ME DOY MIEDO
Porque digo las cosas así como de pura onda y luego resulta que las cumplo. Lo juro, lo digo y al decirlo pareciera que firmo con sangre y saliva un deadline con los dioses del olimpo. En este caso dije: el viernes la acabo. Y dicho y hecho. Ya quedó. Ya se está imprimiendo. Ya está.
Me doy miedo, de veras.
atentamente
una más ligera y sonriente sylvíssima.
CHALE, NI AGUANTO NADA ME HABÍA PROMETIDO NO PARARME AQUÍ EN UN BUEN DE DÍAS Y RESULTA…
que no pude.
FUERA DEL AIRE
Querido público estaré fuera de la escena de blog, msn y feisbú unos días pues estoy con lapiz en una mano, teclado en otra afinando los últimos detallitos del libro que ya saben. El lunes el susodicho paper se va al DF a manos del tutor del terror: oséase el lector certero que nos dirá si cumplimos, no cumplimos, ahí la llevamos o que mejor nos busquemos otro oficio.
CUANDO LOS HIJOS (adoptivos) SE VAN
Entramos juntos a la prepa (él como alumno, yo como maestra) y cuando menos lo pensé se convirtió en adulto. Ayer me dijo que ha organizado todo para graduarse en diciembre. Me cayó como bomba: se va. Terminó. C’est finis. Game over.
¿Lo voy a extrañar? Sí y mucho.
Y ahora, ¿quién va a actualizarme de todo lo inimaginable?
No-lo-sé y me aterra: no encuentro aún alumnos-amigos de su calibre. (Ya no los hacen así).
DOMINGO DE PLAZA
Los planes maléficos de ir al cine ayer con la mujer que trajo al mundo a cuatro titanes (oséase: mi madre), se vinieron abajo por cuestiones de horario (oséase: porque llegué tarde por ella). Así que saqué a mi hijo de los brazos y del carro del niñero (oséase: mi padre) y junto con él y su ahora inseparable y audaz Ripstick hicimos algo que nunca nunca nunca hacemos: fuimos a la plaza.
Nuestros domingos de fodonguear frente a la tele, frente a la compu o frente al uno y el otro, quedaron atrás. Vimos una pequeña exhibición de bicicleteros acróbatas (y yo agradecida de que fueran bicicleteros y no patineteros porque de seguro el hijo hubiera querido copiar algo). Luego mientras él se deslizaba en dos llantas yo caminaba tratando de evitar los puestos de tostitos, de raspados, de nieves oaxaqueñasonorenses… lo siento, me venció el coctel de elote y me compré uno de veinte.
Vimos a gente con perro y sin perro, con hijos y sin hijos, con patinetas y sin ellas, con patines y sin ellos, con alegría y con coquetería. Vimos, como en canción de Calle 13: “ricos pobres clase media, cosas bonitas y un par de tragedias”.
Vimos gente, mucha gente. Y nos sentimos gente y no los ermitaños que normalmente somos en domingo.
NYC
LUCKY
Estoy viendo una película de Susan Sarandon y Julia Roberts. La una es divorciada y con dos hijos. La otra es la prometida del ex esposo de la una y padre de los dos hijos. Risas, sentimientos encontrados. La una tiene cáncer y va a morir. La dos comienza a crear lazos con los hijos a compartir la convivencia. Es una película, ya lo sé. Están en un bar, la una le dice a la otra, yo tengo su pasado tú tienes su futuro. Pienso, por supuesto en que yo comparto mi hijo. Pienso, por supuesto que es bonito sentirse tranquila por ello, tener la seguridad de que en otra casa lo quieren y lo quieren mucho, lo quieren como propio.
BODY BALANCE MY ASS
Comienzo a sospechar que en mi vida tiene que haber algo más que escuela, hijo, novela y gym. Últimamente sólo escribo de esas cosas. Pero en lo que encuentro un tema nuevo de qué escribir, y en el cual vivir, ahí les va otra de gimnasio.
