EL PLACER DE LA INCERTIDUMBRE

Ibamos por una callecita cerca de Centenario, la idea era salir al Blvd. Serna. Hablábamos de todo lo que se puede hablar a las cuatro y tantas de la tarde, después de salir de trabajar… es decir, de los jefes y su contundencia. De fondo se escuchaba el disco de Las Trillizas de Belleville.

Entonces, lo vi.

Estaba ahí, parado en esa esquina. Miraba nada en general o todo en específico. En su mano derecha estaba un carrete de hilo, seguí, derechita, el destino del hilo. En su otra punta, dulce y colorido, estaba un papalote. El hombre estaba ahí volando un papalote, solo. No había un niño a su lado, un niño que justificara el vuelo del papalote, como ocurre en cualquier otro lugar de la ciudad.

Me pareció la imagen más bella del día.

¿Por qué un hombre de cuarentaytantos años a la cuatroytantas de la tarde vuela un papalote solo, completamente solo?

No lo sé y el no saberlo, también, me fascinó.

HOMBRE LENTO

Orgullosa y feliz, así estoy.

He comprado ya Hombre lento, la más reciente novela de J.M. Coetzee.
¿Les he dicho ya que junto con Elfiede Jelinek este es mi novelista preferido del principios del siglo XXI?

Por cierto, en esta novela la controversial escritora Elizabeth Costello, reconocido personaje de Coetzee, reaparece!

MANDADO DAY

Hoy toca ir al mandado.
Me choca.

Estoy consciente de que hay mujeres que sencillamente AMAN el día de mandado, se pasean orgullosas, pavoneándose con su carrito. Yo no, yo a veces dejo el carrito al principio de un pasillo, digamos el de los cereales y caminando apurada voy por el cereal del hijo y me regreso. Me choca eso de andar empujando, escogiendo, decidiendo.

Además debo admitir también que soy muy muy mala para comprar. La última vez, en la sección de tomates, lo comprobé. Estaba yo tranquilamente casieligiendo y metiendo tomates a mi bolsita cuando oigo un diálogo:

– cuántos tomates?
– unos seis siete.
– son para salsa o para ensalada
– para salsa
– ah ok, entonces éstos los regreso.

¿Qué pasó??? Sentí que me perdí de información valiosísima. Hay una diferencia al escoger tomates para una salsa y tomates para una ensalada. Cómo son unos, cómo son otros??? Viví un estrés que ni les platico. Mi sentido común, que de vez en cuando aparece en mi vida, no fue capaz de indicarme las diferencias.

Angustiada, me retiré con mi bolsita de cuatro tomatitos ( de los que a fin de cuentas se echaron a perder dos por falta de uso) y empujé mi carrito sintiéndome la más tonta de todas las mujeres en el Walmart. Y esa es una, sólo una de las razones por las cuales la pienso taaanto para ir al mandado. Ni siquiera deseo mencionarles de las señoras que se meten en la fila del jamón, de las veces que le tengo que decir al hijo “eso no vamos a llevar”, de la indecisión por el detergente…

Puff