ESCUCHEN

Escuchen. Un hombre camina solo hasta llegar a perder la noción del número que marca su soledad. Anochece y ese hombre camina cogido del brazo de la mujer que ama. Ella levanta la cabeza, le mira; luego le coge su mano, ríe. Y el hombre no sabe qué hacer.

La escala de los mapas, Belén Gopegui.

EL CUERPO DE SYLVIA

El cuerpo de Sylvia lo dice todo. Cuenta pasadopresentefuturo. Bueno, no sólo el cuerpo de Sylvia, el cuerpo de todos. Heme hoy con un gran dolor en el lado derecho, heme hoy con la espalda medio hecha pedazos, heme hoy untándome cuantamadre tengo en casa porque músculos y nervios han reaccionado mal al estrés de la última semana. Sé perfectamente qué es cada dolor. Sé quién es qué en mi cuerpo. El embate de la sal, la genética, todoalavez.

El cuerpo dice que necesita descanso, paz, aprender a desentenderse un poco de lo que no le toca resolver. Soltar. Soltar. El cuerpo de Sylvia resiente y resiste. Lo ha hecho tantas veces más. Hoy duele, mañana tal vez también, pero luego, ya no. Así es cada tanto tiempo.

Lo que saqué del Betty Ford

Jugamos a que estuvo en el Betty Ford y yo le ayudaba: le escuchaba, le aconsejaba. Jugamos luego a que yo estaba en el Betty Ford y era a mí a quien se escuchaba, a quien se aconsejaba. El Betty Ford se volvió una metáfora, una alegoría, una idealoca, un saco donde se meten problemas mayores que el día a día marcan en la vida a vida. En este acuerdo que sostenemos se discute, se ríe, se come, se bebe té, se ven películas, se oye música. Todo por partes o al mismo tiempo.

El punto es que mientras jugamos a que somos seres humanos, en vías de purificación, recién salidos del Betty Ford, hacemos lo que no sabíamos que podíamos: ser nosotros mismos.

CUATRO DÍAS EN LA BAJA en ocho puntos

1. Aeroméxico me la volvió hacer. Me levanté a las 4:45 am para madrugar en el vuelo de las 6 am a Culiacán y luego a La Paz, pero quedamos varados en Culiacán casi cuatro horas. Descubrimiento: tras ser encuestada por una mujer con zapatos atiborrados de flores de plástico aprendí más de mí que de las aerolíneas. Preguntas ejemplares: ¿se considera usted sofisticada, explosiva, tímida, independiente, segura, racional? Mis respuestas no tuvieron nada de ejemplar.

2. Llegué a La Paz un día antes de que el evento iniciara. Recorrí el centro, caminé por el malecón, tomé fotografías, compré dos libros, un chai, una botella de agua y una sombra para ojos en gel. Dato curioso: la sombra es china.

3. La Premiación a la que vine pasó sin pena ni gloria, una ceremonia sencillísima. Luego a descubrir que mi nombre sigue siendo un dilema para la gente, el cheque salió más así que tuve que endosárselo a una chica que se portó amabilísima conmigo desde el inicio. Deposité el consabido dinero ganado por escribir y luego me lancé a comprar una estrella de mar. Dato importante: Cuelga de mi cuello ahora. Renté un auto y me fui a Todos Santos.

4. Nada como manejar a solas, nada como ser dueña de la música, del volante, del tiempo, de una misma. Ah, la solteranía. Me paré en una esquina con arena, sol y un mar. Nos rugimos el uno al otro, nos reconocimos el uno al otro. Le dije que donde yo vivo ahora no hay mar, me dijo que no imagina qué significa eso. Secreto a voces: el mar de este lado ruge más que del otro, ah, los misterios del Mar de Cortéz.

5. En Todos Santos conocí a Dany Lamet, un chef belga grandioso, el mero mero del mero mero Hotel California lo entrevisté, hablamos de comida y de vida y de comida otra vez. Me subí al carro y volví a La Paz llena de vida y de comida. Nota mental: hacer esa salsa de ciruela, mango y jengibre sobre un pollo en vez de un pez a ver qué sucede.

6. Leí el viernes por la mañana. Me preguntaron, cuando terminé, si mis cuentos eran feministas. Cuando el evento acabó, corrí al hotel, preparé mi mochila, tomé el auto y me lancé a Balandra, oh, la Bella Balandra. Me doré al sol, caminé por un mar que es mío y no. Pensé en todo y en todo.

7. Vi un pequeño bosque de Mangles, quisiera que todos supieran lo que un mangle significa para mí. En el centro de ese pequeño estero había uno, uno en especial. Me detuve, me bajé del auto y tomé una foto que me servirá para recordar ese día en el mar y no porque la foto sea linda sino por lo que es. Predeterminación: Por lo que se es.