Los lunes dan una clase que se llama Body Balance. La he tomado en tres ocasiones y se había sentido así muy bodybalance. Es algo como Pilates meets Yoga, bonito, tranquilito. Música lounge (o una desas categorías que siempre me dan risa). La instructora es muy buena y nos había estado llevando por el mundo como si de flotar se tratara. Pero el lunes, ESTE LUNES, nos puso las cosas difíciles la mujer (en mi familia cuando alguien pierde el título o el nombre es porque deja de ser nuestra persona favorita, ejemplo: Angélica una vecina pasó a ser LA mujer, cuando comenzó a estacionarse justo frente a casa de mis padres ocupando el que es el lugar de las visitas). Anyway yo creo que la mujer dijo: YA es hora de dejar de flotar y aumentar la resistencia, la fortaleza o la bondad del músculo. El tiempo en cada posición se triplicó, el estiramiento se intensificó, el dolor nació. Y se quedó. Tampoco ayudó en nada que después de esa clase yo tomara veinte minutos de la siguiente que es de Zumba (y de la cual aún no he escrito como se merece).
Y pues heme hoy en miércoles subiendo las escaleras a mi oficina y sintiendo que se trata de una penitencia. No body balance at all, me tambaleo absurdamente. Ayer caminaba como pingüinito en ayunas, anoche no pude ir a Yoga porque hasta me dolía pensar en que para ir allá tenía que manejar y que manejar implicaba meter clotch freno y acelerador con mis piernitas. Para colmo tengo cólico (y si me dicen que por eso estoy adolorida, catártica y dramática: los muerdo).
Es un dolor agradable, no lo puedo negar, el dolor del esfuerzo (o quizá sea una jalada que me he dicho para convencerme de que vale la pena) y no se preocupen hoy volveré al gym y esto que me hizo LA mujer no me hará flaquear.
MI TÍA MARGARITA
Hace un año, aquí , escribí de mi tía Cuca. No expliqué ahí que los últimos años de su vida los pasó en la misma casa en la que vivió siempre, cuidando de su mamá, mi tía Margarita. Siempre andaban juntas por todos lados. De arriba para abajo en el carro de mi tía Cuca. Supongo que los años y sus arrugas y su cansancio les llegó también juntas.
Dicen que en el funeral de mi tía Cuca, la tía Margarita se la pasó riéndose y saludando a quienes reconocía. Para ella la senilidad significaba reírse de todo y de todos. No se dio cuenta, nunca se dio cuenta de que si estaban todos reunidos ahí era porque su hija, su única hija, había muerto. Creo que fue mejor que no se enterara que ella, su compañera de siempre, de arriba abajo, de a todos lados, había muerto. Pero nadie nos dijo qué pasó los días siguientes, los meses siguientes. Nadie nos dijo si en algún momento de lucidez se acordó de Cuquita y preguntó por ella.
Mi padre me ha dicho que su tía -la tía, nuestra tía- Margarita ha muerto también. No lo ha dicho triste, tampoco lo ha dicho con indiferencia. Lo dijo y ya. “La tía Margarita murió hace un mes”. Dice que nadie le avisó, que apenas hace unos días que habló con su hermana se enteró de lo ocurrido. Mi mamá está molesta, no entiende por qué no nos avisaron. Mi mamá la quería mucho, también era su tía, a fin de cuentas. Mi papá no está molesto, mi papá me platica lo que siempre nos dice de ella “me quería mucho, era yo su sobrino favorito…”
La tía tenía unos 97 o 98 años. Cuando pasaba los veranos en el DF y mi mamá me dejaba en su casa para irse a estudiar a la Normal, era la tía la que me cuidaba. Ella me presentó los mercados y sus colores. Ella caminaba por todos lados. Ella me enseñaba las fotos de los tíos y de mi papá cuando estaban chicos. Ella me enseñó a rezar el padre nuestro. O tal vez era el ángel de la guarda, ya no sé.
La última vez que la vi usaba un bastón, seguía usando el cabello corto y lo rizaba perfectamente con tubos. Yo no tenía un hijo ni esta extraña necesidad, gusto o loquesea que estosea por escribir de los que ya no están, aquí.


