TELEPATÍA
Siempre ha sido así.
Desde que lo recuerdo. En los buenos, no, en los mejores momentos de mi vida, el teléfono suena y es él desde aquella ciudad. Me escucha, me dice. Lo sé y me sabe. Y también: en los malos, no, en los peores momentos de mi vida, el teléfono suena y yo ya sé que es él, que desde la ciudad aquella me llama para decirme, para que yo sepa. Porque él sabe.
Es mi hermano, mi hermano mayor.
En la familia las cosas siempre han funcionado así. El hermano mayor se conecta con la hermana menor. La hermana mayor, con el menor. Los cuatro siempre hemos funcionado así. Los hermanos -aparentemente- se dividen en dos bandos. No se trata de una división cualquiera, se trata de una forma de atrincherarse, de compartir, de estar. Uno puede ayudar más a uno que a dos o a tres. Nadie decidió quién con quién. Las cosas simplemente se dieron así.
A mi me tocó el hermano que vive lejos y está cerca. Muy cerca. Ayer me llamó, no importa si lo hizo porque sentía que acá las cosas estaban muy bien o muy mal. Me llamó y punto. Él, como siempre, sabía que tenía que hacerlo. Hablamos como nunca y como siempre. Nos reímos, como nunca y como siempre.
Y si esto no es telepatía, entonces… entonces yo nó sé qué demonios es la telepatía.
DE CÓMO LA TELEFONÍA CELULAR MODIFICÓ POR COMPLETO LA COMUNICACIÓN ENTRE UNA MADRE Y SU HIJO (cinco episodios)
Episodio 1. Se le dijo desde diciembre, “este será tu celular”. El infante, ocupado en sus otros regalos, ignoró por completo el celular. Y si bien es cierto no era nuevo, sí era un aparatejo altamente solicitado.
Episodio 2. Casi dos meses después se hizo la entrega oficial. Instrucciones básicas para su uso en términos técnicos y espirituales. “Esta tecla es para esto, esta otra para aquello” y “Te llamaré cuando ya venga por ti, llámame para alguna emergencia”.
Episodio 3. Paseo en el auto. De fondo toda la enorme variedad de soniditos desde su celular, un timbre tras otro. “Está eligiendo uno”, piensa la mamá. Le pregunta… El hijo contesta: “no, es que estoy aburrido”.
Episodio 4. Se decide que el menor ya está en edad de caminar solito al Oxxo. Pasados unos minutos, la madre le llama para ver cómo va su aventura. Contesta: “todo bien, ya mero llego, ¿se te ofrece algo?”.
Episodio 5. En el walmart, el hijo llama desde la juguetería a la madre que está en la sección de estambres y pregunta: “¿ya nos vamos?”. Más tarde, a las 8:30 de la noche, el celular de la madre suena de nuevo, es el hijo desde su recámara diciendo: “Se ha hecho usted ganadora de un millón de pesos”, ella contesta: “Te vas a acabar tu saldo”.
Esta historia, SEGURAMENTE, continuará…
SYLVI AND THE DREAM OF FORCES
Belle and Sebastian sing Judy and the dream of horses.
Belle and Sebastian say: “Judy never felt so good except when she was sleeping/Judy never felt so good except when she was sleeping”.
I think, I say, I sing: “Sylvi feels so good shen she is sleeping/ Sylvi feels so good when she is sleeping”.
Judy dreams of horses.
Sylvi dreams of forces (or were they horses disguised as forces?).
Who knows? Who cares?
Sylvi feels like Judy.
Sylvi drives singing the whole Life Pursuit of Belle and Sebastian, and thinks: “never felt so good”.
ESMERALDA
Y desde el DF de las manos de un hermano a las manos de otro hermano para las manos de esta hermana llegó una novela preciosa, esmeralda, rica en piel y palabra de oriente.
La novela de Zhang Jie está aquí. Mis ojos en la primera línea leen: “El atardecer parece una gigantesca esponja que absorbe lentamente los rayos del día hasta extinguirlo…”, sonrío. Sé que esta es la autora y esta es la novela que tenía que leer justo hoy.
A BOB!
Pero hay ocasiones en que es válido dejarse llevar por el impulso y por unas buenas manos. Sentarse y decir, lo quiero corto, corto-corto.
Yo, lo hice. Sin hacer un análisis demasiado profundo, tomé la decisión y lo hice. Mi cabello semi-largo se fue. Se fue, se fue. Y con él, su peso. El peso.
Heme ahora con lo que noséporqué se le llama una bob oséase una melenita. Una melenita corta, tierna, fácil de peinar, fácil de despeinar. Práctica y cómoda ella. Ayer me dijeron que me quité un par de años de encima (benditas sean las tijeras, pensé), y yo esta mañana mientras pasaba el peine por mi melena pensé que me quitaron algo más que cabello. Ahora puedo ver mis cejas, mis orejas, mi cuello. Y esa, esa, frente al espejo soy yo, mi más yo.
GENAU
En vez de recetar victan, tafil, valium, tecito de azahar o flores de bach, la gente le debería dar a uno cucharadas de azúcar, de glaseado de chocolate o de crema bavaria y, claro, a uno le deberían asegurar que no matter how much you eat of that no engordarás nuncanunca.
Lo digo porque esta mañana andaba yo andaba toda como hilacho, dándole vueltas a la nada, porque en realidad no tengo nada-nada; luego hice una llamada desas que ponen a cualquiera de buenas y más tarde me comí una barrita del chocolate alemán que me trajo mi amiga alemana y voilá… No, nada de voilá sino genau (digo, porque el chocolate era alemán, no francés) la cosa esa rara que me tenía en calidad de bulto se fue, gone, gone with the wind.
Sí, ya sé, no puede uno resolverlo todo con barritas de chocolate pero, de vez en cuando por qué no. Uno está triste, uno se come una barrita de chocolate, luego uno sube unas ocho veces las escaleras de su oficina y genau! (la tristeza y las calorías se marchan).
ESO, ME GUSTA
Hay días así.
En que la cama es la mejor guarida y la almohada el mejor guardián.
Hay noches así, de pasos lentos, de palabras pocas, de motor del refri como única voz.
Pero también hay amigas así.
Que viven a una cuadra de tu casa. Que viven a una llamada de distancia.
Que te dicen de cerca, de lejos que todo va a estar bien.
Porque no hay nada, realmente nada que provoque los días así.
Son días y ya.
Así.
Días en que el teléfono suena y te sientes mejor y eso, me gusta.
SO, SO YOU THINK? (sunday blues)
So, so you think you can tell
heaven form hell?
blue skies from pain?
Can you tell a green field
from a cold steel rail?
A smile from a veil?
Do you think you can tell?


