B

Ayer el de trece y medio trajo a un amigo a que platicara conmigo. Me encomendaron un artículo en Milenio y bueno, necesitaba una fuente. ¿Cómo le hacen los reporteros de a de veras para no venirse abajo cuando les cuentan las más tristes historias? Yo, mantuve la compostura pero me quedé el resto del día con el corazón doblado. Por B, por B de 13 años que cruza a estudiar aquí desde los 10 años, por B que cruza solito, sin sus papás que no tienen papeles. Por B que se mueve solito en una ciudad donde no tiene familiares. Por B que piensa que en un par de años él y su hermano -un año mayor que él- trabajarán en algún McDonald’s y rentarán un departamento aquí. Por B que sueña junto con su hermano en meterse a la Army para que les puedan pagar su carrera en Leyes y traerse después a su hermanita y a sus padres. Por B que dice que en Juárez “ya nomás matan como dos al día”.

Mi corazón en B.

REAPARECE(r)(s) EN EL PÁRRAFO SIGUIENTE

“Reaparecer en el párrafo siguiente” dice Sergio Prim protagonista de La escala de los mapas de, sí, Belén Gopegui. Subrayo la línea, le pongo un asterisco a la página. La repito. La conjugo. Digo: “reaparezco”, digo: “reaparece”, digo: “reapareces”. La repito: “reapareces”. La hago propia y escribo en mi libreta: “tú reapareces siempre en el párrafo siguiente”. No le hablo a un novio, no le hablo a una novia, no le hablo a un amigo, una amiga, tampoco a un hermano o a una hermana. Le hablo a esa parte mía, a ese pasajero (¿o será pasajera?) que aparece cada tanto tiempo.

Reaparece con su vestido limpio, su pelo ordenado, su carita de no rompounplato pero rompe uno o dos, da un par de golpes, zapatea en el alma un rato, trae consigo una mochila llena de eso que uno no debería cargar porque el peso, ah, el peso.

Reaparece y luego se marcha.Se marcha hasta que es hora de que reaparezca en el párrafo siguiente. O en el siguiente. ¿Cuánto tiempo se quedará esta vez?

yo creo en las hadas

Yo creo en las Hadas, porque si no lo hiciera entonces no entendería por qué de pronto a mí me rodea el amor, a mi hermana le dan un empleo y mis amigas accidentadas poco a poco encuentran su recuperación física y emocional. Yo creo en las Hadas, porque si no lo creyera entonces no habría razones para escribir de las cosas buenas y de las cosas malas que ocurren a cada rato y porque gracias a las Hadas todas -buenasmalas- siempre dejan un polvo dorado sobre nosotros. Yo creo en las Hadas porque si no creyera en algo el teatrito se vendría abajo. Yo creo en las Hadas porque muchas otras cosas en las que he creído se han venido abajo. Yo creo en las Hadas porque puedo.

KN

Tengo una maestra estupenda de teatro: Kirsten Nigro. Es mi segundo semestre como su alumna y disfruto enormidades su clase. Con ella conocí la obra de Ximena Escalante y la de Griselda Gambaro y la de Perla de la Rosa y Guadalupe de la Mora y la de y la de y la de… Con ella me he sentado ayer domingo a hablar del futuro, de esa parte tan académica y difusa de mi futuro.

Llegué con muchas preguntas y tres propuestas, traducción, literatura comparada, español. Ella llegó también con preguntas y luego una a una contestó las mías y me ayudó a conformar mi decisión y mi posible campo de trabajo y vida. De pronto hubo un twist en lo que yo tenía en mente, de pronto se me quitó una venda de los ojos y de pronto creo que ya sé qué exactamente quiero/voy a hacer.

Ahora lo que queda es acabar la tesis, meter los papeles necesarios y dejar que las cosas que tengan que suceder: sucedan.

a punto de

están a punto de ser las ocho de la noche.

él está a punto de llegar por mí.

estoy a punto de ponerme los tenis.

estoy a punto de quitarle el candado a la bici.

estamos a punto de irnos a bicicletear por todo el centro de esta ciudad texana.

