QUE SIEMPRE NO…

Pos rulta que Ortuño no viene no puede o noséqué. El caso es que considerando que no lo voy a presentar y que yo no pertenezco a ningún medio de comunicación como para publicar lo que iba a leer y porque ya saben que siempre hago lo que me da la gana, aquí va una probadita del borrador de lo que iba a decir:

ANTONIO ORTUÑO, EL BUSCADOR DE CABEZAS o bien DE CÓMO ORTUÑO NO PASÓ EL ISO 9000.

Si la literatura mexicana actual tuviera que pasar por el ISO9000 no sé qué pasaría. Como saben El ISO 9000 fue creado para lograr calidad estandarizada, su beneficio es, entre otros, crear empresas comprometidas con su cliente, reducir rechazos e incidencias en la producción, asegurarse de que la empresa lleva a cabo una mejora continua y un aumento de productividad. Así que, creo que si la literatura mexicana saliera avante en el ISO sería algo bueno, ¿no? mayor productividad y mejora continua en sus autores, pero también estaríamos hablando de un estándar, del deseo de reducir el rechazo y la incidencia. La nuestra, sería una literatura que no arriesga, que no incide que no teme ser rechazada y que se mueve sólo por el compromiso con su cliente. Libros con decoro, eso tendríamos.

Sí, ya sé, ya sé, el ISO 9000 no viene al caso aquí, pero la verdad mientras más leo, mientras más nuevos libros nuevos autores, o mientras más libros mismos autores, siento que alguien, silenciosamente, nos está aplicando el dichoso ISO. Porque digan lo que digan, la sección “literatura mexicana” de estantes de librerías y bibliotecas no muestran una obra literaria que, al menos a mí, me gustaría leer: polémica, universal, arriesgada, intensa. Ya lo dijo de mejor modo y sin la analogía tonta del ISO, Rafael Lemus: “Hace décadas que ninguna generación deviene, en nuestro suelo, una escuela, un estilo, una ruptura (…) no se opone a su tradición. Es lo que es…”

Por eso, por todo esto, toparse con una novela como El buscador de Cabezas de Antonio Ortuño le devuelve a uno el ánimo. No todo está perdido, no todo son cenizas, no todo es reiteración, costumbrismo, provincia, frontera, tacos de canasta, viajes en metrobus. No todo es impotencia o importancia literaria. Antonio Ortuño hace del escombro, una narrativa. Busca y encuentra. Y la suya no es una búsqueda del artilugio de la sintaxis, ni de la estructura apantallante o de esas otras cosillas tan trendies hoy en día. La suya es una búsqueda más sencilla y necesaria. Ortuño buscó una buena historia y encontró la forma de contarla bien, punto. “Ajá, ¿y?” me pueden decir ustedes. Pues resulta que yo pienso que mientras más y más autores de este país caminan por una narrativa inmóvil, Ortuño ha creado la forma no sólo de hacer una narrativa móvil sino brutalmente móvil, desmesurada, delirante y eso, debo admitir, a mí como lectora me parece admirable. La narrativa debe ser así, tan desmesurada y delirante como la existencia misma.

Dicho esto, me dedicaré ahora sí seriamente en el resto de esta página a hablar de esta novela… (no continuará)

WISH LIST

Lo que quiere ÉL para Navidad:

  • un videojuego del Zelda (the twilight princess of course)
  • una brújula
  • un olifante

La primer petición makes sense, ¿no? La segunda y la tercera han sido altamente cuestionadas. La única respuesta del susodicho es: “quizá los necesite algún día”.

No, no sé qué planes tiene mi hijo para el futuro, es decir, para “algún día”.

ISO 9000 Y ORTUÑO

¿Qué tienen qué ver el ISO 9000 y Antonio Ortuño?
Comprúebelo el próximo sábado a las 5 de la tarde en la Feria del Libro.

12 DE NOVIEMBRE

Hoy es Día Nacional del Libro. Hoy el hijo y yo iremos a la bendita feria. Yo no sé qué comprará él con los billetitos que le daré pero sí sé que el estante más grande y (maldito) más caro se quedará sin: Amsterdam de McEwan, Sin sangre de Baricco y alguna cosilla de Bernhard o de Nothomb que aún no he decidido.

De los libros de Siruela, ni hablemos. En esta ocasión no trajeron ese de Musil que tanto quiero.

QUESTIONS

  • 6:15 am. Missing call. Unreachable number my phone says… from unreachable sister?, I wonder.
  • 12:00 pm. Cleaning closet. What do you really clean when you clean?
  • 4:00 pm. Kitchen small talk. Whose monsters fool around as you listen about monsters who fool around?
  • 5:30 pm. Hunchback from strings. No Notredame. Kids clap and laugh, you are somewhere else. Notredame?
  • 6:30 pm. Friends with shrimps. Quick glimpse. Unable to explain? At that precise time you needed to be home alone.
  • 8:00 pm. Wrong call. When will you learn not to call when you are not even supposed to think? When will you obbey Rosario?
  • 11:00 pm. Honest call. Don’t you love to learn these are the calls you SHOULD do?
  • 00:46 pm. Insisting call. Unreachable number my phone says, the unidentified sister on the other line. The unreachable. When will you stop wishing this talks were easier, closer?
  • 3:00 am. Dog howls. Your soul doesn’t, anymore. Isn’t this relief?
  • 5:00 am. Smoke in London, says the news as you do your hair. Radio repeats: Smoke in London. When will you drive without coming up with a story to write?

