Cuando me mudé acá y compré mi primer teléfono, un pinche cricket pequeñito que en nada se acercaba a mi aún extrañada Blackberry, tenía unos dos o tres números en la agenda nada más. Tengo que admitir que me ponía un poco triste eso, ya sé, es absurdo, pero tener gente en la agenda me daba seguridad. A veces no llamo a la gente -todo mundo sabe que soy pésima en el teléfono- pero me encantaba mandar mensajes, me encantaba escribir en momentos de auxilio, soledad, aburrimiento o divertimento a quien quiera que estuviera ahí. El pinche cricket tenía un vacío total. Pasé esos primeros meses no sólo extrañando a mis amigos, sino extrañando la posibilidad de tenerlos al alcance de una tecla.
Hoy incluí en mi agenda de mi teléfono (otro cricket pero menos chafa) a Josie hija de mi amiga Cheryl, una historiadora genial. Mientras lo hacía me di cuenta de la cantidad de contactos que tengo ya, gente que está conmigo en el programa pero, especialmente, gente que se ha ido adentrando en mi vida en el último año. Tengo ya todo un menú de dónde escoger. Tengo un contacto para cada caso, para reir, para dramatizar, para terapiar, para echar una chela, para para para.
Y así señores es como una crea metáforas en un pinche teléfono celular.
fin.