EL DE ONCE

El hijo y yo tuvimos una charla, una de esas importantes. Nuestras charlas importantes no duran más de cinco minutos. No sé qué siento cuando suceden. Tampoco cuando acaban. Muchos cambios se acercan y él los ve, él los sabe y toma las cosas con una madurez envidiable. También es probable que no sepa a ciencia cierta qué significa el futuro. Pero no me preocupa en lo absoluto y no porque yo haya hecho un buen papel como madre, no me preocupa porque creo que hay dentro de él las herramientas suficientes -generadas por sí mismo, por lo que ha visto y vivido- una resiliencia envidiable.

El de once es uno de los hombres que más admiro. Ya sé que es sólo un niño pero siempre, en sus cejas he visto un hombre y yo, admiro a ese hombre.

Y lo voy a extrañar cuando no esté a mi lado, cuando no esté a una puerta de distancia.

POCAS PERSONAS

Pocas personas pueden contar una historia como ésta. Pocas personas tienen fotos de los primeros encuentros, correos de los primeros flirteos. Pocas personas pueden decir que lo que tienen ahora -instalado en el alma- inició de forma accidental hace seis años. Pocas personas tienen tantos recuerdos amargos y, sin embargo, logran mantener el balance, la armonía, el algo. Pocas personas pueden superar tanta distancia, tanta indiferencia, tanto enojo, tanto miedo, tanto dolor. Pocas personas pueden convertir todo eso en algo que termina por llamarse: lo nuestro.

Lo dicho: pocas personas pueden contar una historia como ésta.
Tú y yo, somos de esas pocas personas.