Ya quedó la tesis. Ya se envía hoy. Ya quedó la maestría. Ya se acaba hoy.
No sabe, nadie sabe, nadie se imagina cómo me siento.
Hoy festejo con mi vecina.

Espacio de Ocio y Escritura de Sylvia Aguilar Zéleny
Ya quedó la tesis. Ya se envía hoy. Ya quedó la maestría. Ya se acaba hoy.
No sabe, nadie sabe, nadie se imagina cómo me siento.
Hoy festejo con mi vecina.
Ayer se fue el último mueble perteneciente a esa otra historia. A ese pasado. El tocador, ese tocador, se ha marchado. Salió de la casa, de mi casa. Se fue con el espejo y los cajones. Te vas, le dije, ocupas mucho espacio. Ya no eres lo que necesito. Ocupas mucho pasado. Dejó mi habitación. Lo montamos en la camioneta. Y se fue. No le quedó de otra.
Mientras lo acomodo en su nueva habitación, sacudo sus esquinas, le agradezco los ocho años de guardar mi ropa y mis secretos. Entonces y sólo entonces me doy cuenta de que sólo una loca como yo le hablaría a un mueble de madera rústica.
He aquí la famosa lista de los libros que estoy vendiendo.
TEORíA:
– Síntesis histórica de la Revolución Mexicana, Arqueles Vela. México: Costa Amic, 1980.
-Literatura Mexicana del siglo XX 1910-1949, José Luis Martínez. México, Lecturas Mexicanas, 1990.
-La revolución y las letras. Edmundo Valadés. México, Lecturas Mexicanas, 1990
– En torno a la literatura mexicana, recensiones y ensayos. Francisco González Guerrero. México: sepsetentas, 1976.
-La narrativa indigenista mexicana del siglo XX. Sylvia Bigas Torres. Guadalajara: Univ. de Guadalajara, 1990.
-Historia de las literaturas de vanguardia, Vol.II. Guillermo de Torre. Madrid, 1971.
-El movimiento estridentista. Germán List Arzubide. México: lecturas mexicanas, 1987.
FICCIóN:
– Tina Modotti y otras obras de teatro. Víctor Hugo Rascón Banda. México, Lecturas Mexicanas, 1986.
-Luz interna, José Agustín. México, Grijalbo, 1988.
-Mi padre, mi madre, los Bentley, el caniche, lord Kitchener y el ratón. Silvia Townsend Warner. España, Lumen, 1997.
-Loose woman. Sandra Cisneros. USA, Vintage, 1995.
60 pesitos cualquiera de estos textos bajo la condición de que no me pregunten por qué los tengo o por qué los vendo. Interesados, dejar su mail aquí para hacer la transacción.
Roberto Arlt se quejó alguna vez de la ausencia de las madres como personajes en la literatura argentina. Esta “omisión” nos permite, por un lado, reflexionar sobre el tipo de núcleo familiar que se asoma en la novela contemporánea, y por otro, admitir que es precisamente esta ausencia lo que habrá de impactar en la vida de sus personajes. Este es el caso de dos novelas en particular: Vida y Época de Michael K. (Mondadori, 2006) de J.M. Coetzee y La autobiografía de mi madre (Lumen: 1998) de Jamaica Kincaid.
La madre de Xuela murió el día en que ella nació “y así, durante toda mi vida, no hubo nunca nada entre yo y la eternidad; a mi espalda soplaba siempre un viento negro y desolado”. De este modo inicia el relato de su vida Xuela, la protagonista de La autobiografía de mi madre, quien lejos de temer o adolecer su orfandad, crece con un claro desdén y una completa asimilación hacia aquello que define la existencia humana: el miedo. Esta novela muestra a un personaje que no le teme a nadie ni a nada, Xuela se niega todo rastro de vulnerabilidad a pesar de que su vida en “la isla que perpetuaba el dolor” es un largo camino de pérdida y derrota, siendo la ausencia de su madre la primera. La vida de Xuela denota la imposibilidad de la existencia. Jamaica Kincaid relata la naturaleza humana con una honestidad feroz.
Michael K. nació con labio leporino. Es hijo de una madre soltera. Fue entregado a una institución de educación especial donde aprendió a ser jardinero. En Vida y Época de Michael K., J.M. Coetzee nos muestra la vida de un personaje que se ve obligado a crecer sin su madre, luego a cuidarla en su vejez y llevarla en una carretilla por un territorio hostil hacia su último deseo. En esta novela J. M. Coetzee muestra su destreza para construir vidas y espacios en zozobra. K es marcado por la desolación: vive de niño la ausencia de su madre, atestigua de adulto su deterioro, vuelve una y otra vez a la condición de su nacimiento: la soledad.
Tanto K como Xuela, son hijos de la ausencia, hijos cargando el cuerpo o el fantasma materno, hijos que al nacer son arrojados a un mundo en el cual la brutalidad es la única herencia verdadera .
-Somos Prisioneros de Guerra -dijo Chako-. Nuestros sueños han sido adulterados. No pertenecemos a ningún sitio. Navegamos a la deriva por mares agitados. Puede que no nos dejen desembarcar nunca. Nuestras penas no serán nunca lo bastante tristes. Nuestras alegrías, nunca lo bastante alegres. Nuestros sueños, nunca lo bastante grandes. Nuestras vidas, nunca lo bastante relevantes. Para serimportantes.
Arundhati Roy, El dios de las pequeñas cosas.
Estábamos en la primaria cuando nos dimos cuenta de que mamá nos mostraba amor cuando enfermábamos. Un calambre, una punzada y ella era toda caricias. Una caída, un golpe, un moretón y sus palabras las más dulces.
La severidad se alejaba con un poco de fiebre.
Nos convertimos en los mejores ejecutantes de un dolor de cabeza. Maestros en vomitar. Perfeccionamos tanto nuestro acto que llegamos a confundir un dolor cierto de uno falso. Fingir era un arte. La herencia familiar. Nosotros fingíamos agonía, mamá cariño.
Terminé de leer ese poemario que leía a ratitos en la oficina. Me di cuenta de que he borrado una letra de mi teclado. Mi padre ha chocado y aunque está bien la sensación es la del caso. He comprado el medicamento ese. Entregué una película y recibí un libro al que le temo. Alcancé la página treinta de una novela que relata la vida de unos hermanos que fueron separados y se reunen después de veinte años. Pensé en la palabra distancia. Tomé dos litros de agua. Una taza de café y un té helado. Medí mi barda. Acaricié la panza adolorida de mi hijo de ocho años. Escuché de su padre lo que tengo ocho años escuchando. Comprendí que oír las noticias a veces no hacen bien. Apagué la luz deseando una noche larga.
Lo decidí simplemente. Estos libros se van, me dije. Quité de mi librero dos novelas de Solares, uno de Guillermo de Torre y otros tantos de fundamentos de la literatura mexicana publicados hace ocho siglos. Creo que también se va Isabel Allende y algunos de literatura chicana (sin comentarios). Son libros a los que no voy a volver, que me dijeron ya lo que tenían que decirme y que, en todo caso, tendrán otros lectores que los recibirán gustosos. No es que necesite el espacio (aunque pensándolo bien, siempre se necesita el espacio), simplemente se van.
Es lo suave de tener libros, uno puede decidir cuándo se van y cuándo se quedan. Tengo otros libros que se van si hay alguien interesado por mi lista de libros en venta, escríbanme.
Ayer moví mis muebles. Estamos listos para el verano.
Hoy entregué mi casitesis. Estamos listos para el descanso.
Tengo el rostro de quien ya.