Hay momentos en que lo mejor es hacer la retirada. Admitir que uno ya nada tiene qué, ni quiere, hacer. Tomar sus cosas (o no tomarlas) y marcharse, desaparecer un poco de las redes, de las calles, de los lugares comunes. Establecer distancia. Y ser infinitamente feliz en otro lado.
Este blog, también, ya está en retirada. Necesita descansar y quien lo escribe, también.

