Feliz año, pues.
Abrazos muchos y especiales para Natalia, Marigé, Eli, Ericka, Rafaella, Mónica, Lorena, Manuel, Baner. Una no sería una sin sus amigos.

Espacio de Ocio y Escritura de Sylvia Aguilar Zéleny
Feliz año, pues.
Abrazos muchos y especiales para Natalia, Marigé, Eli, Ericka, Rafaella, Mónica, Lorena, Manuel, Baner. Una no sería una sin sus amigos.
No, no soy la niña con la piyama de rayas. Tampoco estoy a punto de cantar el rock de la cárcel, y no, tampoco estoy en un uniforme de cárcel.


Fuimos al mercado municipal como espectadores, como amigos, como los curiosos que somos. Con ganas de ver a la Fontanot en esa faceta de ella que tanto disfrutamos: la de performancera.
Mi padre, Don Alejandro, cumple años. Les diría cuántos pero si se entera que abrí la bocota me deshereda (y le tengo echado el ojo a unas fotos de la abuela y a dos películas de clint eastwood). Es un día como de celebración nacional.
Sólo quien ha tenido un ataque de ansiedad puede entenderlo. Al igual que sólo quien ha tenido problemas con el nervio ciático o ha parido un hijo entiende ese dolor. Un ataque de pánico o un episodio de ansiedad es algo difícil de explicar y difícil de manejar. Es mucho más difícil explicar cómo surge y cómo hace para aferrarse, con uñas y dientes, a estar ahí y mortificarlo a uno (y al que está al otro lado de la línea, de la calle o de la página).
Una palabra, una idea, una imagen, una mancha, un recuerdo, un espacio, algo loquesea, puede ser el punto de ignición. Porque un ataque de pánico o un episodio de ansiedad es como un incendio interno difícil de extinguir. Se va cuando se va. Te falta la respiración, te retumba el corazón campana de catedral. Temblores. Garganta seca, manos sudadas.
Lo peor es el monólogo interior, que pareciera realizar un torneo de esgrima en tu cabeza.
Y entonces, cuando crees que se acabó el aire, el espacio, el tiempo, el incendio se mitiga. Alguien te ayuda a echar baldes de agua a la necedad, a la inseguridad, ¿ya dije a la necedad?
Y eso, se va.
Se quedó dos horas, 5 llamadas y cuatro vasos de agua y esperemos que no vuelva en mucho, mucho tiempo porque a decir verdad, aquí no es requerido. Yo no quiero convertirme en la loca del barrio que toda ciudad tiene.
di mi palabra.
Todos y todo necesita un espacio y un tiempo, un respiro. Para nada o para todo, para estar quieto o para tamborilear los dedos. Yo no me doy cuenta de que alguien lo necesita como tampoco me doy cuenta de cuando yo misma lo necesito. Así que este lugar se quedará calladito por un tiempo.
No como taco fish o tacos de langosta, tampoco camarones. Pero aguántenme que hoy me desquito y mañana es miércoles nacional de micheladas, dicen.