Hoy me despedí del carro que me trajo acá. Del carro que me llevó allá. Del carro que se volvió como mi gran paso a la vida adulta. Es bien absurdo llorar por un carro. Es bien absurdo sentir que se pierde algo pero así pasa, así se siente. Pero nada, nada más bonito que llorar y tener con quién hacerlo. Nada, nada más bonito que la promesa de que las cosas habrán de mejorar porque una, una no está sola. Ya no.
casos que se supone que no tienen relación.
- Hablo con Sarah de mi tesis. Le platico de Maggie Nelson y de su tía Jane. Le digo cómo fue asesinada junto con otras cinco chicas en los 60’s en Michigan. Así, sin más. Sarah me platica de una chica vecina suya, tenía menos de veinte años. Fue a sacar dinero a un cajero cerca de su casa. No regresó. Alguien llegó, la asaltó y decidió matarla. Tenía menos de veinte años. Nadie supo quién lo hizo.
- Repaso con Cheryl algunos términos de mi tesis. Cheryl sabe muy bien de qué va y por qué la estoy haciendo. Me pide que le vuelva a platicar cómo ocurrió todo y entonces se acuerda, ¿o quizá siempre lo tuvo en mente y no lo mencionó antes? Una amiga suya, casi recién casada, su primer bebé en el vientre. Su esposo, un militar que trabajaba en Fort Bliss, estaba de guardia. Llegó por la noche y la encontró ahí, en su pequeño departamento de recién casados, muerta. No se llevaron nada.
BLANCHE
Blanche llegó a mi vida como regalo de cumpleaños. Blanche
llegó a mi vida a darle movimiento, vida, alegría. Blanche es mi nueva bicicleta y es preciosa. En ella voy y vengo a la escuela, en ella los viernes y/o los sábados en la noche nos vamos a recorrer el centro por la noche, las calles son nuestras, el silencio, la luz, el aire el aire el aire. Es difícil explicar esta sensación tan infantil y adulta a la vez de permitir que el cabello vuele un poco, de sentir el viento en la cara, de pedalear como si no hubiera más qué hacer en la vida. Aquí no pienso en nada, aquí no me preocupa nada (excepto frenar a tiempo), aquí no existe presentepasadofuturo, aquí sólo existe el goce puro. Mi travesura: subirme a cierta banqueta sobre Rio Grande y pasar agachadita bajo las enormes ramas de un árbol, tratar de esquivar la caricia de sus hojas.
Blanche ha sido el mejor regalo de amor en años, en muchos años.
OUT OF ORDER
De momento tenemos a la autora de este blog haciendo tarea, terminando una revista y revisando la tesis. Prometemos regresarla pronto con noticias sobre un libro, noticias sobre un concierto y su flamante viaje a Albuquerque.
the future of poetry
the poetry of the future has got to have a lot of nerve. it’s got to come from at least three brains: the brain in the head, the gutbrain, and the brain in the ovaries. it will wax red and rise bone-white. the poetry of the future will be nutritious and opulent. justifications for its existence will no longer be interesting: lenin loved beethoven. the poetry of the future will glitter like a scimtar. the poetry of the future will be unabashedly adolescent. it will get younger as it gets older. it will reflect the interests of both carnivores and herbivores.
“the future of poetry” Maggie Nelson, The Latest Winter.
tres maggies
Estoy leyendo lo que Maggie Nelson hizo en poesía antes y después de Jane: a murder, el libro que traduzco ahora. The latest winter, Shiner, Bluets. Estoy, por lo tanto, leyendo a tres Maggies. Estoy conociendo a las otras que ella misma es. Mordaz, dulce, irónica.
En días como hoy sólo quisiera leer y ya.
Leer a mis tres Maggies Nelsonsss.
3en1
¿Por qué, pregúntome incesantemente, no es posible hacer más de dos cosas a la vez? ¿Por qué el Universo no nos concedió unas tres cuatro manos? O ¿por qué el Universo me hizo tener esta obsesión con el multitasking?
Esto es lo que sucede. No veo la tele pero cuando veo la tele no entiendo estar sentada nada más viéndola. Necesito hacer algo al mismo tiempo: limar mis uñas, acomodar un cajón, sacarle brillo a los zapatos, no sé, lo que sea. Yo soy de las que camina con un libro en la mano leyendo con un ojo y checando la banqueta con otro. Yo puedo dividirme en dos y preparar una sopa y hacer tarea (bueno, supongo que eso o más que eso hace cualquier ama de casa).
Sirva esto para decir que me gustaría hacer mis tareas, revisar la tesis y tejer bufandas porque sí, señores, ya llegó la temporada de tejer.
LOTS OF CRAP IN THE CAULDRON
… Usually I do a lot of reading or research until something takes possession of me. I think of research like throwing lots of crap in a cauldron –bones, feathers, blood, everything– and turning up the heat: eventually it has to come to a boil. (Whether you make something edible is a different question.)
From an interview with Maggie Nelson, here.
TT: Tesis y té
Ayer tuve reunión con mi directora de tesis, dice que leer le está tomando más tiempo del que había pensado. Ella no me lo dice pero yo sé que es porque la lectura de este libro puede ser abrumadora, sin dejar de lado que claro tiene que leer inglés y español para asegurarse de que no he puesto barbaridades. Me entregó una parte más y veo que hay una, cuando mucho dos barbaridades cada dos-tres poemas. Oséase: vamos bien. Hemos hablado de la introducción y del prefacio, me sorprendí a mí misma diciendo qué iba a hacer para una y otra cosa, me sorprendí diciendo cosas que no me había dado cuenta que ya había pensado, me sorprendí dándome cuenta de que tengo las cosas más claras de lo que imaginaba.
Y así las cosas después de la cita me compré un té blanco y caminé y caminé y caminé. Escuchaba a Kat Edmonson y pensaba en el amor, en la muerte, en la poesía, en la traducción y en las orillas de todo eso.
un entristecer
Hubo alguna hora de la tarde en que me venía, me tomaba un entristecer. Y hallaría una distracción en vigilar la limpieza justa de cada lugar, de cada rincón, aun detrás de las puertas, por entre los muebles. Y la limpieza de la vajilla. Y azuzar, como si no fuera mujer frágil. Entonces casi categórica daba mis pareceres; hacía las distribuciones. Cambiaba una extraña cosa allí, una conocida cosa aquí. Y todos estaban acostumbrados; la bonita gente; eran unos dóciles dejando hacer. En la noche cuando se iban a los cuartos y la casa se recogía, ganaba sombras y silencio. Y andaba solitaria por un tiempo corto que me parecía muy corto.
Nicolás Peyceré, Los días sentimentales.
