EL OLVIDO

El olvido que seremos un libro que llegó a mí después de un diciembre de corazón doblado. Qué caso explicarlo, qué caso decir por qué a veces a una le regalan libros.

El caso es que este libro llegó a mí y no es sino hasta ahora que he sentido deseo y he encontrado el tiempo de leerlo. Su autor, Héctor Abad, habla con una dulzura indescriptible sobre su infancia y, especialmente, sobre su padre. Una lo lee y piensa en el propio, en el ajeno.

Ah, la figura del padre.

 

WENDY HABLA DE CUBA

Pero bien podría estar hablando de cualquier otro país. Por lo pronto, hoy que en mi país los jóvenes han creado un movimiento y marchan en contra de un candidato que es más una burla, esto que ha escrito Wendy Guerra queda como anillo al dedo.

“No es desánimo, tampoco emoción por habernos soltado y dicho cada cual lo suyo. No sé ni qué siento todavía.

¿Quién nos promete que todo va a cambiar? ¿Qué viene después para nosotros? ¿Qué nos espera? Una apertura, un holocausto o la dispersión total de todos los que aquí estuvimos…”

LA HERENCIA DE MI HIJO

Creo que queda claro que como escritora nunca voy a hacer millones (y juro que la culpa no la tendrá mi obra sino el mercado). Y si no voy a tener millones pues básicamente eso significa que mi hijo tampoco (al menos no de mi parte, si su futuro en la animación digital dicta de otro modo pues qué mejor). Decidí hace años que, por lo tanto, lo único que puedo heredarle son experiencias. Entiéndase experiencias de vida, entiéndase experiencias de vida que pueden venir de muchos puntos: viajes, libros, música, películas, comida (sí, comida) y otras cosas más.

Mi hijo, así, ha leído desde los 6-7 años cosas varias. Se echó por supuesto un montón de libritos de Francisco Hinojosa, se echó así el Hobbit y la serie en cine de El Señor de los Anillos. Ha leído Persépolis de Marjane Satrappi, ha leído Deseo de ser Punk de Belén Gopegui, The Zombi survival guide de Max Brooks (esa más que nada fue por prevención) y ahora lee la biografía de los Beatles escrita por su ingeniero de sonido, además del gordogordo volumen de la novela gráfica The walking dead. Mi hijo, además, ha visto películas que no necesariamente son las clásicas para chicos de su edad. Anoche, por ejemplo, vimos juntos Goodbye, Lenin y estaba picadísimo. Él, además, ha hecho sus propios descubrimientos literarios y fílmicos que no puedo sino aplaudir.

Mi hijo escucha AC/DC, The Beatles, Johnny Cash (igual que escucha LMFAO, debo decir, pero qué se le va a hacer) y está entusiasmado con la idea de ir pronto a un concierto en serio.

Mi hijo, pues, es el más hermoso balance de pasadopresentefuturo. Todo este tiempo he creído que le heredo cosas pero no, creo que eso, como muchas otras cosas, ha sido obra de él mismo. Tengo un hijo que traza su propio linaje. En todo caso, la herencia de mi hijo, la recibo yo de él.

 

Yo de él.

SARA, EN OTRO PLANETA

La primera vez que la conocí fue en un Burguer King, en Monterrey. Estábamos en un encuentro de escritores y ahí tocaba comer ese día. No nos presentaron. En ese momento era para mí la poeta amiga del poeta. Tenían la mesa más risueña y popular del restorán. Yo oía, risasrisas. Uno o dos años después la vi en otro encuentro. En esta ocasión sí nos presentaron, o algo así, pero mejor aún: me tocó escucharla leer. Una vez nos conectaron porque ambas estábamos trabajando libros relacionados con las hermanas. No sé en qué quedó el suyo, el mío sigue en un cajón. Ahora somos amigas en facebook. Nos seguimos en twitter. Nos leemos en sendos blogs (o tal vez sólo lo haga yo). Sara dice: “soy esa que recorre, que construye, que inventa mundo paralelos” y yo sonrío.

