CHILES RELLENOS

Preparados por Tumper con la ayuda de Sylvia y Jenny en la cocina de los Ramírez Pimienta.

Simplemente: Delicious!

p.s. El vuelo, increíble, grandes charlas, grandes.

TODAY: TJ

We are leaving today.
Poeta y narradora.
Vuelo tijuanense.
We expect the best.

LA LÍNEA (en San Diego)

El Colectivo La Línea va a ser parte de la primera generación del LABORATORIO FRONTERIZO DE ESCRITORES/ WRITING LAB ON THE BORDER (LFE/WLB) . Las iantegrantes han estado haciendo distintas estrategias de procuración de fondos para reunir los 3500 dlls que costará la inscripción de este taller intensivo. Así que el próximo sábado 17 de junio tendrán una lectura en el espacio independiente Voz Alta habrá bebidas, música y más. Vayan, vayan, vayan. Apoyen, apoyen y apoyen.

TWO DAYS TO GO

Dos días más y me voy. Mi maleta de ropa ya está medianamente lista, la que me preocupa es la de los libros pues hay material que uso y voy a usar para la yasabenqué que estoy escribiendo. Hay que priorizar. Ya tengo las copias del material que nos han puesto a leer para el lab, la visa y una buena cantidad de ánimo.

Estaré escribiendo crónicas del laboratorio y al parecer se publicarán en cierta página recién estrenada, nótese el tinte de misterio que le doy al asunto.

Estoy emocionerviosa.

LOVE AND HATE

Basta de falsedades. Entre él y yo no hay ninguna relación intensa y tormentosa de amorodio. Nop. Nuestra relación es de odio mutuo, él me lastima, yo lo detesto. No love and hate. Just hate and hate.

BTW , si se preguntan quién es él, él es el maldito collarín que ya va por su día diez en mi cuello.

UNA DE VAQUEROS

Ayer fue a recoger el asador que amablemente nos prestó y en el cual, al parecer, todos aprendimos a asar nuestra primera carne, nuestras primeras brochetas y nuestras primeras costillas. Él y yo compartimos el mismo apellido, muchísimas afinidades musicales y literarias, el gusto por el asombro que nos causa la vida cotidiana y lo mejor: una amistad de ya un montón de años.

A veces no nos vemos muy seguido, parecemos superhéroes, siempre ocupadísimos en hacer cosas para alguien más (sí, probablemente exagero); pero cuando nos vemos inevitablemente tocamos todos los temas habidos y por haber. Hablamos de nuestros hermanos, de nuestros asombros, de nuestros hallazgos. Anoche pasamos de hablar de LOST (mi nueva serie favorita y rentable) y brincar al Bartleby de Melville en un dos por tres, pasando por supuesto por anécdotas familiares que al menos a mí siempre me dejan con unas ganas enormes de reír o de llorar.

De él sólo puedo decir una cosa más: me ha contado la mejor historia de vaqueros que he escuchado en mi vida. Y si alguna vez quieren escucharla, la guardo en el bolsillo izquierdo de mi alma, todo el tiempo.

La de la cosa en el cuello

Pues básicamente el famoso esguince vertical se ha convertido en una pesadilla. Uno de los medicamentos es un relajante muscular que me atonta (como si no fuera suficiente la tontera natural de una), el otro es para el dolor y la deja a una con una gastritis fantástica. Siempre tengo sueño o estoy de malas o con el ánimo por los suelos. Dormir es un martirio. Para que mi cuello sea tan divino como antes tengo que hacer diez, DIEZ, sesiones de terapia que por cuestiones laboratoristas tendré que realizarme en TJ. No debo manejar así que adiós placeres automovilísticos… La lista puede continuar.

Eso de ser otra vez la de la cosa en el cuello no es nada agradable. Lo único que me salva son los prendedorcitos que le cuelgo al collarín cada vez que salgo. Lisiada, sí, pero con estilo.

LA VIDA COTIDIANA

En el nuevo número de Letras Libres, Christopher Domínguez escribe: “El gran invento de Ibargüengoitia, en los términos de la crónica en México, fue la postulación de la vida cotidiana como aventura absoluta”. Lo leo y me repito: la vida cotidiana como aventura absoluta. Eso que muestran las páginas de Ibargüengoitia una y otra vez. Me gusta cuando veo impresas ideas que de algún modo me coquetean en la frente de cuando en cuando. Sí, la vida cotidiana, ese relámpago de luz que a veces no narramos y, peor aún, no observamos.

Me gusta eso, escribir de la vida cotidiana, de los eventos que la encadenan, de los momentos que la irrumpen. Me gusta observar la vida cotidiana. A mi vecino, que vive solo y casi no sale, regar su jardín mirando siempre algo más que su jardín. A mis vecinas que se evitan la una a la otra. Al niño que en el Oxxo de la colonia, te lava el parabrisas sin importar cuántas veces le digas que no.

Raymond Carver decía que un escritor no necesita trucos que sólo necesita presenciar con la boca abierta esta cosa o la otra – un atardecer o un zapato viejo- en puro y absoluto asombro. El escritor puede trabajar tan sólo con aquello que la vida cotidiana le ofrece. La aventura absoluta, pues.

LOS HOMBRES NO LLORAN

Finalmente se fueron los dos dientes de a mentis que el médico le puso al de siete. Los dos incisivos, esos eran. Tuvieron que irse porque los suyos ya venían en camino con una desesperación de aquellas. Fuimos al dentista, tres horas antes el hijo ya estaba con los nervios de punta (ese asunto de los dientes le viene genéticamente irresistible).

Yo no sé cómo sean los otros hijos de la otra gente con los dentistas, pero el mío no permite un sólo dedo en su boca sin que se le explique CLARAMENTE qué es lo que se le va a hacer. El médico explicó y trató de hacer énfasis en que esto no iba a doler. Sin embargo, al decir de los gritos del hijo, eso sí dolía.

Finalmente el asunto acabó, el de siete me miraba como si lo hubiera mandado al matadero.

Al otro día su abuelo le habló por teléfono, ansioso quizá por una reseña del evento. El hijo explicó lo ocurrido y le dijo: me dolió mucho y lloré, así que no me vengas con tu palabra… esa palabra, ya sabes cuál. Colgó.

Intrigada, más bien, intrigadísima, le pregunté a qué se refería. Me dijo: a eso que dice mi abuelito de que los hombres no lloran, yo no creo en eso… porque cuando algo duele pues uno llora, sea hombre o mujer, qué no?

Claro, le dije, claro. Y miré su hueco en la dentadura y lo encontré más bello que nunca, más bello que nunca.

Y CUANDO LYLA TE DICE…

“Si tú eres puuuura alegría” Una no puede sino, por supuesto, sonreir de pura alegría (incluso con el maldito collarin puesto).