1. Ves todo ese arsenal de juguetes de los Increíbles y desearías vender tu alma a quien sea con tal de comprárselos a quien tú sabes.
2. Ves un librote de Frank Capa e insistes en pensar que vendiendo tu alma podrías regalárselo al otro quien tú sabes.
3. Vas a Tlaxcala y escoges esa botella de licor de piñón para su fan mayor incluso antes de ver los aretes y anillos que normalmente te vuelven loca.
4. Ves unas libretitas hechas a mano y te lamentas y se la mentas al vendedor por su precio porque serían perfecta para tus amigas las escritoras.
5. Observas los cuadros de Basquiat y no dejas de imaginar qué pensaría tu amigo el ilustrador al ver esta o aquella.
6. Cae la noche y tienes la tentación de ver si el de cinco está dormido porque has olvidado por un segundo que él no está en la habitación contigua.
7. Compras este o aquel libro para ti, este o quel libro para, por supuesto, el de cinco, este o aquel para tu padre y este o aquel para tu madre. Te lamentas que Ventanas de Manhattan este tan jodidamente caro.
8. Cada noche, aunque duermes sonriendo por haber gozado la jornada, te dices: un día menos para volver a casa a verlos a ellos, “mis” ellos.
(todos somos) PEREGRINOS
Avanzo sobre la carretera, voy hacia un punto desconocido, la cuna de no sé qué. Realmente no importa porque ahí por la carretera hay un paisaje de árboles con el verdor de años y años de existencia, un lienzo de valles, de volcanes que se adivinan bajo la sombra de las nubes, de la neblina, de la contaminación. Ahí están. Yo lo sé.
También, ahí, del otro lado de la carretera están ellos. Los peregrinos. Caravanas de hombres, mujeres y niños con imágenes de la Virgen de Guadalupe al hombro. Sonríen mientras avanzan. Son tantos, imposible contarlos. Tambien hay camionetas, camiones enormes que cargan familias y familias. Ellos, todos ellos, han iniciado su peregrinación con anticipación. Van a buscar el mejor lugar, allá en la Villa para cantarle las mañanitas a la virgen este domingo. Para dejar en manos de ella sus sueños, sus esperanzas, sus deseos de salud, dinero. Quizás hasta de amor.
Nunca había visto algo así.
Llegamos a nuestro destino. Tlaxcala. Tlaxcala con su historia, Tlaxcala que nos envuelve con la historia de sus paredes, con el relato de sus personas. La gente ahí camina sin prisa, sonríe, da instrucciones con la mayor amabilidad. Peregrinos, también, peregrinos que reciben las visitas de ese o cual santo y en su honor alimentan al que llegue, feligreses que celebran rigurosamente las nueve posadas y dan el 24 de diciembre un aguinaldo de cacahuates y frutas a los… no importa. El punto es que ellos también peregrinan, día con día en un terreno de subidas y bajadas y se entregan fieles a un destino religioso.
De regreso, el número de peregrinos en la carretera aumenta. Mi curiosidad también. Que los empuja,que los hace avanzar bajo el frío, la intemperie y la distancia. Qué los hace ir cantando, cargando nosequé bajo la espalda? Sus sueños, sus esperanzas, sus deseos.
Pienso en los míos, en el peregrinar que he iniciado hace años. En las caídas, en las subidas, en los trayectos planos y llanos que alguna vez he recorrido. No sé si me mueve la fe, pero en tal caso mi fé no es la misma de ellos. No cargo ningún estandarte, no realizo mi peregrinaje bajo una promesa a la Virgen. Soy un peregrino porque, simplemente, todos somos peregrinos.
Cerré el día peregrinando de vuelta a esta ciudad tan compleja, tan llena de los sueños que muchos depositan en ella al venir acá. No dejo de pensar en el camino recorrido. En la imposibilidad, que a veces tengo, de entender el futuro que de todos modos se adivina presente.
ANNIE (una foto no es una opiniøn, o si?)
Hoy sali con Odet. El plan era ir a pelearse a una aerolinea por el cambio de un boleto. Luego ir al World Trade Center a ver una exhibicion de fotos de Annie Leibovitz. Oh, Annie! Todos hemos visto alguna vez fotos de ella. Todos. Su agudeza, su versatilidad, su humor, la composicion de sus imagenes. La relacion que establece tete a tete (no es leperada, lo juro) con su fotografiado.
