EL DÍA D

El de once lo apodó “El día D”.

No era para menos, éste día definía muchas cosas y aunque todos decían que claroqueporsupuestoqueverásquesítelavanadar mi paranoia no me dejaba en paz. Hoy podían darme o no darme el pase a mi futuro próximo. Hoy podían mandarme o no mandarme al destino que yo quería para mí hace 13 años y que olvidé en el bolsillo de algún saco.

Estuve temprano, fui obediente. No celular, no bolsa, nada de armas. Esperar en el otro lado de la acera (no en la calle porque uno corre peligro en la calle). Lucir paciente, fresca, sin miedo, segura, limpia y amable. Llevar todos los documentos que pidieron y más: casi llevo la boleta del kinder y el pago del hospital en que nací. Comprobar que mi vida pretende continuará aquí una vez terminados mis estudios allá. Demostrar que no soy ni terrorista ni narco y mucho menos traficante de esclavos. Hacerles saber que mis intereses son puramente académicos. Que no intento llevarme a toda mi familia a vivir allá.

Es raro. Ir al consulado es como sentarse en las rodillas de Santo Clós a los 4 años y pedirle aquello que uno desea del mejor modo para que el sueño sea cumplido. Es como sonreírle a la tía que no se quiere tanto para que nos sirva la galletita con leche que tanto nos gusta.

Es todavía más raro ser tratada amablemente, toparse con una entrevista que despierta interés y preguntas que nada tienen que ver con la migración. Es aún más extraño no tener que pasar por el trámite del envío de la visa porque la mía estará sin problema alguno mañana mismo a las 2 de la tarde en el mismo consulado. No tendré que esperar ni 7 ni 10 ni 15 días.

Es como si todo se acomodara, como si el día D que tanto temía estuviera ahí esperando que yo llegara a tomarlo y quedármelo para siempre de los siempres.

El día D es el día en que sé por COMPLETO que me voy de esta ciudad.

Hice todo eso y más.

LOS CAMBIOS SE DAN DE GOLPE

Los cortes de cabello, también.

Especialmente si una quiere dejar de lucir como una maestra de literatura y quiere que por fuera se vea la escritora juguetona rojizacobriza que hay dentro.

Había prometido dejarme crecer el cabello, pero el cabello: pesa.

(pero por si las dudas dejé un lado corto y un lado largo).

POUR LUANNE

Toi qui seule m’auras manqué
Jamais je ne fus ton enfant
…je t’appelle maintenant
O ma mère où es-tu

CAJAS Y MÁS CAJAS

La vida a veces no cabe en cajas. Al menos no la mía. Llevo semana y media tratando de vaciar mi casa, de decidir qué se va, qué se queda, qué se vende y no acabo. Simplemente no-a-ca-bo.

Ayer hice tres pilas de ropa, la que se va, la que me llevaré en un segundo viaje y la que me llevaré en invierno (eso hasta enterarme que el invierno comienza súbitamente).

Entro y salgo de los cuartos sin saber por dónde continuar.

¿Qué se hace con los platos con los sartenes heredados, con lo vasos? ¿Dónde se acomoda lo que recién se había acomodado aquí?

No me malinterpreten, no estoy triste, nada triste es simplemente que me siento abrumada, corren los días y yo no termino de vaciar la casa y de ordenar la vida en cajas

En mi casa hay cajas. Cajas y más cajas.

Se acepta ayuda.

LUIS SE VA

Nos conocimos frente a una sopa, una deliciosa sopa de tortilla. Nos habíamos leído el uno al otro, vaya usté a saber qué fue lo que hizo surgir el click porque cuando nos vimos hablamos poco pero con una familiaridad inusual.

Lo siguiente fue seguir con mensajes cortos, cotilleo variado.

Hasta que me enfermé.

Estuvo al pendiente, me mandaba notitas, me sugirió un médico. Y al sugerirme el médico lo conocí más.

Luego, me volví a enfermar y ahora no sólo estuvo preocupado por mi salud sino que él mismo llegó a mi casa y me llevó casi casi de la mano a ver al dichoso médico. De pronto en ese trayecto de uno a otro lugar lo sentí: así es como inician las amistades que se antojan largas.

Luego un café, más charlas breves pero profundas. Un par de tarros, una comida, una visita en casa.

¿Cómo se le puede tener tanto cariño ya a quien apenas se conoce? No sé pero sucede.

Y hoy Luis se va, se va de vacaciones, se va lejos y cuando vuelva, probablemente, yo ya no esté aquí y no nos veremos en mucho tiempo. En un rato más iré a despedirme de él, nos daremos un abrazo, intercambiaremos palabras pero quizás no alcance a construir un buen párrafo para decirle lo mucho, lo muchísimo que le quiero.

Luis se va, y yo también.

LA PERSONA

La persona que amo tiene el cabello oscuro, un tatuaje claro, una sonrisa de niño de once años. La persona que amo escribe, lee, toma fotos, baila. Me regaña cuando uso el teléfono mientras manejo.

La persona que amo vive a muchos kilómetros de aquí y a dos horas de diferencia.

Pero eso no importa. Me habla cuando llueve, cuando amanece, cuando toma más de dos cervezas o cuando come algo rico. Pregunta por mi hijo, pregunta por el mar. Me dice Flaca, Chaparrita. Nena.

Es la persona, mi persona.

(existe pues a quien culpar de que este blog se haya vuelto tan tan cursi).

AZUL, PINTADO DE AZUL

Mi gran acto de rebeldía es este que ustedes ven. Mis uñas pintadas de azul. Es un color que nunca, nunca antes me hubiera puesto para venir a trabajar, porque aquí una tiene que dar una imagen y eso.

Mucha de mi ropa en los últimos años ha sido elegida en función de mis labores de lunes a viernes. Mucho de los colores de la ropa, del tinte o corte del cabello eran por lo mismo.

Pero eso se acaba ya y por eso, por eso y porque Natalia es muy persuasiva he pintado mis uñas así. Es mi gran acto de rebeldía, es mi recordatorio de que pronto mi vida será otra.

TENGO LIBROS

De 20, 30 y 40 pesos en el piso de mi casa esperando que alguien los compre. Discos de 15, películas de 20.

También esperan dueño un refri, una estufa, una cama individual y una matrimonial.

Camán: auspicien a esta escritora que pronto se va a texas.

Informes: aquí.

AL FINAL DEL DÍA

Y de un día muy intenso de tràmites burocráticos (y burocráticos gringos) no hay nada como llegar a casa con la mejor amiga, hablar por teléfono con la persona que más se quiere y luego recibir la visita de dos amigas sensacionales.

Si algo he de extrañar será finales de día, como éste, noches en que se comparte, se dice se ríe. Noches en que hay mitotes, fotos, recapitulaciones varias. Noches con Bohemias oscuras e ideas claras.

Al final del día, nada como estar con las amigas de Una.

Nadie, supongo

Una de mis preocupaciones constantes es el comprender cómo es que otra gente existe, cómo es que hay almas que no sean la mía, conciencias extrañas a mi conciencia, que, por ser conciencia me parece ser la única.

(…)

Nadie, supongo, admite verdaderamente la existencia real de otra persona. Puede conceder que está viva, que sienta y piense como él; pero habrá siempre un elemento anónimo de diferencia, una desventaja materializada.

Libro del Desasosiego, 135. Fernando Pessoa.