CHESIL BEACH: UNA PIEZA DE CÁMARA

Hay autores que no dejan de sorprenderme. Ian McEwan es un ejemplo. Cada una de sus novelas y cuentos es una caja de pandora, uno -el lector- no sabe qué va a ocurrir tan pronto comience a leer. Supongo que a sus personajes les ocurre lo mismo, ellos no tienen idea de hacia dónde los va a llevar su pluma.

Este es un autor que no repite fórmulas (y uno diría que ningún autor repite fórmulas y uno estaría muy equivocado). Sin embargo yo no puedo dejar de pensar en el sutil y ligero guiño que tienen Chesil Beach y Amsterdam.

Mientras Amsterdam inicia en un funeral. Chesil Beach lo hace en una noche de bodas. Los hechos entre el funeral y el fin de la novela son cuestión de días, semanas, y entre medio reconocemos por atisbos la vida de los personajes. Lo que no está y está.

En Chesil Beach ocurre algo parecido, el contrapunto, el detonante es esa noche de bodas que ella sabe que debe consumar pero que en realidad repudia y que él quiere consumar sin saber exactamente cómo. Dentro de esa noche, también por atisbos, también despacio, también intercaladamente se nos relata la trayectoria de los protagonistas. No se dice todo y sin embargo se sabe. La novela rodea e intercala la sociedad inglesa de los sesentas, los cambios y el impacto de éstos. La novela abraza a dos seres incapaces de.

McEwan es un maestro cuando se trata de retorcer, cuando se trata de narrar peripecias de manera minuciosa y a la vez imprecisa. De ir a lo cotidiano a lo interior, a lo inexplicable.

En Chesil Beach nada sobra. Es una pieza de cámara, breve y precisa.

LODO

De pequeña jugaba barbies, casita, escuelita. También de repente fut-beis (razón por la cual, supongo que nunca aprendí bien a bien las reglas del futbol por un lado y las del beisbol por el otro). Regaba el jardín (o al menos así lo dice una foto) y me mojaba con agua de manguera. Andaba en bici, iba al parque de la calle de atrás.

Lo único, lo verdaderamente único que no hacía era ensuciarme.

Yo JAMÁS fui niña de andar en la calle con los pies descalzos, con las manos sucias, con tierra en vestido y cara. Olvídense de los pastelitos de lodo o de enfangarse después de la lluvia. No, no, no. Hasta la fecha un poco de polvo en las plantas de mis pies y me vuelvo loca.

¿Y qué hago cuando voy a la playa? Bien, pues la arena seca me gusta, me gusta su cosquilleo, además se quita sin dejar mancha (deja tan sólo unos granitos en todo caso). Arena mojada de mar, bueno sí es más pegajosa pero no es incómoda, es agradable es fresca y una camina un poquito y listo, limpios con agua de mar. Sin embargo, no me pidan quedarme más de 4 horas en la playa porque entonces cada 5 minutos miro el reloj.

El caso es que alguien que recién conozco y que me está ayudando y que me está cuidando y que me está enseñando y que me está diciendo cómo puedo soltar lastres me dejó de tarea caminar al menos 20 minutos diarios sobre la tierra o sobre el pasto mojado. Para cualquier persona esa tarea es un regalo, para mí en principio significó un reto. ¿Lo harás?, me preguntó. Y sin pensarlo un segundo dije: lo haré.

Sí, a pesar de que odio las plantas de mis pies sucios (freud stop there!), a pesar de mi pasado de niña limpiecita. A pesar de que lodo y tierra no combinan con mi pedicure. A pesar de todo, Yo Sylvia, voy a ensuciarme, es más ni siquiera lo veo como ensuciarme.

Yo, voy a tocar tierra. Tocar tierra.
Tocar tierra.

El sábado comencé. Primero en el jardín de mi casa y ayer por la noche lo hice en la terraza más hermosa. Lo hice acompañada de mis amigos quienes entre que se reían, se miraban, bromeaban y a su modo me vitoreaban. Se sintió bien.

Me juraron (¿o me advirtieron?) que en mi cumpleaños me aventarían con plastas de lodo.
¿Existe mejor regalo?

No.

Mi Lodo será mejor que el de Fadanelli, lo juro.

OMM

Después de casi dos años y después de no sé cuántos accidentes en tobillo y cuello, finalmente pude volver al yoga, mi cuerpo cedió, mi mente intercedió. Estirar, tocar, aprender -en serio- a tener la mente en blanco. Mantener la postura. Erguirse. El dolor del día siguiente, en las piernas, en los brazos.

Ensuciarse los pies. Sudar. Sentir el alma tranquila.

Eso es el yoga.

COMO UN ELEFANTOTE

“I misbehaved
I’m in your way
I’m in your way
Like an elephant
Gentle smiling

With pointed teeth
Now there’s a war between
My high hopes and me…”

Nina Person lo dice aquí.

A UNA, NO SE LE HACE ESTO

Pues una tiene diez DIEZ, D I E Z días sin tomar café. Por manda, por deseo, por salud (mental y física), por necia, por loca, porque puede porque puede porque puede. Diez días. Y la vida transcurría más o menos tranquila. La ansiedad de llegar a la oficina a prender la cafeterita con la mano temblorosa por la urgencia del café estaba más que controlada, una estaba bien.

AAAAAHHHH, PERO NOOOOOOO, a una tienen que inquietarla. Con razón Mafalda odiaba a los gringos.

Una va camino al trabajo, por otro camino, no el de los últimos diez días y se topa, se encuentra, choca casi con una lona GIGANTE que dice, que anuncia, que grita, que agrede: ¡STARBUCKS COFFEE PRONTO AQUÍ!

¿Qué se creen?
¿Qué se creen?
(sollozo)
¿Qué-se-creen?

Atentamente
una muy descafeinada Sylvíssima.

LITTLE WONDER

Mars happy nation, sit on my karma
Dame meditation, take me away
Little wonder then, little wonder
You little wonder, little wonder you…!!!!

(Saint) David Bowie aquí.

EN EL LIMBO DEL NO

No pensar. No pensar. No planear. No planear.
No esperanzarse. No desistir. No insistir. No desistir. No desistir.

No romperse.
No pensar.
No olvidar.

MOTO,HERMANO, CLAVÍCULA

Una moto nueva.
Un motociclista en ciernes.
Un derrape.

Resultado: mi hermano mayor tiene la clavícula fracturada, la rodilla en truene y habla en plural cuando habla del accidente que tuvieron él y su moto.