entre colas, papeles, firmas, inyecciones, bebés lacrimógenos y niños que usan paraguas como metralleta

Hoy fue un día largo, eterno, pinche de pinches.

Primero hubo que levantarse temprano y marcharse sin desayunar (primer error) a inscribir al de doce en la escuela. Una como ya se está acostumbrando a que todo es organizado, ágil y divino en este país pensó que en menos de 30’40 minutos estarían de vuelta en casa para comerse unos huevos benedictos (as if!) pero (segundo error), no fue así. Hicimos una cola de más de dos horas para que nos dijeran que no señora no se le inscribe aún porque le faltan vacunas, vaya a esta clínica, que lo picoteen y luego vuelva.

Y así hicimos. NOs lanzamos a una clínica en el centro de la ciudad, eran las 12, la hora de más sol en la ciudad y tuvimos que esperar una hora afuera porque no había otro refugio y porque si nos íbamos nos ganaban el turno y las consabidas dosis. A la 1 ya estábamos adentro esperando turno para las CINCO CINCO CINCO inyecciones que el infante iba a recibir, estábamos rodeados de bebés que parecían orquestrados para llorar, de mujeres con mínimo tres hijos de cada lado pero, eso sí, éramos protegidos por un niño de unos seis años que armado con un paraguas que tomaba cual si fuera la mejor bayoneta o metralla del mundo juraba que nos protegería del mal.

Acabado el suplicio ese regresamos a la escuela a hacer otras dos horas y cacho de filas inundadas de bebés llorando, hicimos otras doscientas firmas más y listo el joven quedó inscrito  en el siguiente nivel de su vida.

Ese fue nuestro día, un día de colas, papeles, firmas, inyecciones (CINCO), bebés y un héroe de barrio.

Y ERES TÚ

Sin duda eres alguien, pero ¿quién? Por momentos, la imagen que te devuelve el espejo se asemeja en todo a un carboncillo escolar trabajosamente copiado. Son exactamente tus facciones -no puedes negarlo. Y sin embargo, es como si en ese retrato tan minuciosamente se hubieran deslizado los fallos de aprendiz: una cierta contradicción en el equilibrio de los trazos, la falta de brío de algún rasgo – como señales de un agujero pusilánime en el talento del dibujante, como una bruma inmiscuida en el brillo de la mirada. Te miras y te dices que sin duda eres alguien, que ese del espejo eres tu. Y eres tú. Pero no hay nadie.

del Deseo de ser piel roja de Miguel Morey

poner el miedo bajo la mesa

Hoy, no sé por qué, mientras caminábamos al centro me acordé de esa historia que me platicó mi mamá de unos vecinos que tenía cuando era niña, venían de algún país europeo del cual hubo que escapar antes, durante o después de que Hitler quiso todo lo que quiso. Decía mi mamá que si se iba la luz en el barrio la esposa (o era la hija?) se ponía realmente mal, se asustaba un montón. Un toquido fuerte en la puerta y la mujer era un manojo de nervios. Se metía bajo la mesa.

Mi mente me hizo pensar en la ciudad que está al lado, en los helicópteros que de cuando en cuando sobrevuelan. En las persecuciones, en los tiros. ¿Qué sentirá cualquiera que, viviendo en esa ciudad, de pronto oye tiros, gritos, golpes fuertes a la puerta? ¿Serán las mesas allá refugio suficiente?

TODO ESTÁ EN TODO

… percibo que la realidad y la imaginación han calmado sus agravios, ambas instancias han cedido su prepotencia, los antónimos se han disuelto. Presencia, fuga, sueño, realidad, soledad, lejanía, solidaridad, textualidad y crónica autobiográfica han podido conjugarse con alguna comodidad. A veces imagino que estoy próximo al Umbral, al mítico jardín donde encontraré que todo está en todo.

