El amor es así, el argot es así, las calles son así, los sonetos son así, el cielo de las cinco de la mañana es así. La amistad en cambio, no es así. En la amistad uno nunca está solo.
Roberto Bolaño

Espacio de Ocio y Escritura de Sylvia Aguilar Zéleny
El amor es así, el argot es así, las calles son así, los sonetos son así, el cielo de las cinco de la mañana es así. La amistad en cambio, no es así. En la amistad uno nunca está solo.
Roberto Bolaño
1. Me sentiría feliz por todo el revuelo que ha causado la película basada en el texto que yo escribí.
2. Estaría divertidísima en mi casa de Wyoming viendo todos los videos y leyendo todas las críticas que hacen sobre la misma mientras por otro lado estaría hablando con mi abogado para ver a quien podría demandar y…
3. Planearía una editorial llamada Hunt and Fishing.
4.Consideraría dejar de pescar con mis propias manos y conseguir una manicurista para ir a la entrega de los Oscares.
5.Le diría a Ang Lee “Querido Ang quiero que a la premiación me acompañe…”
6.Haría antes una lista de mis posibles acompañantes que incluyera claro a Jake Gynehall (sic) y a Michelle Willliams.
Pero como no soy annie proulx (se pronuncia prul) y ya estoy harta de toooodo lo que se dice y hace sobre brokeback mountain y soy una de las cinco personas de esta ciudad que por lo menos ya leyó el texto, entonces me contento con saber que una buena narrativa escrita se convirtió en una buena narrativa visual que un buen día veré.
He dicho.
Comí algo que me hizo daño. No, no recuerdo qué. Sólo recuerdo que unas horas después de la comida comencé a sentirme mal, estaba en el estudio, viendo la tele. Apenas tuve tiempo. Corrí al baño pero no llegué, vomité todo en la alfombra del pasillo. Andrea andaba por ahí, ella fue quien gritó. Mamá vino corriendo. Imagino que no era la primera vez que vomitaba pero se sintió como la primera, la primer gran vez. No podía detenerme. Mi hermana me gritaba asqueada, yo, enojado. Mi mamá trataba de callarnos a ambos.
Entonces él salió de su habitación. “¿Qué ocurre aquí?”, preguntó. Andrea trató de explicarle hasta que él la interrumpió: “Puedo darme cuenta de que tu hermano está vomitando, pero “¿por qué tanto alboroto con una chingada?”
No recuerdo bien qué ocurrió después. Creo que finalmente fui al baño, vomité un par de veces más y me metí a la regadera. Cuando salí mi madre estaba de rodillas, limpiando el piso. Andrea lloraba frente al televisor, mamá le decía una y otra vez que se callara, que se calmara, que guardar silencio. Yo llevaba mi toalla al patio cuando oí el primer golpe.
Mamá estaba de rodillas cuando papá le dio la primer patada, “¿Qué no puede haber silencio en esta casa?, ¿qué no puedes callar a tus propios hijos?” La pateó tres veces más, mamá no opuso resistencia. Nunca opuso resistencia.
Tomé a Andrea de la mano y la llevé conmigo al patio. Nos sentamos bajo el árbol. Me preguntó si tenía un dulce, le dije que no. “Qué lástima”, dijo. Luego hablamos del programa de televisión que nos gustaba ver y de lo que pediría de Navidad.
No sé cuánto tiempo pasó.
Luego entramos a casa y nos pusimos a ver la tele. Mamá de pronto salió del baño, olía a jabon. “¿Alguien quiere helado?”, preguntó. Cuando estas cosas pasan siempre nos da nieve o galletas.
Durante la cena él se disculpó con ella. Escuché, otra vez, a mamá perdonando a papá. Mamá sonreía. Yo sólo pensaba en su resistencia.
(léase antes o después de leer este otro)