Y ya sospecho que la nueva serie Fringe me va a sitiar todos los martes en mi casa.
HANAN
Estoy leyendo las memorias Fátima Mernissi, un libro que me tiene deslumbrada. Su infancia islámica dentro de un harén, en una gran casa que compartía con sus tíos y sus primos, con la frontera o hudud bien delineado en su vida. Fátima sabía a qué habitaciones podía entrar y a cuáles no y esperaba junto con su primo Samir los viernes porque era cuando subían a las casas-habitaciones donde vivían otras tías con otra forma de ver la vida, entre ellas la tía Habiba. Dice:
“La vida arriba era mucho más agradable, en especial porque todo iba acompañado de hanan, una cualidad emocional marroquí que muy pocas veces he encontrado en otras partes. Es difícil definirlo con precisión, pero básicamente consiste en una corriente de ternura que fluye con naturalidad, despreocupada y siempre disponible. Las personas que ofrecen hanan, como tía Habiba, nunca amenazan con retirarle el cariño a alguien si comete una falta leve o incluso grave pero involuntaria. Abajo era difícil encontrar hanan, especialmente entre las madres, que estaban demasiado ocupadas en enseñar a sus hijos a respetar la frontera como para preocuparse de la ternura”.
Hanan. ¿No es hermoso?
INSISTO
Alguien en la red piensa que yo soy un hombre.
PUENTE
…
PARA LA GALAXIA
Son resuaves tus comentarios.
DICE STRINDBERG
Que “suceden en la vida cosas tan horribles que el alma se niega a guardar en el momento huella de ellas; pero la impresión permanece y no tarda en reproducirse con fuerza irresistible”.
Entiendo, entiendo.
No sé si he vivido cosas con ese adjetivo: horribles. Pero sé que he vivido, he visto, he leído, he escuchado o he sentido cosas dolorosas, o tristes nada más. Tanto que, en efecto, el alma se niega a guardar huella. Sin embargo yo sí temo que la impresión de todos modos se quede y temo aún más en que se reproduzca con fuerza. Porque me ha ocurrido. Y no me ha gustado.
Así que mientras leo este Inferno de Strindberg me digo, me prometo, me convenzo de que hay que verla, no evitarla, hay que mirar de frente la impresión y disminuirla, hacerla aire, polvo para que se vaya y la vida suceda, la vida fluya. No con rabia contenida, sin rabia, punto.
Y mientras escribo esto y una parte de mí admite el talento de Strindberg otra parte de mí tiene ganas de estar leyendo cualquier otra cosa menos infernal.
ESTOY
En que la vecina, comiendo ensalada y papitas con chamoy, veo cómo le pinta y le corta el pelo a la carito y veo como la bellota se arranca las extensiones como si fuera una vikinga. De fondo no tenemos música sino las caricaturas que el hijo de la vecina no ve porque está dormido (y no entiendo por qué ninguna de nosotras le cambia o le apaga). Estoy refeliz. Hay muchas risas, mitotes y cabellos tirados en el piso.



