me

me siento descosida

me siento hilacho

me siento el botón que nadie recogió del piso

me siento el ojal que no encuentra el botón

me siento como colgada en un clóset que nadie abre ya.

los rincones de esta casa

los rincones de esta casa, madre, esconden secretos, manías, gustos. vitrinas con tus figuritas de cristal o de porcelana. tus puertitas retacadas de tazas navideñas o vajillas bonitas que sólo usábamos en navidad. también, ya te lo dije, encuentro carteras por todos lados con tarjetas expiradas. viejos recibos de empleos que dejaste hace siglos, agendas que tú convertiste en directorios telefónicos bajo un sistema poco alfabético. los rincones de esta casa, madre, me hacen sonreír y llorar al mismo tiempo. y este solo apenas es el segundo día sin ti. habrá qué ver que me encuentro mañana.

cambiando de tema, madre, fíjate que el roberto -el amigo del ale- hoy llegó al hospital a donarte sangre y llamó para preguntar tu número de habitación, qué triste debe haber sido oír que su sangre no llegó a tiempo y qué risa, madre, que mi papá dijo: dile que sí, que done de todos modos porque dejamos un adeudo. adeudo de sangre, habrase visto. hoy me escribió una ex-alumna tuya, diciéndome que te quería mucho, yo también le quise responder pero todavía no agarro ánimo para contestar todos los correos que entre ayer y yo me llegaron. me escribió una amiga que es poeta, y me mandó el poema más hermoso y la última línea te la regalo mamá, te la regalamos ella y yo, te la regalamos ella, mi hermana y yo, te la regalamos ella, mi hermana, mis mafaldas y yo: “Barcas somos de tu mar.”

soy tu barca y te navego, ya te dije, en los rincones de tu casa y en los de mi memoria.

Silvia Isabel

10695307_662796157161665_462962796_nSilvia Isabel Zéleny Barraza nació el 17 de mayo de 1937. Era Tauro pero decía que era geminis porque la relación con su único hermano era así, de gemelos. Se casó a los veinte años con Alejandro Aguilar y tuvo cuatro hijos. Fue profesora de primaria y profesora de español en secundaria. Estudió teatro y fue monja, madre, abuela y troyana.

Silvia Isabel Zéleny Barraza fue diagnosticada con cáncer en la pleura el año pasado, desde entonces recibió quimioterapia y radiación. Nunca perdió el cabello que era lo que más temía, perdió los cachetes, eso sí. De los sesentaytantos kilos que pesaba bajó a 39.

En casa queda su olor, sus sitios, sus figuras de porcelana, sus canastas, su gato, su perro, carteras en casi todos los cajones de todos los muebles de la casa. Nadie le dijo que a las tarjetas viejas hay que cortarlas y tirarlas. En casa quedan un perro y un gato que la buscan y nos ven como preguntándose dónde está. Nosotros nos vemos los unos a los otros exactamente igual, preguntándonos no dónde está sino cómo está.

Silvia Isabel Zéleny Barraza fue madre, esposa, amiga, hermana, tía, abuela, profesora, actriz y escritora. Mi amor más grande.

Para Mi Bella Durmiente

Tal vez retornan aquellas imágenes,
abrimos la caja de cristal y tomamos nuestra antigua cabeza, nuestros
primeros espejos ocultos allí,
y acariciamos temblado los labios de esa boca, que parece
atrapada por aquel irresistible deseo de morder el infinito,
pasamos los dedos por el suelo de esa frente, por la apariencia de
las mejillas que se resisten a la revelación,
y ya para entonces, otra vez, nos hemos olvidado de la forma de
nuestra antigua cabeza,
del deseo de esta mano con que aún acariciamos,
hemos perdido para entonces la cuenta
de nuestras estrellas y de nuestras hormigas.

