12:00 a 13:00 hrs.
Moderador: Víctor Hugo Barrera
Anna Georgina StClair (Querétaro)
Josefa Isabel Rojas Molina (Cananea)
Abril Castro (Baja California)
Mara Romero (Cajeme)
Silvia Aguilar Zeleny (Hermosillo)
Julieta Cortés (Distrito Federal)

Espacio de Ocio y Escritura de Sylvia Aguilar Zéleny
Tres cosas:
p.s. Compre su picnic en su Sanborn’s favorito pero tenga cuidado, huele mucho a tinta.
Miré a la casa de al lado, no sé por qué, supongo que fue instintivo (para ver si mi vecina la tenía o algo así) (es genial poder culpar a los vecinos de todo) y nada, ella tampoco tenía manguera, y la vecina de más allá tampoco, y la de más allá, menos. Conté 7 casas sin mangueras: ¡SIETE!
Entré a mi casa en una especie de mild shock, y con una serie de cuestionamientos que a continuación comparto.
1) ¿quién se roba no una, sino siete mangueras?
2) ¿cómo se las lleva?
3) si, obviamente, se las lleva en carro es porque vino en carro, por lo tanto
4) ¿quién demonios maneja hasta mi calle que es la penúltima calle del mundo (bueno, no del mundo, pero sí de mi colonia) para robarse 7 mangueras (si no es que más)?
5) una vez robadas, ¿qué demonios hace con ellas? ¿existe un mercado negro de mangueras y yo lo desconozco? ¿hay gente que compraría mangueras usadas? ¿quién le asegura que la manguera de “segunda” que se está llevando no está llena de recuerdos para otra familia (o simple y llanamente, de hoyos de muchos hoyos que impedirán un uso efectivo de la misma)?
Esto es un misterio, un misterio que muy probablemente se quedará sin resolver. Y lo peor es que temo, como nunca antes, comprar otra manguera y que me la roben y que en el inter mi pasto siga secándose sin posibilidad alguna.
A veces, la noche tiene estas cosas. El aire atraviesa lentamente la oscuridad y un sentimiento formado en algún lugar lejano te cae en las manos como una estrella y te despierta. O dos personas tienen el mismo sueño. Todo sucede la misma noche, y lo que una siente entonces nunca dura hasta más allá del amanecer. A la mañana siguiente, lo ocurrido se vuelve vago y se confunde con la luz. Pero esas noches son infinitamente largas y relumbran como piedras preciosas.
Tsugumi, Banana Yoshimoto.
Esta debe ser tu mantra:
no reprobaré a nadie
no reprobaré a nadie
no reprobaré a nadie
no reprobaré a nadie
no reprobaré a nadie.
¿Entendido, M.?
Cada año desde hace pocos años en esta ciudad donde reina el calor más infernal (después del mismo infierno, claro está) se celebran las llamadas Fiestas del Pitic. Las calles de la parte mona de la ciudad se cierran, hay expendios de cerveza a cada tres pasos, escenarios, carpas, venta de artesanía, más cerveza, comida muchos estantes de comida (con decirles que me comí un kebab, que más bien parecía un percherón con tabule, pero bueeh); cantantes de por aquí y de por allá. Pareciera que uno le pone aleatorio a un ipod, no el mío aclaro, pasamos de Fernando de la Mora a Óscar Chávez, tocó turno a Lila Downs -que alguien le diga que quite de su repertorio esa versión comunista de La Cucaracha- y hoy cerramos -hínquense todos- con Margarita la Diosa de la cumbia. También quesque anduvo Kinki, se presentó Susana Alexander y -vuélvanse a hincar- Ofelia Medina (bueno ella se presenta hoy).
Lo mejor, para variar, fue agarrar la mesita esa en la calle del Está Cabral, con los amigos que iban y venían, los amigos que pasaban y se estacionaban un rato, los encuentros con amigos que hace mucho que no se veían y la gente desconocida a quien viboreamos de pies a cabeza.
El hijo dice que Las Fiestas del Pitic es SU tiempo, porque es la única vez a la año que tiene permiso de andar sin mamá al ladito de acá por allá, tocando base en mi mesa de vez en cuando para perderse otra hora más en los recónditos estantes, pasillos y demás diversiones que ofrecen las susodichas celebraciones. (Volví a casa anoche con un semi-emo de 9 años con pulseras negras hasta el codo, cintonegro de lomás rocker pero sin la actitud pasivoagresivanegativaemotiva que se dice que tienen los emos) (o eso creo, lo revisaré bien al rato).
Hoy, me duelen las piernas, la panza de tanto reírme, la cabeza y me siento cansada… pero aaah cómo me he divertido (diría normalmente,pero lo bailado nadie me lo quita, pero la verdad no bailé).