Ahora mismo hablaba
de mí conmigo, y ponía
sobre un pequeño libro un pan tremendo
y he, luego, hecho el traslado, he trasladado,
queriendo canturrear un poco, el lado
derecho de la vida al lado izquierdo…
(San) César Vallejo

Espacio de Ocio y Escritura de Sylvia Aguilar Zéleny
Ahora mismo hablaba
de mí conmigo, y ponía
sobre un pequeño libro un pan tremendo
y he, luego, hecho el traslado, he trasladado,
queriendo canturrear un poco, el lado
derecho de la vida al lado izquierdo…
(San) César Vallejo
Hoy comenzó la mudanza. No sólo de una oficina a otra, de un puesto a otro. Esta es una mudanza que va más allá de las cajas y lo que se va y lo que se queda y dónde pongo esto y por qué sigo guardando aquello. Esta es una mudanza en todo sentido.
Un cambio de piel.
Y me siento bien.
Muy bien.
(p.s. absténganse de decirme que las víboras también cambian de piel, eehhh?)
¿Qué tienen en común Francia, Alemania y México? Aparte, claro de la afición futbolera… Usted podría decir que no mucho pues el clima es distinto en estos tres países, la comida y la bebida también… y ¿qué decir de las costumbres?
Quizá, para usted, sea difícil encontar algo. Algo que encaje perfectamente, algo perfectamente común que se comparta entre los tres.
Y sí, no es fácil.
Pero después de casi cinco años yo he descubierto lo que tienen en común los tres países: tienen tres habitantes, una francesa, una alemana y una mexicana que con el tiempo han construido algo que unos llaman amistad, otros complicidad, otros química y que ellas no llaman de ningún modo pero que saben que existe, que subyace en las paredes de estas oficinas.
Hoy, me siento afortunada. Hay amigas que rompen contigo un buen día o desaparecen o se distancian. Pero hay amigas que siempre han estado y que nunca las has visto como tal. Amigas que llegan solas. Qué fortuna, qué fortuna cuando las cosas suceden así.
Memoir es la mejor palabra que describe lo que quiero hacer. No podría ( o no quiero explicarme ahorita) pero es la palabra que, cómo péndulo, se mueve de derecha a izquierda en mi cabeza. Memoir que no es lo mismo que memory. En eso pensaba cuando me topé con, casualidad que nunca es casualidad, un número que la revista National Geographic dedica a la Memoria. En su interior hay un artículo que se llama “Recuerda esto” de Joshua Foer en el cual presenta diversos testimonios y estudios en torno a los misterios del cerebro y e la memoria.
Leí la historia de una mujer cuya madre sufre de alzheimer. La hija entonces tiene años tomándole fotos y se las muestra, le muestra a su vez fotos viejas para tratar de darle un poco de pasado al presente que vive desde que amanece y hasta que anochece. ¿Habrá acto más bello que eso? La madre, por supuesto, pocas veces recuerda algo y, sin embargo, la hija sigue haciéndolo. ¿Habrá más constancia que esa?
No sé.
Foer, en su construcción de las metáforas de la memoria construye la más bella:
“The metaphors we most often use to describe memory—the photograph, the tape recorder, the mirror, the hard drive—all suggest mechanical accuracy, as if the mind were some sort of meticulous transcriber of our experiences. And for a long time it was a commonly held view that our brains function as perfect recorders—that a lifetime of memories are socked away somewhere in the cerebral attic, and if they can’t be found it isn’t because they’ve disappeared, but only because we’ve lost access to them”.