HORAS DE JUNIO

Ojo con la mesa del viernes, en la Sociedad Sonorense de Historia: Sylvíssima will be there (and will be selling books) (or so she thinks).

Mesa 21
12:00 a 13:00 hrs.
Moderador: Víctor Hugo Barrera
Anna Georgina StClair (Querétaro)
Josefa Isabel Rojas Molina (Cananea)
Abril Castro (Baja California)
Mara Romero (Cajeme)
Silvia Aguilar Zeleny (Hermosillo)
Julieta Cortés (Distrito Federal)

ONE FINE DAY

  • El café me quedó delicioso.
  • Mi clase salió muy bien (cómo me gusta dar literatura moderna).
  • La acróbata vino, me trajo un té helado y trabajamos casi dos horas con sus textos (que con una manita de gato quedarán divis-divis porque la acróbata es una endemoniadamente buena escritora).
  • Tsugumi dijo lo que tenía que decir y lo dijo bien.
  • Comí rico y platiqué a gusto como todos los días con my foreign bunch.
  • Y lo mejor: HOY llega Pluecker mi amor de amores.

GROUND CONTROL TO MAJOR SYL

Sometimes I have the feeling I am like Major Tom, the one in David Bowie’s song. Sometimes I get the feeling that I need a voice (better if it’s Bowie’s) to tell me: “Ground Control to Major Syl, take your protein pills and put your helmet on”. And I, as obedient as I can be (specially if Bowie asks me to be) would do so. Sometimes I have the feeling that i need to hear “Commencing countdown, engines on, check ignition and may Thor’s love be with youTen, Nine, Eight, Seven, Six, Five,Four, Three, Two, One, Liftoff!”, and then (and only then) I would be ready for everything and anything, I would dare to leave my capsule (or my good mood) (or my bad mood) and step through the door and float in a most peculiar way. Stars would look different even though planet earth is blue (because, actually, there is nothing I can do).
But no. There is no voice (sadly not Bowie’s not anyone’s) saying: “Ground control to Major Syl” before I start my trip (any kind of trip).
Anyway, for those of you who have no idea which song and which feeling I am talking about check this, hear this, feel this (and save the comments on his looks, it was 1969.

NÚMERO NO DISPONIBLE

Para muchos de ustedes debe ser absolutamente normal que a cierta hora de la mañana suene su teléfono y del otro lado de la línea se encuentren con la voz de alguna de sus hermanas o hermanos. A lo mejor llama para recordar aquel evento, para pedir una olla o un par de zapatos prestados, para decirte que necesita la olla o que te quedes con los zapatos.

Mi caso no es así.

Cuando a cierta hora de la mañana suena el teléfono y del otro lado de la línea descubro la voz de mi hermana, y no me habla ni de eventos, ni de ollas y mucho menos de zapatos, mi día cambia completamente. Mi día es otro. Soy otra. O, pensándolo bien, soy la misma, la misma que extraña a su hermana que está del otro lado del mundo y que se regocija cuando el teléfono suena y en la pantalla aparece la leyenda “número no disponible”. El “número no disponible” es lo más cerca a lo que más quiero.

EL EXTRAÑO CASO DE LAS MANGUERAS ROBADAS DE LA CALLE DONDE VIVO

Eran las 6:40 de la mañana. Yo mitad piyama y mitad ropa del día, salí de mi casa a tirar la basura como cada lunes (bueno, hay lunes que salgo toda piyama y hay lunes que salgo ya vestida, pero eso no es lo importante). Continúo: salgo y lo primero que veo es la sequedad de mi pasto (un día escribiré del grave conflicto que tengo con mi pasto) (pero eso, de momento, tampoco es lo importante), lo segundo que veo es que mi manguera, mi manguera que me ha acompañado en los últimos cuatro años de vida no estaba en su lugar. Me quedé de piedra. Es más, hasta dije en voz alta (sin temor a ser tomada como la loca de la colonia que habla sola, pues ya todos saben que soy la loca de la colonia que habla sola): ¡¿Y MI MANGUERA?!

