EL LLANTO, SIN LLANTO

La noticia le preocupa. Lo entristece. Me habla del tema y luego me dice, no quiero hablar de esto ya. Me habla de cambios, de fechas. Menciona marzo y su cumpleaños. “Quizá en el mismo día”, dice. Siento que algo me quitan, dice. Quiero reiniciar la vida, repite. Tiene una astillita, una de las primeras en su vida. Tiene un llanto sin llanto. La mirada más triste. Se aferra a mí, su mamá, para que lo conforte.

Y dentro de todo eso, dentro de todo lo que siente, dentro de todo lo que es y le preocupa repite: ¿y tú, mamá, cómo te sientes? ¿tú qué sientes? ¿tú estás triste?

Le digo, claro, que lo único que me pone triste es verlo triste. Le digo que no es malo estar triste. Que es necesario estar triste para luego estar contento.

Le doy mi mejor abrazo. Le planto mis mejores besos. Le recuerdo que esta es su casa, que este es su mundo, que esta es su habitación y que esta es su mamá y que nada, nada cambia eso.

Lo hago reír, lo hago brincar. Lo hago sentir que el mundo sigue su rumbo. Lo hago soltar amarras.

Y cuando está tranquilo en el sillón azul esperando que inicie la película, cierro la puerta de mi habitación y hago lo mismo que él. Le llamo a mi madre para que me conforte.

Mi madre me dice lo mismo, a veces es necesario estar triste para luego estar contento.

EL MUNDO, EN LA COMIDA CHINA

Estoy sola.
Decido no cocinar.

Voy a mi lugar favorito de comida china. Ordeno el paquete uno para llevar y pido un té helado. Saco una revista de mi bolsa, me pongo a leer. Las mesas a mi alrededor están pobladas por familias. Los pasillos entre las mesas están habitados por niños que corren, gritan. Los meseros se mueven todos con la preocupación de quien ha olvidado esto o aquello. Hay dos televisores prendidos, un trío que canta canciones de amor. Una señora china que va y viene de la caja a la cocina.

Trato de concentrarme para leer y no puedo.

El mundo ocurre a mi alrededor y tengo ganas de escribirlo. Tengo una libreta, mi libreta, mi querida moleskine en la bolsa. Pero no la saco. No todo se tiene que escribir, me digo. Vuelvo a la lectura. Pero no leo mi revista. Leo el mundo, en la comida china.

Lo leo quieta.