La bella durmiente, fragmentoJosé Carlos Becerra

 

reversa

vamos de reversa. contando días para volver al terruño. para subir al primer piso. cama 117. vamos de reversa deseando que se pudiera dar reversa, al tiempo a los días a la salud a todo. vamos de reversa, vamos a verla a ella.

when I’m 64

Recuerdo perfectamente la charla. Estábamos en la casa de Los Arcos, yo estaba en tercero o cuarto de primaria y le pregunté si le gustaban los Beatles. Me dijo que sí, que sí aunque no necesariamente eran su generación como tal. Me dijo que le llamaba la atención el cabello de todos y que su música la ponía de buen humor. Me dijo que le gustaba especialmente una canción llamada “When I’m 64” porque desde la primera vez que la oyó (andaría rondando los veintimuchos o los treintipocos) le dio por pensar cómo sería su vida a los sesentaycuatro.

Y yo sé, yo sé cómo fue su vida a los sesentaycuatro: sé que iba a sus clases de teatro o actuaba, sé que iba a sus clases de inglés, sé que seguía dando clases y que iba a caminar de vez en cuando, sé que me ayudaba a montones con el de Quince (que entonces era el de dos o el de tres). Lo sé todo, sé todo de sus sesentaycuatro.

Y ahora tiene setentaysiete y está enferma. Ahora tiene setentaysiete y su cuerpo comienza a traicionarla. Ahora tiene setentaysiete y es un cuerpito pequeño que pierde un poco de color y pierde un poco el ánimo pero se mantiene, está.

Cuando yo tenga sesentaycuatro pensaré en esto, pensaré en el año en que mi madre enfermó.

dos capítulos

voy a escribir seis novelas.

mejor dicho: me van a pagar por escribir seis novelas.

mejor dicho: estoy muy feliz porque una editorial me va a pagar para que yo escriba una serie de novelas sobre el llamado “coming out” de chicos y chicas adolescentes.

mejor dicho: he decidido aceptar un reto, y un contrato que me pone nerviosa pero bueno, sin embargo el reto implica construir un mundo narrativo en el cual chicos y chicas podrán descubrir lo que hay más allá de su alma. no, no les voy a enseñar el hijo negro, no, no los voy a educar, voy a compartir las vidas de otros.

¿ya dije que ya escribí dos capítulos de una de estas novelas?

 

HMO

Fue medianamente fácil irme de aquí (o tal vez no y deba revisar viejos archivos de este blog para enterarme). Pero en esta ocasión, en este verano será verdaderamente difícil marcharme. No quiero ni pensar en meter las cosas en el auto, ponernos los cinturones y manejar a la Texanía. No quiero.

Quiero quedarme, quiero estar. Quiero.

Pero mi familia depende de mi sueldo, mi hijo necesita que yo le grite que se meta a bañar, mi Barbudo requiere que le dé lata por sus medicamentos, mi hijistro también necesita de lo que soy para él.

No me puedo quedar.

Pero puedo, eso sí, volver, volver cuantas veces pueda y quiera. Volver y acomodarme a su lado y hacerle reír, volver y contarle de las cosas que me invento. Volver.

limpio y limpio y limpio

Limpio y limpio y limpio porque no sé qué hacer. Limpio y limpio y limpio porque esta casa debe estar libre de bichos. Limpio y limpio y limpio porque no sé qué más hacer. Limpio y limpio y limpio porque quiero tener la mente entretenida. Limpio y le traigo agua, le hago plática, le insisto que coma, le hago reír. Limpio y preparo un juguito de esto, una sopita de aquello. Limpio como si en ello se fuera a sentir mejor.

el hijo ya es grande

Una de las relaciones más saludables de mi vida es la que tengo con el de Quince. Seguramente él dice lo contrario y está bien, es parte de lo saludable que uno le lleve la contra al otro de vez en cuando. Como en esas ocasiones que suplico que se corte las uñas y el presenta una serie de argumentos difíciles de contradecir. Y como las uñas hay otras cosas pero tampoco se trata de balconearlo. Lo mejor es poder sostener conversaciones serias y graciosas con él, lo mejor es cuando lo escucho interactuando con otra gente, sin pena ni temor, lo mejor es cuando debo hacerme para atrás y soltarlo, dejarlo volar solo -metafórica y literalmente.

El Hijo ya es grande y está en su camino de ser más grande. (Sus uñas también).