MINOTAURO-MINITAURO

¿Y a quién invitaron a enviar cuento, crónica, reseña, algoloquescriba para que recorra los pasillos de El Laberinto?

Pues a mí, con todo y mi chaparrez y mi testarudez de toro húngaroespañoloaxaqueñosonorenso.

BALTHUS


Me gusta cuando descubro. Música, autores, billetes en los pantalones que voy a lavar. Ahora me siento entusiasmada porque descubrí a Balthus en dos de los museos que visitamos en diciembre. Volví a casa con este cuadro en mente. Es mi avatar en FB. Me he puesto a leer sobre él y me ha gustado aún más. Cómo no iba a gustarme un pintor que le dio por decir que era el hijo ilegítimo de Rilke, un conde polaco, pariente de los Romanov o incluso pariente cercano de Lord Byron. El primero en comprar su obra fue Picasso. Ha sido uno de los pocos artistas que vivió para ver sus cuadros colgados en el Louvre. Sus cuadros lo hacen pensar a uno en las niñas que fotografió alguna vez Carroll. Al segundo, sabemos, le gustaban las niñas. Balthus, en cambio, presenta a niñas que se muestran sin saber a ciencia cierta qué y a quién se muestran. Descubrir a Balthus es eso: descubrir.

Más de Balthus, aquí.

LO QUE SE HACE EN ESTOS CASOS

Lo que se hace en estos casos es lo siguiente: llamar a una buena amiga, decirle y escuchar, comer chocolates, cambiar las posibles lágrimas por sonrisas y planes.  Tomar lo bueno, lo aprendido, lo una vez amado. 

Lo que se hace en estos casos es agradecer y hacerse a un lado. Tomar energía del aire, de la tierra, de las entrañas y hacerse a un lado. A un lado.

ADIÓS AL MAL HÁBITO

Dice la Kabbalah:

Si cometes un error la primera vez, no estés preocupado por ello. Preocúpate si lo repites una segunda vez. 

Si haces algo bien la primera vez, no te enorgullezcas al respecto. Enorgullécete si lo repites una segunda vez. 

Hoy, enfócate en un buen hábito que quieres repetir y en un mal hábito del que te quieres deshacer.

SEMANA DE LOCOS

Esta ha sido oficialmente una semana de locos. Por una u otra todos los días he llegado a casa mucho más allá de las 9 pm. Una noche tuve niñera y tenía la posibilidad de salir pero fue más tentador aterrizar en el colchón con las 3 mil cobijas y los calcetines bien puestos para ver un programa que ya vi pero que me hace no pensar en nada maravillosamente.

No he tenido oportunidad de ver a mis amigos que no son del Tec. No he tenido tiempo de ir al mandado. No he tenido tiempo de lavar los trastes del año pasado. No he tenido tiempo de arreglar el clóset (y esto último adoro hacerlo) (bueno, ver a mis amigos también) (obviamente lo que odio es ir al mandado y lavar trastes).
Tengo un hermoso regalo para el Meza, para que explote al artista que lleva dentro. Tengo una hermosa crónica para las Mafaldas. Tengo unas ganas enormes de ver Avatar con Natalia. Tengo unas enormes ganas de comerme una ensalada gigante en el Verdeolivo. Pero todo eso tendrá que esperar porque la semana de locos parece no acabar.

PUES HOY

Cumple años él, el de la boina, el de la camisa sin mangas, el que una no sabe si va a andar seriecito o risueñito, el que me enseñó la música del Gaspar y el que una vez me contó una historia de un vaquero que nunca voy a olvidar.
Casinuncaloveo pero siempre le voy a querer rreteharrto.

DOS MALOS HÁBITOS

Tengo muchos, claro, pero estos dos requieren ser eliminados de inmediato porque afectan mi desempeño profesional, físico y en una de esas hasta emocional (nota de la autora: siempre había querido usar la palabra desempeño en mi blog).

1. Cuando llego a la oficina y me siento, me quedo en la orillita de la silla, sí en la meritititita orilla, para alcanzar el cpu (que está abajo y no me pregunten por qué pues no fue decisión mía). Es un movimiento que debería ser veloz: sentarse en la orillita, prender el aparato y luego desplazar mi trasero (que no es enorme pero es veraz) y mi espalda hasta el fondo de la silla y quedarme cómoda. Pero no, no lo hago. A veces pasan horas antes de que me dé cuenta de que estoy mal sentada y me doy cuenta porque comienzo a cansarme y eso cuando me doy cuenta de que estoy cansada porque a veces ni eso noto.

2. Sentada en la orillita, alcanzo mi estuche de lentes que está en mi maletita de maestra cool, que pongo en el piso (eso sí, por decisión propia pero además porque no hay otro lugar práctico dónde ponerla). Lo pongo en el escritorio y se queda ahí hasta que me doy cuenta de que no me puse los lentes y claro que me doy cuenta cuando comienzan a arderme un poquito mis ojitos húngaros herencia del tata. A veces hasta tengo la elegancia de sacarlos y limpiarlos pero no me los pongo.

El caso es que yo, en lugar de decirles mis propósitos más gordos para este año les comparto que voy a sentarme concha y comodotamente desde las 7 am y que estaré con los lentes bien puestos desde esa misma hora, forever and ever.

ME PERDÍA

Me perdía entonces por la ciudad tan completamente como no he vuelto a después perderme, ni en ella ni en ninguna otra, sin distinguir los puntos cardinales y sin la menor idea de lo que podía encontrarme al doblar una esquina, con esa ebriedad hecha a medias de asombro desmedido y cansancio, del impacto causado por la escala de las distancias, las alturas, los puentes, las multitudes, los ríos. Echaba a andar con las manos en los bolsillos y me dejaba llevar en una línea quebrada de itinerarios azarosos, rápidamente extraviado en la cuadrícula abstracta de la ciudad, mareado por la monotonía de las distancias entre una calle y otra…

Ventanas de Manhattan, Antonio Muñoz Molina

EN MI ÚLTIMO DÍA DE VACACIONES

Dedicaré tiempo y esfuerzo a no hacer absolutamente nada, a pesar de que tengo toneladas de ropa qué lavar y otra tonelada qué acomodar, a pesar de que debería irme a casa a limpiar y arreglar no lo haré. Mi voluntad entera estará dedicada a guardarme y dejarme consentir en casa de mi madre, a mover el control remoto con mi dedito índice hasta que me duela, mantenerme en posición horizontal hasta que me sienta parapléjica.

Nada, no haré nada. Tengo el resto del año para resolver nimiedades.