FEAR OF BREAKDOWN

In one of his last psychoanalytic papers, D.W. Winnicot wrote: Fear of breakdown is the fear of a breakdown that has already been experienced. This statement has always been a source of great comfort to me. For years I took it to mean that the other shoe has already dropped, that you’ve already been to the place you fear the most, that you’ve already come back from it.

It´s only lately that I’ve ralized that Winnicott is not suggesting that breakdowns do not recur. Now I see that he may be suggesting just the opposite: that fear of breakdow in our past may be precisely what causes it to repeat in our future.

Maggie Nelson, The Red Parts

CAMPAÑA EN DOS FASES CONTRA EL DOS POR CIENTO

Inicié una campaña de lectura. Mi campaña roza tintes de humor y tintes bélicos. El objetivo no importa, bien podría ser que estoy en contra del maldito dos por ciento ese que tanto me caló o porque simplemente creo que leer beneficia la salud.

FASE 1:
Pegué en la ventana y puerta de mi oficina y en la de mi jefa, una hoja con letras gigantes que decía: LOS DIEZ LIBROS QUE TIENES QUE LEER ANTES DE CUMPLIR LOS VEINTE. Luego, venía la lista (que yo bien lista, estructuré y que yo más lista aún, no compartiré aquí). Al final en letras pequeñitas, como esas que vienen en los contratos y que uno no debe obviar, escribí: Si no sabes con cuál de estos libros empezar, visítame y de acuerdo a tu personalidad y signo zodiacal yo te diré cuál es el libro ideal para comenzar.

Mi campaña ha tenido un efecto divertidísimo. En primer lugar recibí visitas de alumnos que me dijeron, “ah sí yo ya leí tal o tal, y siempre he querido leer este que pone aquí”, es decir, primero llegaron los ya lectores que no venían por recomendación y que incluso se quedaron a platicar de algún otro libro que no estaba en la lista y que ellos disfrutaron. En segundo lugar llegaron alumnos admitiendo que no habían leído ninguno de la lista y querían que yo les dijera cuál debían leer y que, además, no podían creer que aparte de poner acentos y escribir bien yo pudiera recomendar basándome en su signo (¿y puedes hacerlo? quizá me quieran preguntar ustedes pero ya dije que soy bien lista y no les voy a contestar, a menos de que me manden su signo). En tercer lugar, llegaron los profesores, hubo aquellos que ya habían leído uno que otro y coincidieron con que eran de rigor antes de los veinte, hubo aquellos que con cara de preocupación me dijeron “¿y si no los he leído?” y hubo otros que me ayudaron a que la lista creciera. El caso es que bajita la mano, de seguro tengo a un par de personas leyendo. Probablemente no tantos como quisiera pero, hey, es la primera fase.

FASE 2: Uno de los temas en mi clase de Sociedad y Desarrollo en México con mis chicos de profesional de sexto y séptimo semestre era literatura mexicana. Decidi que en vez de todos ponernos a leer un mismo libro los haría leer a todos un libro distinto basándome en lo que hasta ahora más o menos sé de ellos. ¿Resultado? todos leyeron (no sólo porque serían evaluados sino por el bendito morbo de “¿por qué quería mi maestra que YO precisamente YO leyera esto?”). Un buen número de alumnos me dijeron que le atiné, que el libro no sólo les había gustado sino que en efecto había algo en él un noséqué que les hacía sentir que estaba escrito para ellos. Hubo un otro número de alumnos que si bien no disfrutaron tanto ese libro en especial, sí fueron capaces de dialogar con el texto y fundamentar por qué no había logrado convencerlos y por puritito orgullo me dijeron: “ahora voy a leer el que leyó fulanito porque me lo platicó y se me antojó… qué gacha, ¿por qué no me puso a mí a leer ese?” Así que mi desatino no fue tan desatino.

La chinga, pardon my french, fue calificar la lectura. No, no iba a pedirles un reporte de lectura, ya ven que el copy-paste anda muy de moda en esta temporada. El día del examen escribí dos opciones de pregunta para cada libro leído por cada alumno, ellos tenían que elegir y contestar. Y sólo podría contestar, verdaderamente contestar, aquel que hubiera leído, verdaderamente leído el libro (le gustase o no).

Ya tengo planes para mi FASE 3.

Suelo ser demasiado optimista y quiero creer que algunos de mis alumnos buscarán más libros de ese autor y eso quizá los lleve a otros autores. Pero también soy consciente de que lo más probable es que algunos de estos nuevos lectores no vuelvan a tocar un libro jamás o, siendo menos dramática, quizá pase mucho tiempo antes de que vuelvan a tocar otro. Pero de seguro porlarazónquesea nunca lo olvidarán.

UNA SEMANA

Eso le queda al semestre.

Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una sem…