(será nuestra segunda larga experiencia de pedaleada) ( la luna y su cachito de brillo serán una parte de la luz) (la otra, la otra: seremos nosotros).

nosotros, tan a punto de.

Thirtynine

What they don’t understand about birthdays and what they never tell you is that when you’re thirtynine, you’re also thirtyeight, and twentysix, and fifteen, and ten, and six, and five, and four, and three, and two, and one. And when you wake up on your thirtyninth birthday you expect to feel thirtynine, but you don’t. You open your eyes and everything’s just like yesterday, only it’s today. And you don’t feel thirtynine at all. You feel like you’re still thirtyeight.

And you are—underneath the year that makes you thirtynine.

 

eleven

What they don’t understand about birthdays and what they never tell you is that when you’re eleven, you’re also ten, and nine, and eight, and seven, and six, and five, and four, and three, and two, and one. And when you wake up on your eleventh birthday you expect to feel eleven, but you don’t. You open your eyes and everything’s just like yesterday, only it’s today. And you don’t feel eleven at all. You feel like you’re still ten. And you are—underneath the year that makes you eleven.

Like some days you might say something stupid, and that’s the part of you that’s still ten. Or maybe some days you might need to sit on your mama’s lap because you’re scared, and that’s the part of you that’s five. And maybe one day when you’re all grown up maybe you will need to cry like if you’re three, and that’s okay. That’s what I tell Mama when she’s sad and needs to cry. Maybe she’s feeling three.

Because the way you grow old is kind of like an onion or like the rings inside a tree trunk or like my little wooden dolls that fit one inside the other, each year inside the next one. That’s how being eleven years old is.

You don’t feel eleven. Not right away. It takes a few days, weeks even, sometimes even months before you say Eleven when they ask you. And you don’t feel smart eleven, not until you’re almost twelve. That’s the way it is.

Excerpt from “Eleven”, by Sandra Cisneros.

DEUDAS

hoy quisiera escribir lo que me falta
no gastar las horas
ni echar palabras al abismo:
bajar a mis profundidades
sola y desnuda.

qué pruebas puedo dar de mi mortalidad.

soy sencillamente fea
con pecas         sueños y dolores.
tengo dos hijos
otro que nacerá el próximo septiembre.
no soy un buen negocio
-enseguida salgo embarazada-
soy el número 338 124 del carnet de identidad
sin foto -los niños la rompieron-
ni sanción -porque no poseo antecedentes penales
mayores ni menores-
trabajo como redactora de programas
un sueldo de 163 pesos
una literatura de carrera
muchos poemas sueltos
y amigos en sus cuatro categorías:
regulares      buenos       muy malos y tristes.
una casa ajena
un ventilador      un peine
la balalaica que me trajo mi hermano
el piano de los conciertos infantiles
una lupa para ver mejor la realidad
las fotos de Martí y Hemingway
reproducciones
libros que aún no me han robado
mapas ampliando la pared
cartas de antiguos amantes
un reloj       una mariposa azul       un corazón

y muchas deudas
infinitas deudas con la vida.

Reina María Rodríguez

ES BIEN RARO

Eso de estar a un tris de cumplir 39 años y querer traer los Puma o las camper todos los días. De pequeña yo pensaba que a los 39 sería una señora de tacones y traje sastre con varios hijos y un marido que trabajaba muchísimo y veía el futbol o el box el fin de semana. Ahora resulta que los tacones los dejo para las bodas o fiestas a las que nunca voy, traje sastre no tengo y soy yo misma la que trabaja mucho y que espera con ansias el sábado de box. Tengo un solo hijo que sobra y basta. En términos de edad supongo que soy una señora pero, no tengo vida de señora sino vida de estudiante. Es bien raro estar a punto de llegar a los 39 y tener una vida como esta. No me quejo, me gusta mi vida sin tacones y sin traje sastre, me gusta mi vida de tenis puma y botas camper. Pero es bien raro de todos modos. ¿Ya dije que es bien raro?