8. Soy un pequeño Mangle, resisto el embate de la sal. Escribí en la esquina de un libro. Tengo que recordármelo. La vuelta en casa fue la vuelta en casa. Luego vi amigas, amigos, exes, lugares llenos de gente con otras cosas en mente y con cosas sin mente. Aseveración: Yo desde mi rincón, como un mangle, resisto el embate de la sal.

 

no escribo

porque he estado del tingo al tango. viajes en carretera. desveladas de sonora tierra. pausa y avanzo. entre tomando aliento y dejando el aliento. no escribo pero anoto todo en la mente. hago como que no, pero sí, nota tras nota. memoria fotográfica de lo que ocurre. hoy, por ejemplo, anoto en mi mente que estoy por volar por encima del mar hasta la península.

EN ESTE CAFÉ

La calle, la gente adentro, la gente afuera, la música, el sonido del vapor de la leche, sí el sonido del vapor de la leche. Las puertas que se abren y se cierran, las ventanas que por qué no se abren, por qué siempre se cierran. Los autos los autos los autos. Los hombres en bicicleta. Las mujeres en bicicleta. Los que fuman y los que no fuman. Los que leen, los que escriben, los que como yo a veces se sientan en esta barra para ponerse la mano bajo la barbilla y mirar a todos lados. Los que mueven el pie cuando suena esa canción. Los que cierran los ojos cuando suena esa otra canción. Los que miran el reloj. Los que no. Los que nada. Los que nunca.

Y de este lado, los que sí, los que todo, los que siempre. Los que siempre estamos en este Café.

alfileres

Para Andreas, lo más parecido a la felicidad era el ritmo constante de las obligaciones ineludibles que le sujetaban al momento presente como los alfileres sujetan las mariposas enmarcadas. Sin embargo, por mucho que uno lo deteste, a veces no queda más remedio que pensar en las cosas que uno no quiere pensar, especialmente en los días de lluvia.

El hombre que inventó Manhattan, Ray Loriga.

Llegó el verano

El domingo el hijo y yo decidimos que llegó el verano. Le fui a comprar unos tenis, unos tenis fabulosos, unos tenis tan merecidos. Porque si yo me aventé la odisea de dejarlo todo y venir a vivir acá, él también lo hizo. Él dejó amigos, padre, hermana, abuelos, casas, mascotas. Llegó acá e hizo amigos, aprendió un idioma y aprendió a moverse en una ciudad texana. ¿Cómo no le iba yo a comprar sus tenis?

Pero bueno, tenis aparte… el verano llegó y con ello llegaron nuestros planes. El domingo vamos de vuelta a la Sonora Tierra, lo dejo  ahí a vacacionar, a descansar y me regreso acá a trabajar y trabajar. Luego nos veremos en el DF donde nos divertiremos como enanos.

Nos hemos admitido que nos vamos a extrañar en el mesymedio que no nos veremos. Nuestra serie que vemos al mediodía, nuestros almuerzos largos, nuestros desayunos repletos de calorías, nuestras charlas en el futón o en la cama. Nuestra vida juntos. Pero está bien, todo es un proceso.

Llegó el verano y será intenso.

No tengo lado

Quien ha seguido este blog por meses-años seguramente sabe que mi cuerpo ha sufrido muchos accidentes e incidentes que me han tenido encamada, enyesada, casi casi engargolada en diferentes épocas de mi vida. Por eso y porque soy una adulta responsable busqué a alguien aquí en Texas que le diera seguimiento al cuidado que mi huesero y mi masajista me han dado por años.

Y así es como encontré a Eli, una chica fabulosa que prontamente descubrió mis pequeños grandes males físicos. Hoy, por ejemplo, me dijo que debo dejar de ayudarla, debo aprender a relajar, relajar mi cuerpo y dejar que ella lo mueva, lo subalobajelohaga (eso último no dijo ella pero déjenme con mi licencia poética). Me dijo, también, que aunque sabe y entiende que mi problema es el lado derecho le preocupa más mi lado izquierdo que es el que está tratando de compensar todo lo que el derecho no hace bien.

Pinche lado derecho.

El lado izquierdo tiene una contractura, una inflamación y una tensión de pies a cabeza (literal y metafóricamente hablando). Así, hoy Eli trabajó y trabajó y trabajó mi lado izquierdo y mientras ella lo hacía yo hablaba con el lado derecho, le decía que no hay que ser que no podemos seguir así recargándonos en el otro, o nos balanceamos o nos balanceamos, lado. El lado derecho hizo lo de siempre: callar.

Pinche lado derecho.

Me pregunto qué opina el lado izquierdo de todo esto.

Pobre lado izquierdo.