Sergio Pitol, Una autobiografía soterrada

 

FINITO

Querido diario:

Hoy acabé la última entrevista pendiente de una de las revistas. Acabé también pendientes de la otra (a menos que el editor en jefe diga lo contrario dentro de unas horas) (lo cual es muy probable). También terminé ya el libro de Sergio Pitol Una autobiografía soterrada regalo madrilísimo de verano. Estoy a unas páginas de acabar con Rhyme and Reason (diario estarías muy orgulloso de mí porque ya sabes que cuando me gusta algo no lo quiero acabar pero este vaya que me gustó y vaya que me lo eché rápido). También ya acomodé los chingados cajones (pardon my french) y terminé un cuento. Me queda pendiente para esta tarde el artículo de yasabesquién y listo, cierro una semana altamente productiva.

Mañana lavo la ropa, lo juro.

Atentamente, YO.

Y LA CHIQUILLADA

Y la chiquillada haciendo relajo en lo columpios y en el resbaladero, y los gritos de las madre para hacer patente la preocupación “Oyes Danaé, cuida a tu hermano, se va a ir de hocico”. “Jonathan, bájate de ahí, haz caso” “Deyanira Yamilé, ve por unas sodas”. “Kevin Costner de Jesús, dile a tu hermana que te dé tantita soda”. Y entonces Danaé se paraba al lado del hermanito, al que le sacaba medio metro de estatura y empezaba a tratarlo como bebé, y el hermanito más se esperaba por comportarse infantil; y a Jonathan le valía madres las súplicas de su madre y al contrario, menos cuidado ponía en su andar, se subía por el lado de resbalarse y se bajaba por la escalerilla, y acaba de quicio al resto delos niños y los empujaba y se movía como muñeco destartalado, y desde la banca la madre diciendo en voz alta: “este tremendo Jonathan”; y Deyanira Yamilé se sordeaba y la mamá hable y hable, y…

de Rhyme and Reason de Criseida Santos Guevara.

18 días

Le quedan dieciocho días exactamente a las vacaciones, después de eso tómala a clases, a lecturas, a tareas, a los avatares comunes de la vida estudiantil. Esta semana, cada mañana cuando abro el ojo y miro que es temprano me digo, total estoy de vacaciones, bestias pues eso se me va a acabar, ya no habrá opción. Ahora, además, sí hay que levantarse muy temprano para la verbena de desayuno-baño-cambio-escuela del rebelde de doce años. El verano se me pasó volando (aunque al inicio se sentía lento y mudo como película de principios de siglo). Creo que no había tenido unas vacaciones así tan llenas de todo, si lo pienso bien parece una de esas películas que duran tres horas y donde los protagonistas acaban cansados pero sonrientes.

¿Qué resta hacer los siguientes 18 días? todo y nada, lo que se me antoje (después claro de acabar lo que sí tengo que acabar con fecha límite) (no se preocupen jefes y jefas, todo va en orden, un saludo desde acá).

18 días y contando.

NENITAS

Las nenitas van tomando más forma. Me siento entusiasmadísima. Tengo cuentos nuevos, unos ya son borradores acabados y otros son notas a punto de tomar camino. Mi escritura está tomando un camino mucho más necio que de costumbre. Necio es bueno. Trabajo desde ayer en un cuento de señoras en la alberca y acabo uno más sobre una corredora. Están en ciernes otros más.

Las nenitas, pues, comienzan a sentarse solas. Pronto gatearán por toda la casa.

SYLVIA Y EL MAR

El mar y yo tenemos una historia larga. Sé que suena absurdo pero recuerdo la primera vez que lo vi (o tal vez no fue la primera pero es este el primer recuerdo que tengo con él).

Estoy parada frente a él, lo miro, lo miro, a mi alrededor y en la palapa están mis padres, tal vez uno u otro de mis hermanos y a mi lado, justo a mi lado mi Tía Cuca. Está sentada en la arena y me dice: ven. El mar también me dice ven pero no voy. Se lo digo a mi tía, me da miedo. (Es entonces lo que me hace pensar que al mar ya lo conocía yo, de verdad o en la tele, porque ese día llegué ahí ya con mi miedo, todavía no me hacía nada y ya le temía).