Miré a la casa de al lado, no sé por qué, supongo que fue instintivo (para ver si mi vecina la tenía o algo así) (es genial poder culpar a los vecinos de todo) y nada, ella tampoco tenía manguera, y la vecina de más allá tampoco, y la de más allá, menos. Conté 7 casas sin mangueras: ¡SIETE!

Entré a mi casa en una especie de mild shock, y con una serie de cuestionamientos que a continuación comparto.

1) ¿quién se roba no una, sino siete mangueras?

2) ¿cómo se las lleva?

3) si, obviamente, se las lleva en carro es porque vino en carro, por lo tanto

4) ¿quién demonios maneja hasta mi calle que es la penúltima calle del mundo (bueno, no del mundo, pero sí de mi colonia) para robarse 7 mangueras (si no es que más)?

5) una vez robadas, ¿qué demonios hace con ellas? ¿existe un mercado negro de mangueras y yo lo desconozco? ¿hay gente que compraría mangueras usadas? ¿quién le asegura que la manguera de “segunda” que se está llevando no está llena de recuerdos para otra familia (o simple y llanamente, de hoyos de muchos hoyos que impedirán un uso efectivo de la misma)?

Esto es un misterio, un misterio que muy probablemente se quedará sin resolver. Y lo peor es que temo, como nunca antes, comprar otra manguera y que me la roben y que en el inter mi pasto siga secándose sin posibilidad alguna.

A VECES, LA NOCHE

A veces, la noche tiene estas cosas. El aire atraviesa lentamente la oscuridad y un sentimiento formado en algún lugar lejano te cae en las manos como una estrella y te despierta. O dos personas tienen el mismo sueño. Todo sucede la misma noche, y lo que una siente entonces nunca dura hasta más allá del amanecer. A la mañana siguiente, lo ocurrido se vuelve vago y se confunde con la luz. Pero esas noches son infinitamente largas y relumbran como piedras preciosas.

Tsugumi, Banana Yoshimoto.

MANTRA

Esta debe ser tu mantra:

no reprobaré a nadie
no reprobaré a nadie
no reprobaré a nadie
no reprobaré a nadie
no reprobaré a nadie.

¿Entendido, M.?

LAS FIESTAS DEL PITIC

Cada año desde hace pocos años en esta ciudad donde reina el calor más infernal (después del mismo infierno, claro está) se celebran las llamadas Fiestas del Pitic. Las calles de la parte mona de la ciudad se cierran, hay expendios de cerveza a cada tres pasos, escenarios, carpas, venta de artesanía, más cerveza, comida muchos estantes de comida (con decirles que me comí un kebab, que más bien parecía un percherón con tabule, pero bueeh); cantantes de por aquí y de por allá. Pareciera que uno le pone aleatorio a un ipod, no el mío aclaro, pasamos de Fernando de la Mora a Óscar Chávez, tocó turno a Lila Downs -que alguien le diga que quite de su repertorio esa versión comunista de La Cucaracha- y hoy cerramos -hínquense todos- con Margarita la Diosa de la cumbia. También quesque anduvo Kinki, se presentó Susana Alexander y -vuélvanse a hincar- Ofelia Medina (bueno ella se presenta hoy).

Lo mejor, para variar, fue agarrar la mesita esa en la calle del Está Cabral, con los amigos que iban y venían, los amigos que pasaban y se estacionaban un rato, los encuentros con amigos que hace mucho que no se veían y la gente desconocida a quien viboreamos de pies a cabeza.

El hijo dice que Las Fiestas del Pitic es SU tiempo, porque es la única vez a la año que tiene permiso de andar sin mamá al ladito de acá por allá, tocando base en mi mesa de vez en cuando para perderse otra hora más en los recónditos estantes, pasillos y demás diversiones que ofrecen las susodichas celebraciones. (Volví a casa anoche con un semi-emo de 9 años con pulseras negras hasta el codo, cintonegro de lomás rocker pero sin la actitud pasivoagresivanegativaemotiva que se dice que tienen los emos) (o eso creo, lo revisaré bien al rato).

Hoy, me duelen las piernas, la panza de tanto reírme, la cabeza y me siento cansada… pero aaah cómo me he divertido (diría normalmente,pero lo bailado nadie me lo quita, pero la verdad no bailé).