CAMBIO de piel

No sé si ya lo dije aquí y si ya lo dije ni modo, lo vuelvo a decir. Dentro de quince días si los dioses del consulado lo permiten, me mudo a El Paso, Texas. Viviré allá, escribiré de allá, estudiaré allá.

Me siento feliz, me siento orgullosa, lancé una moneda al aire y salió cara ( o cruz, porque no me acuerdo cuál elegí). Me siento nerviosa. Me siento.

Un día, por ahí de diciembre decidí que esta es la ciudad en la que quiero vivir y en la que quiero que mi hijo crezca y que, por eso precisamente, lo mejor es irse de aquí por un tiempo y qué mejor manera que irse de aquí a estudiar lo que una siempre quiso estudiar y por razones -ajenas a este blog- nunca lo hizo.

So, envié mis papeles y hete aquí que hoy recibí un documento de la Universidad, un documento valioso con el cual iré con los señores del Consulado y les diré: mire, fui aceptada, yo fui aceptada en esta universidad y viviré allá tres años, me dan una visa para eso, sí? sí?

Así que me voy.

Vendo todo, o casi todo, meto lo que quepa en la maleta, tomo mi carro y me voy. La persona que amo me acompaña en el viaje, me deja ahí y luego vuela a su ciudad de origen.

La otra persona que amo se queda aquí, pequeño y grande él, a vivir con su papá, a vivir algo que no ha vivido a diario: su otra familia, su otra hermosa familia.

Y este, señores, es mi cambio de piel.

HOY DESCUBRÍ

Que en el verano del 2005 me hacías escribir muchísimo.

No tengo qué decirte qué has logrado ESTE verano.

8 años

Sólo tengo dos relaciones largas.

Una es con mi amiga Natalia, diez años de amistad de cariño de confidencias de aventuras de tintes.

La otra es con mi trabajo, ocho años de dar muchas muchas clases de conocer a muchos muchos alumnos, de ver crecer  canas verdes por tanto calificar, ocho años de inventar circomaromayteatro para que los alumnos se den cuenta de que la literatura y el arte son parte esencial en la vida de cualquier persona.

Mi primer relación, la de los 10 años, continuará muchos más.

La segunda, la de los 8 ayer llegó a su cierre. Ayer avisé que me iba, al menos temporalmente. Me voy unos años a estudiar lejos y no tan lejos. Ayer cerré un ciclo, el más difícil y hermoso de mi vida. Me estoy jugando el todo por el todo. Dejo la comodidad y la seguridad económica por la aventura de ser estudiante a los treintaytantos.

Y soy feliz.

Muy feliz.

Es extraño sentir también un poco de tristita pues ese era también mi hogar pero de todo hogar uno se tiene que ir para crecer. Y yo, quiero crecer.

NOTAS PARA ILE

  1. No te conozco, pero te conozco. ¿Te ha pasado? y no sólo conocer a una persona por una foto, sino conocerla, conocerla en voz de otra persona. Alguien me habló de ti. Alguien te quiere mucho y es feliz de su linda amistad.
  2. Me pregunto qué te habrá dicho Alguien de mí, qué idea tienes. No hay mucho misterio tras de mí, cualquiera que se dé una vuelta por este lugar lo sabe todo o casi todo de mí.
  3. Tienes algo que yo no: la cercanía -física- de Alguien, un Alguien que vino y se llevó un cachote de mi corazón, así que te los encargo al Alguien y a mi cachote de corazón, cuídalos, diviértelos, apapáchalos porque la distancia es muy canija y las transfusiones de sangre son muy caras.
  4. Espero pronto nos sentemos en una banca en una mesa en un sillón en una banqueta a platicar todo lo que ya sabemos y lo que todavía no. Con o sin Alguien, jiji, total!
  5. Gracias por la foto de ayer, me hiciste el día.
  6. (tu nombre es muy lindo, muy dulce, ¿ya te lo han dicho?)

HOY

Celebramos NACIONALMENTE el cumpleaños de Natalia, mi amiga de amigas, mi persona favorita en el universo.

Hoy le daremos besos, abrazos, cariños y todo lo que se merece.

Hoy es día nacional de ponerse algo MORADO en su honor.

AVEDON

Avedon es uno de mis fotógrafos favoritos. Su serie In the west abre el vientre de Estados Unidos para que de ahí surja todo lo que es, tal cual es. La revista Vogue no sería lo que es sin el paso elegante y sutil de Richard Avedon.

Hoy, en mis pesquisas visuales de domingo me topé con esta foto de él que nunca había visto. Ya no la elegancia de un vestido de diseñador. Ya no el rostro de un norteamericano de pueblo. No, aquí, la sencillez, el goce, el movimiento.

MADAME LUNA

Esta noche Mónica nos mostró, a quienes nos ha elegido como amigas, su reciente documental. Es un hermoso ejercicio que escudriña historia y vida. Y me sentí orgullosa de ella, orgullosa de haber sido testigo de su entrega y me sentí orgullosa de formar parte de un grupo de mujeres tan geniales.

Madame Luna nunca dejará de asombrarme.

EL DE ONCE

El hijo y yo tuvimos una charla, una de esas importantes. Nuestras charlas importantes no duran más de cinco minutos. No sé qué siento cuando suceden. Tampoco cuando acaban. Muchos cambios se acercan y él los ve, él los sabe y toma las cosas con una madurez envidiable. También es probable que no sepa a ciencia cierta qué significa el futuro. Pero no me preocupa en lo absoluto y no porque yo haya hecho un buen papel como madre, no me preocupa porque creo que hay dentro de él las herramientas suficientes -generadas por sí mismo, por lo que ha visto y vivido- una resiliencia envidiable.

El de once es uno de los hombres que más admiro. Ya sé que es sólo un niño pero siempre, en sus cejas he visto un hombre y yo, admiro a ese hombre.

Y lo voy a extrañar cuando no esté a mi lado, cuando no esté a una puerta de distancia.

POCAS PERSONAS

Pocas personas pueden contar una historia como ésta. Pocas personas tienen fotos de los primeros encuentros, correos de los primeros flirteos. Pocas personas pueden decir que lo que tienen ahora -instalado en el alma- inició de forma accidental hace seis años. Pocas personas tienen tantos recuerdos amargos y, sin embargo, logran mantener el balance, la armonía, el algo. Pocas personas pueden superar tanta distancia, tanta indiferencia, tanto enojo, tanto miedo, tanto dolor. Pocas personas pueden convertir todo eso en algo que termina por llamarse: lo nuestro.

Lo dicho: pocas personas pueden contar una historia como ésta.
Tú y yo, somos de esas pocas personas.

UNA RANA BLANCA

La visita descubrió a Kawabata en mi librero y quería que se lo prestara. La visita es una persona muy especial, una gran lectora que estoy segura sabría apreciar como nadie a Kawabata. Si hubiera sido Yoshimoto o hasta Murakami no habría tenido problema en decir sí. Pero con este autor, las cosas cambian. Uno no presta libros de Yasunari Kawabata, uno sólo recomienda leerlo, uno sólo puede decir que hay que leerlo y dejar que el interesado se pasee por sus títulos antes de decidir cuál comprar y cuál leer.

Si yo tuviera qué elegir llevarme a una isla desierta, o a una ciudad en Texas, su Historias en la palma de la mano sería lo primero que metería en la maleta. Con Kawabata uno nunca sabe en qué momento de entre sus páginas saltará una rana blanca ni qué es lo que le puede provocar encontrarse con el batracio más poético del universo.