ya volvió el osezno de su viaje gemelo y tomó todo el amor que le corresponde, así: todito. y por este lado del mundo una cara, sonríe.
(días de emociones a lo montaña rusa)

Espacio de Ocio y Escritura de Sylvia Aguilar Zéleny
ya volvió el osezno de su viaje gemelo y tomó todo el amor que le corresponde, así: todito. y por este lado del mundo una cara, sonríe.
(días de emociones a lo montaña rusa)
habemus puestus nuevus habemus puestus nuevus habemus puestus nuevus y lus planus futurus su mudufucun pur unus musus.
Seguiremos reportando.
Ayer alguien me dijo que una forma de dejar de pensar (ese locoridículo monólogo interior que casi todos tenemos) el ideal es cantar. Fue tierno, me sacó una sonrisa pero no pensaba ponerlo en práctica.
Una vez en un llanto de esos largos y locos después de mi divorcio o después del rompimiento con un novio -o después de alguna cosa igual de absurda con tendencia a ser magnificada- me aferré a los brazos de mi madre y le dije: “¿por qué? ¿por qué tengo que estar sola si yo tengo tanto tanto amor qué dar, tanto amor que compartir?” No recuerdo qué me dijo mi madre pero si cierro los ojos puedo sentir otra vez su hombro cuidando mi rostro y sus manos sosteniendo mi cuerpo y acariciando mi cabello.
Los hombres no se deberían ir, claro tampoco se deberían enfermar largamente y dejar de a cachitos la misma vida que dejaron en sus hijos. No, los padres no deberían morir. Pero lo hacen y por extrañamente posible que esto sea la muerte une a los que quedan atrás. Los lazos que ya eran fuertes se hacen irrompibles, uno lo sabe uno que lo ve, los ve, lo sabe. Está en la forma en que se hablan, se acarician el hombro o se toman de la mano. Está ahí, el fuerte poder de la unión de una familia cuando el padre ha muerto. Nunca se está listo para la muerte pero tampoco nunca se está listo para ver algo tan hermoso y conmovedor como una familia que firme enfrenta la de su patriarca.
Este es el nuevo MI grupo.
y ésta la nueva MI canción.
Gérmenes van, gérmenes vienen. Menos moco, tos constante. He explorado mi garganta más de lo que cualquier otorrinolaringólogo. No veo nada distinto. Y sin embargo la cosquillita y la tos siguen ahí. Más remedios se amontonan en mi teléfono, en mi messenger y en mi correo. Todos genuinos y dulces (claro, incluyen miel), ninguno puesto en práctica. Diario necesito que te las ingenies para hacer días de 28 horas pues no me alcanza el tiempo para nada. Cuando menos lo espero ya amaneció, cuando menos imagino ya anocheció. El café en la taza no dura ni dos minutos.

Hay, en este mundo, un osezno como este pero que no vive en el bosque sino en la ciudad, que no se alimenta de plantas o pescado crudo sino de sushi, alitas de pollo oloquesea. Un osezno que lee a Giddens y que como él piensa que sí, que en efecto vivimos en un mundo desbocado.