Mi tía no es como mi papá o mi mamá. Mi tía no se parece a nadie. Ellos desde el mar me invitan a meterme. Los veo ahí y siento, lo juro, que están lejísimos y que una ola los va a arrastrar y se los va a llevar. Ese es mi miedo, que el mar me arrastre y me lleve, de algún modo se lo explico a la tía. La tía no me dice mucho, me invita a hacer formas con la arena. Descubro ahí una nueva diversión: la arena.

No me doy cuenta de que poco a poco hemos ido acercándonos a la orilla del mar (o será tal vez que la marea subió), veo que el agua se acerca y me asusto, mi tía se da cuenta. Me dice, mira, no pasa nada, la ola viene te moja los pies y se va. La ola viene, te toca los pies y se va. Lo repitió tantas veces pudo, cada vez que una ola venía a cosquillearla. Estiré entonces mis piernas que tenía cruzadas. Permití que ocurriera: la ola vino, mojó mis pies y se fue.

Dejamos lo demás. Mi tía Cuca pegadita a amí me enseñó a no temerle al mar. Seguro ese era su plan cuando se sentó conmigo a jugar con la arena.

Años y años volví a ese mismo mar, para entonces ya había cruzado por clases de natación y yo me metía sin miedo, jugaba, chapoeteaba, nadaba un poco. Jugaba mentalmente a que era una de esas nadadoras que cruzaban el Estrecho de Gibraltar. Alcatraz era mi meta.

Luego algo ocurrió. Algo simple. Fui mamá. La primera vez que fui con mi hijo al mar era invierno y hacía frío pero igual quise meter los pies. No pude. Pensé que era el temor a la temperatura. El siguiente verano ocurrió lo mismo, el agua me llegó sólo hasta las rodillas. Pero mi hijo descubrió el mar de modo menos temeroso que yo y quería estar adentro, así que me metí pero no puedo explicar lo que sentía todo ese tiempo.

Al mar comencé a temerle más cuando fui mamá. Pensaba ¿y si algo me pasa, y mi hijo? catastrófica como de costumbre. Así que las siguientes veces, estar en el mar era cosa de minutos y de vuelta a la arena. Me he metido de noche ya dos veces y he tratado de estar un poco más de tiempo pero a la larga sé que el mar y yo aún tenemos cuentas por ajustar. No urge, tiempo al tiempo, él estará ahí y yo volveré a él y le permitiré que la ola venga, me toque y luego se vaya.

ME FALTAN CAJONES O ME SOBRA ROPA

Ayer, según yo, terminé de acomodar el clóset y creo que ahora puedo sentarme a decir que:

  1. Debo comprar más ganchos y hablando de ganchos me gustan los de plástico duro y no los de metal porque cuando cuelgo mal las cosas le dejan picos en los hombros. Sí, a veces cuelgo mal las cosas.
  2. Debo, de nuevo, hacer un registro general y definitivo de camisetas. Hay unas que no me pongo jamás y que debo exiliar para siempre, otras que me gustan mucho pero como quedan debajo de otras las olvido y nunca las uso. El cajón de las camisetas parece un doñito embarazado y furioso.
  3. Debo dejar de tejerme bufandas a mí misma. Tengo un montonal y brincan cual serpentinas de su caja apenas las abro. Así que de ahora en adelante seré tejedora de otros (o al menos eso intentaré).
  4. Debo felicitarme a mí misma porque dos pantalones que había decidido desechar en mayo porque en definitiva no me quedaban ya, ahora me quedan preciosísimos, cierran sin problema y malo que yo lo diga hasta trasero me forman.
  5. No tengo permiso de comprarme nada, absolutamente nada. Y miren que desde que dejé el imperio educativo regiomontano para ser una simple estudiante dejé de comprarme cosas pero, de todos modos, los cajones y el clóset me escupen todo.
  6. Debo hacer YA mi proyecto de intervención de ropa, les platicaría más al respecto pero por esta ocasión apelaré al factor MISTERIO!