Sus retratos nos muestran los rostros que hemos visto hasta el cansancio en el cine, en las revistas, en la television. Pero Annie tiene la gracia de mostrarlos de otro modo, a su modo. Una vez Susan Sontag (Oh, Susan!) escribio (en ese modo ironico y certero que a veces solo ella) “una foto no es una opinion, o si?” mientras describia el trabajo de Leibovitz como una antologia de destinos y nuevas posibilidades que invitan a la empatia.
Son estos retratos una opinion? su opinion?
Me encanta la incertidumbre, a ustedes no?
VIAJAR
(post sin acentos porque esta maquina los ha escondido de mi)
No me gusta viajar en avion. Es un hecho. Todos los sonidos me son extraños. Todos despiertan en mi un nerviosismo antes dormido, el recuerdo de algun vuelo turbulento, la paranoia vil. No se. A veces es inevitable. Para esos casos de fobia voladora lo mejor es evitar las ventanillas.
Pero hoy no pude evitarla. El asiento estaba ya asignado, mis nervios resignados… y el gordito de al lado simplemente no quiso cambiarme, dijo que se mareaba y lo que menos necesitaba era a alguien utilizando todas las bolsas de mareo del avion.
El caso es que me toco ventanilla. Y la fobia fue superada. Que maravilla de paisaje, avanzas sobre diversos terrenos, dejas los planos del desierto y vuelas cerca del mar, cerca de las sierras jalisciences hasta llegar a los valles del centro. Una gama de colores, de imagenes. De sueños.
Se me vinieron a la cabeza todos los viajes que hice de pequeña con mis padres, con mi hermana. El unico que alguna vez hice con mi hijo. Todos los que he hecho sola. Viajar sola tiene su encanto, guardarlo todo en tu memoria es la mayor responsabilidad. Porque luego pasa el tiempo y, sentada con tus amigos, les hablaras del mosaico de colores que cruzaste para llegar ahi, donde estan ellos, donde esta tambien tu corazon.
Viajar es toda una experiencia. Que bueno que no necesite bolsa de mareo porque pude tomar las notas de este post que hoy leen.
(p.s. al lugar al que he llegado hay una computadora a mi disposicion, con red y cerca de una ventana que mira al angel de la independencia… hay algo mejor?)
OUT OF TOWN
Mañana me voy de vacaciones. No sé si actualice esto en los próximos diez días. Pero prometo pasarla bien, extrañar mucho este sitio y memorizar todo lo que ocurra para tener mucho de qué escribir. Mucho, mucho.
No he hecho la maleta! demonios…
DISCUSIÓN SILENCIOSA (don’t do this at home, kids)
No era mi primera vez, pero hace tanto que no sucedía que simplemente he olvidado cuándo fue la última vez.
¿La última vez que qué? La última vez que discutí con alguien en el Mensajero. Amiguitos, no intenten esto en casa. Bueno de preferencia tampoco discutan por teléfono o en vivo y en directo. No tiene caso.
He leído que cuando se presenta una discusión uno debe tratar de guardar silencio y escuchar al otro. Lo malo es que en el Mensajero si guardas silencio tu contraparte (antagónico, némesis o como le quieran llamar) piensa que le estás sacando la vuelta, que te estás haciendo wey o algo así y la cosa se pone peor.
No es el medio adecuado, en definitiva. Porque a veces la ironía no sabe igual sin ese tonito que te distingue o bien estás siendo honestote, amable y te lo toman como un sarcasmo. Ni hablar de que tus chistes pueden terminar como atentados a la estabilidad espiritual de la contraparte chateadora.
Así que hoy tuve mi primera discusión en mucho tiempo (aunque la contraparte diga que no lo fue y que yo fui la que…) pero planeo que sea la última porque yo así simplemente no funciono. Además me cae bien gordo pedir disculpas cuando siento que no tenía por qué pedirlas (momento en que mi ego vuelve a su sitio de equilibrio).
TRATAMIENTO
Ayer en punto de las seis treinta de la tarde comencé un tratamiento que aún no sé cuánto durará. Fue doloroso, al menos ligeramente, mi cuerpo entero reaccionó. Y aunque no me sentía triste-triste era sorprendente ver cómo las lágrimas se me escurrían. Eran de esas lágrimas que uno quiere quitarse de encima sólo por pena, como si todo fuera una simple exageración de nuestra sensibilidad.
Alguien, hace poco, me dijo que a veces para curarse es necesario sufrir y llorar. Nada de porras ni apapachos. No importa si él tenía o no razón. Mis lágrimas, mi dolor nada tenían qué ver con sus palabras sino con el inicio de un tratamiento que, para mí, significa un poco la libertad y ligereza que mi cuerpo necesita.
Como dice el Victorio, en este mundo nadie está completo.
