CAMINAR SIN AUDÍFONOS

Parecía como un reto de reality show: camine usted por la ciudad, súbase al camión, al metrobús, al metro sin escuchar ninguno de sus playlists, quítese esas cosas blancas de las orejas y escuche a la ciudad a la gente a la calle a los árboles a la lluvia a los vendedores a los carros a los dueños de los carros cuando se enojan con los dueños de los otros carros al policía y a su silbato.

Escúchelo todo.

Lo hice. Dejé el iPod en el departamento caminé subí bajé sin escuchar mi música favorita. Puse real atención a los sonidos de l universo defeño a las conversaciones a los susurros a los gritos a todo aquello que hacía de las calles una caja acústica.

Caminé sin audífonos y lo escuché todo.

en la ciudad de los monumentos, los parques, los museos y el metrobús

Deberían estar orgullosos de mí. Desde el día 1 que llegué he trabajado en la tesis, ahí me tienen en el hermoso escritorio de cristal que mi anfitriona dispuso para mí, teclee y teclee, anotando, dándome golpes cuando no sé cómo traducir o reinterpretar tal o cuál palabra.

Pero también, oh sí también, he podido salir. Largas, largas, largas caminatas por este lado de la ciudad (ya les dije que corro por Reforma todas las mañanas?) he estado en un par de parques, he visto una exposición maravillosamente triste de expresionismo alemán, he visto El Beso de Munch (y con eso basta para que el mundo se vaya al demonio el día siguiente) he visto -de lejos al menos- mi monumento favorito (jamás les diré cuál es) y he bajado las escaleras del Palacio de Bellas Artes y del Museo Nacional de Artes (a donde hoy vuelvo para ver la expo de Surrealismo). Bueno, con decirles que ya hasta en el metrobús me he montado (no sin el nervio necesario).

Y así, en la ciudad de los monumentos, los parques, los museos y el metrobús, corren los días.

crying about music

“Do you need someone to talk to?” she said gently.
“Oh. Thank you. No, no, I’m fine.”
He touched his face – he’d been crying harder than he’d realized.
“You sure? You don’t look fine.”
“No, really. I’ve just . . . I’ve just had a very intense emotional experience.” He held out one of his iPod headphones, as if that would explain it. “On here.”
“You’re crying about music?”
The woman looked at him as if he were some kind of pervert.
“Well,” said Duncan. “I’m not crying about it. I’m not sure that’s the right preposition.”
She shook her head and walked off.”
― Nick HornbyJuliet, Naked

con la pluma desenvainada

Heme de nuevo en esta ciudad, en esta colonia, en este departamento, en esta habitación. Escribo sobre un escritorio de cristal con una gran ventana al lado mío que está tapizada de páginas de El Cordón de Plata de Lobsang Rampa. Heme aquí después de volar, aterrizar, y haber corrido por Reforma 40 minutos pensando en que este será un lugar de trabajo durante julio-agosto. Heme acomodando los libros que he traído para la tesis y la libreta de apuntes. Heme aquí en el DF con la pluma desenvainada.

alguien en algún lugar

pensó en mí y me mandó esta fotografía de esta playa de esa isla que se rodea de mar y se llena de un verde que no cabe en los ojos. alguien en algún lugar pensó en mí en un día que se avizoraba gris.

hit the road jack

Mañana tempranísimo aplico un examen, luego corro a tomar un té veloz con mi amadísima Nicky, será la última vez que nos veamos en nosécuántotiempo, ella se va a trabajar en un hospital en Dubai. Después de los abrazos me vendré a casa a meter maletas, gato y ánimos y me lanzo a la carretera. La 10 y yo nos hemos hecho amigas. He preparado una lista medio suave para entretenerme pero, también, he roto mi gran promesa y he comprado dos audiolibros. Uno de ellos es de Nick Hornby así que en algún punto de la carretera comenzarán a leerme Juliet Naked. Planeo llevar lonche en el carro y no parar más que al baño. Este será un viaje más pesado, pasaré sólo dos días en el terruño y luego a volar a un verano defeño, un verano de escritura, un verano isabellino, un verano de pensar y no pensar, de planear y no planear, un verano de despedidas. Me explicaría pero no lo tengo claro aún.

anyway, tomorrow we hit the road jack.

los papás

El Papá de Carlos está muy enfermo. En una habitación de terapia intensiva desde el lunes. El Papá de Sabina está muy enfermo. Un pulmón bien cabrón. El Papá de María, el Papá de Lore: los dos murieron no hace mucho. El Papá del papá de mi hijo, dos años atrás.

Neta, ni los papás, ni las mamás deberían morirse nunca. Un mundo sobrepoblado de papases y mamases, eso necesitamos. Pero entonces, romperíamos con un ciclo natural de la vida.

Pinche ciclo.

y cuando yo no quiero escribir, Maggie Nelson sí. Pequeña rebanada de un poema climático que le he traducido.

I wonder how it is with you. Well,

you are probably busy with the harvesting.

 

Is it a nice fall there at home?

Here it is changeable.

 

One day it rains,

the next day the sun shines.

_________

Me pregunto cómo estás. Bueno,

seguramente ocupada con la cosecha.

 

¿Está lindo el otoño allá en casa?

Aquí el tiempo es cambiante.

 

Un día llueve,

Al siguiente, el sol brilla.

 

Jane: a murder. Maggie Nelson

NO ESCRIBO

Hasta tener los verdaderos resultados de la elección.

 

He-di-cho.

he pensado en seguir

He pensado en seguir, seguir a alguien. He pensado en elegir un poco al azar, un poco apelando al instinto (o lo que queda de él) a una persona. Una de esas personas que uno termina topándose todo el tiempo, alguien en el café, alguien en la biblioteca, alguien en el supermercado. Algún dueño de rostro conocido sin serlo. Seguirlo. Observar qué pide de tomar, si paga en efectivo o con tarjeta, tomar nota de lo que pone en su canasta de mandado, del tipo de tenis que usa, lo que lee (si lee).

He pensado en seguir a alguien, poner atención a sus gestos, ¿cómo sonríe cuando pide la cuenta, cómo cuando le presentan a alguien? Hacer un recuento de sus manías: ¿se come las uñas? ¿se jala los pellejitos? ¿se pone el cabello tras la oreja repetidamente? ¿sonríe cuando ve algo bonito, frunce el ceño cuando ve el periódico?

He pensado en seguir la vida de alguien, hacer un registro de la vida que alcanzo a ver por encima del hombro y luego, luego, inventarme todo lo demás. Ponerle un nombre, un oficio, hacerle una casa, acomodar sus muebles, dibujar se genealogía, decidir cómo habla o escribe de amor o tener claro por qué no lo hace.

He pensado en seguir.