ESCRIBIR CON RABIA (¿o escribir serenamente?)

Está bien. Lo admito. Me gusta Shakira. Ahí lo tienen. Es mi pecado pop (aunque no me parece que ella sea pop). Bueno el caso es que un día en una conversación se llegó a la conclusión de que Shakira es mejor cuando está broken-hearted. Sus canciones bajo el halo del enamoramiento no son as good. ¿Será eso cierto? Patricia Peñaloza piensa lo mismo de Björk (nótese que el referente de Paty es más cool que el mío).

Hace poco, releyendo a Virginia Woolf (díganme si no soy ecléctica) me encontré con este mismo tema ¿Escribir con rabia o escribir serenamente? ¿Dónde está la mejor expresión del genio? ¿En el drama o en la serenidad? La escritora inglesa dice que quien escribe con rabia: “Escribirá tontamente en lugar de escribir con sensatez. Escribirá de ella misma en lugar de escribir sobre sus personajes. Está en guerra con su destino.”

Virginia suena sensata. Pero, ¿a poco no les encanta teclear con todas sus ganas? ¿No les gusta darle tac tac a la computadora? ¿Sacar ese nudito enreabiado que trae uno en la tripa y convertirlo en algo más? Teclear hasta que ya no quede nada, nada de nada. Después, quizá, con la serenidad que sólo el tiempo ofrece podemos releernos y con suerte hacer de ese momento rabioso un acuerdo con el destino de los personajes. Es decir: un texto más o menos sensato.

¿Será posible escribir con rabia y serenamente?

No lo sé.

Sé que con frecuencia, yo sólo escribo tontamente.

UN SEIS (y la cura)

Sábado. Diez treinta de la noche. Toc toc. Puerta. Beso en la mejilla. Un six. TKT. Limones. Sal. El jardín. El six helado. La piedra grande. La banqueta. El carro. El estéreo del carro. ¿The cure? Sí, The Cure.

Risas, bromas, recuerdos. Los recuerdos.

El presente.

¿El futuro?

Doce de la noche. Botella de vodka. Jugo de piña. Más risas, más bromas, más recuerdos. The Cure.

Y los dos cantando: Just like heaven.

LO INTENTÉ (de veras que sí)

Lo intenté.

Traté de sacarte de mi mente.

De no pensar en ti.

De no recordar todos esos momentos juntos.

En el carro.

En la casa.

Lo intenté.

Traté de superarte, de superarlo.

De decirte adios.

De hacerme a la idea de tu definitiva ausencia.

Lo intenté, pero no pude, querido portadiscos…

No puedo.

No puedo dejar de pensar en ti, en todo lo que guardabas

en tu cuerpecito de vinyl.

Te extraño hoy aún más porque me he dado cuenta que dentro de ti

llevabas también mi disco de los RayasBlancas.

¿Dónde estás, cariño? y ¿dónde está el maldito que te apartó de mí?

Maldito.

Como dice el tulio: maldito entre malditos…

PUENTE DEL CIELO (climb, climb!)

My spirit
is like a naked nerve on the air.
DH Lawrence

Ayer viernes iba a salir con mis amigas, sorry chicas que les quedé mal. Preferí quedarme en casita a calificar los chorrocientos millones de ensayos, reseñas y exámenes de mis alumnos. Bueno, no es que preferí, sino que me pareció prudente acabar con eso para hoy dedicarme a la tarea y mañana domingo a hacer absolutamente nada.

Para eso de las diez de la noche comprendí que si tenía que ponerle acento a la palabra científica una vez más, me volvería loca. Apagué la lamparita del escritorio y llevé mi cuerpecito lindo al sillón de la sala, donde suelo leer. Estaba dispuesta a no leer sino a ver sólo el techo.

Pero ahí, desde el librero se asomaba. Me guiñaba. Y caí.

Me levanté, tomé Puente del cielo de Adriana Díaz Enciso y descubrí que a veces sería mejor no ser maestra, ni escritora, ni nada. A veces sólo quisiera ser lectora. Y escalar, escalar, escalar las letras, las palabras, las frases, las páginas, los libros.

YOU (and whose army?)

A ver, a ver, que se ponga al brinco ahora. Que me salga ahora con que no te voy a dejar en paz, que te duela, Sylvia, sí que te duela, que no puedas caminar y que te sientas toda sonsa, voluble y rotundamente histérica. Que me diga, que me diga que de aquí derechito al quirófano y a ver a cómo nos toca.

You and whose army? le voy a decir mientras me tomo las pastillas, sí, las pastillas que convertirán en polvo a esa bola intrusa…

You and whose army? le voy a decir mientras me tomo un sorbito de agua, le subo a la canción de radiohead y pienso todo pasa y nada queda.

LOS JÓVENES LEEN (so, they say)

Nunca he entendido cómo me las ingenio para estar presente cuando las conversaciones más inverosímiles se llevan a cabo. En esta ocasión, heme en miércoles a las siete aeme en la biblioteca del campus. Mi grupo, de cuatro alumnos, resolvía el examen mientras yo leía a Collingwood (reverencia, por favor).Cerca de nosotros estaban tres chicos cuya clase no comenzaba hasta dentro de una hora, estaban por ahí platicando ¡de libros!como si eso no fuera biblioteca sino el bar La biblioteca. Al principio no puse mucha atención. Pero entonces comencé a escuchar una serie de afirmaciones (relevantes?) que no puedo sino compartir. De acuerdo a estos tres tipos:

  1. Antes de ver la película, primero hay que leer los libros de El Señor de los Anillos. (Really?!)
  2. Siempre es mejor el libro que la película. (Sin comentarios)
  3. La biblia es un libro histórico, “Neta, tienes que leer el Éxodo, es otro pedo”. (Sin comentarios, por supuesto).
  4. La calidad de un libro se mide por su tamaño. “Los novelistas rusos hacían unos librotes, una vez leí uno de Tolstoi, los hermanos no sé qué, estaba bien grandote”. (¿grandote=interesante?)
  5. El código Da Vinci es un gran libro (¿tamaño o calidad?, me pregunto) “Ya vendieron los derechos para hacerlo película, Russel Crowe va a…”
  6. Shakespeare es mujer, de otra forma cómo explicarse todo lo que hizo. De acuerdo a fuentes, que ellos consideran fidedignas, Shakespeare era una cortesana a quien no dejaron estudiar. (Pregunta, ¿no se estarán confundiendo con Sor Juana? aunque quizá entonces ellos piensen que Sor Juana era en realidad hombre).

La conversación continuó. Alguien afirmó haberse gastado el mes pasado cincuenta dólares en puros libros. “Regalados”, dijo. Ni siquiera me atrevo a pensar qué libros y qué opinión se ha creado de los mismos tras su lectura. Pero no podemos quejarnos, nuestros jóvenes leen.