yo, como emperatriz, lo único que quería ya era irme a la cama. Entré al cuarto de mis padres y les dije: ¿que nadie va a venir a recoger este TIDADERO?, mamá entre risas me dijo, TI-RA-DE-RO, Sylvia, TIRADERO y no, no lo haremos, usted señorita va a recoger”.

Vencida y sola, disolví el imperio.

Años más tarde, a mis pies había algo similar. No eran juguetes, era un fraccionamiento de libros, discos, cuadros, videos, ropa… Una revolución de objetos. No había súbditos ni cortesanas. No se trataba de un juego. Esos, esos eran los restos que él dejaba cuando perdía el control. Y todo imperio termina por caer, por perder la fuerza en sus cimientos. Un día el suyo se vino abajo.

Salí de esa casa con lo único que tenía valor y la clara certeza de que yo, yo ya no iba a recoger ese tidadero.

Memoir, étude 3. sylviaguilar

SIN ESCRITURA

Estoy sin escritura. Este semestre se me ha ido en corregir el libro de cuentos y tallerearlos para una clase, en escribir cachos de memoria para otra clase. En redactar artículos para revistas de aquí y allá. En convertir buenas ideas en ensayos para una clase. Y tengo algo en mente, algo que cuando mucho se ha vuelto notas en una y otra libreta, garabatos en la cabeza. Me siento sin escritura, cuento los días para que el semestre acabe y pueda yo sentarme a mis anchas a escribir. Es raro eso de no sólo tener ganas de escribir sino sentir una necesidad. Los deditos me relinchan. Estoy sin escritura pero está bien porque yo, en realidad, nunca estoy sin escritura, ésta sale cuando tiene que salir y si tiene que salir.

 

TRADUCCIONES

Traducciones
De una mujer
de mi edad o quizá más joven
me muestras poemas
traducidos de tu lengua

Hay ciertas palabras: enemiga, horno, dolor
suficientes para convencerme
que es una mujer de mi tiempo

Obsesionada

por el Amor, nuestro tema:
lo hemos tejido como yedra a nuestros muros cocido en el horno como pan
cargado como plomo en los tobillos
visto con binoculares
como si fuera helicóptero
trayendo alimento a nuestra hambre
o el satélite
de un poder hostil

Comienzo a ver a esa mujer
haciendo cosas: cocinando el arroz
planchando la falda
pasando a máquina un manuscrito hasta el alba

intentando llamar
desde una cabina

En el cuarto de un hombre
el teléfono suena sin respuesta
y le oye decir
“No te preocupes”, “Se cansará”.
Le oye contar su historia a su hermana
que se vuelve enemiga
y que en su propio tiempo velará
su propio camino hacia el dolor
ignorante que ese camino atroz
es compartido, innecesario
y político.

Adrienne Rich

TENGO

Tengo un amigo que tiene una enfermedad rarísima, una enfermedad que tiene nombre de lobo. Tengo un amigo que puede con eso y más. Tengo un amigo que tiene una barba, también de lobo, que aunque le hacen rasurarla para su trabajo, le crece y le crece. Tengo un amigo que le dispara a la fruta. Tengo un amigo que a veces no quiere ser mi amigo pero otras veces lo es. Tantísimo.

TODOS PERDEDORES

Yo creo que nos cansamos de perder. ¿Sabías que somos lo que vamos perdiendo? Hay quienes dicen que somos lo que ganamos, pero no, somos lo que perdemos. Somos episodios de pérdidas. Acumuladores de pérdidas. Unas encima de otras, torres de pérdidas. Construimos fraccionamientos de pérdidas. Todos perdedores.

(…)

Por eso nos acercamos a la muerte, porque con ella ya no queda nada, ahí ya perdemos, definitivamente, lo que nos queda por perder. Y descansamos.

Fedra y otras griegas, Ximena Escalante.