Si viviéramos en la misma ciudad, seguro me iría a tomar un par de cervezas con ella al menos una vez a la semana. Hablaríamos de libros, películas, gatos, zombis (bueno, yo siempre quiero hablar de zombis). Nos prestaríamos libros, a lo mejor intercambiaríamos textos. Yo un cuento, ella un poema.

Pero Sara está en otro planeta. Lo bueno es que puedo leerla desde el mío.

Léala usted aquí, hágase el favor.

 

 

dramática

he estado medio dramática. entre noticiasmuertesyaccidentes a una le da por pensar. en la fragilidad y esas parrandas. leo con calma y paciencia Todos se van de Wendy Guerra. es de esos libros que una no quiere que se acaben y que al mismo tiempo ya quiere que se acaben. un libro duro, pues. ¿cómo no va una a ponerse dramática con estas lecturas? reviso mi librero y todo va sobrelomismo. ¿qué me hago? ¿por qué me gusta esto? sebalds, coetzees, kérteszsss, jaeggys, homes y purasdesas.

pero me estoy saliendo del tema. decía que he estado dramática pero me lo quito ya mismo. hoy, por ejemplo, fue un buen día. tal vez eso es en lo que una deba concentrarse: en tener un buen día. y luego otro y luego otro y así.

EN EL PAÍS DE NO PASA NADA

Nadie puede acusar a México de ser el país donde no pasa nada. En México pasa de todo. Hay incendios en guarderías y los responsables quedan impunes. Hay candidatos que no dan el ancho ni como personas. Hay cuerpos sin manos ni cabeza tirados aquí o allá. En México vaya que hay.

¿Cuándo se volvió el país donde pasa todo?

Keeping things whole

In a field
I am the absence
of field.
This is
always the case.
Wherever I am
I am what is missing.
When I walk
I part the air
and always
the air moves in
to fill the spaces
where my body’s been.
We all have reasons
for moving.
I move
to keep things whole.
-Mark Strand

dos diez

Acá, básicamente, se celebran dos días de la madre. El 10, que es a la mexicana, y el 13 que es a la gringa. Yo digo que de los dos no se hace uno. Entre que uno come mucho o lava mucha vajilla, entre que uno se contenta por ser madre pero extraña a su madre. El caso es que es un día medianamente jodido. O será sólo que estoy de malas porque esta mañana una madre, una madre muy querida por mi familia y por muchas familias, dejó este mundo y las madres tal vez nunca deberían dejar el mundo.

Así que aunque haya dos diez, se siente una como de cinco.

ESTOY

Como en huelga de pantalla. Necesito unos días para quedarme en cama o en el futón con libros, pelis y nutella, así que desaparezco unos días. Prometo volver pronto y con mitotes varios.

EL GATO DANTE

Había renunciado a la idea de otra mascota, lo de Dylan la verdad me tuvo tristona demasiado tiempo. Pero resultó que en casa de mi querida Cheryl nació un gatito, uno solo. Un gatito que, curiosamente, estaba siendo criado tanto por papá como por mamá. Un gatito negro, flaquito, con un ojito enfermo. ¿Cómo negarse?

Lo he bautizado Dante, este gato tiene mirada de saberlo todo. Desde que llegó a casa adoptó rincones y escondites, no quería salir. Sabíamos que seguía viviendo con nosotros porque veíamos su plato de comida vacío, pero de ahí en fuera, no le veíamos ni el rastro. Nos explicaron lo siguiente: Dante tenía el síndrome del hijo único y no sabía socializar. Nos recetaron lo siguiente: terapia de afecto. Entonces, ahora tomamos turnos para tenerlo encima, acariciarlo hasta que Dante haga pppprrrrrrrrr.

Es absurdo, lo sé.

Pero desde ayer El Gato Dante se ha posesionado de la parte alta del futón, camina hacia donde estamos, hace volteretas mortales y se deja oír más. Así que deposito mis últimas gotas de maternidad en otro ser peludo.