RAINDROPS ARE FALLING ON MY…

Eso de volver con ánimos al empleo donde no se estuvo casi en siete semanas está suave. Soy otra vez la más sonriente. Llegar y acordarse de que se tiene nueva y flamante oficina con ventana (aquí tener ventana es un lujo) (aunque desde la ventana se vea un cachito de paisaje y ochomil ladrillos del edificio de al lado) tiene su encanto.

Que te vean con gusto y te reciban con abrazos, también.

Afuera llueve y llueve, los rayos truenan. Es un día nublado lindo. Estamos a oscuras, se quemó un nosequé y por tal razón no tenemos compus, ni luz, pero sí tenemos aire acondicionado. Yo traje mi compu, con batería, y por alguna razón tengo internet (Dios existe).

Contenta.
Mucho.

HOME AND THANKFUL

Después de 55 minutos de vuelo y 40 minutos de espera dentro del avión afuera del aeropuerto de Hermosillo (tema de un post que me daría flojera escribir) heme en casa. Cansada, con un montón de ropa y libros que acomodar pero contenta mucho.

Regreso a casa agradecida ENORMEMENTE con la familia Ramírez Pimienta, con Jenny y con la casa de colores, con mamá Tambor, con mi Pato chulo, con Lore, Louie and Ninis, con la Abril y la Kara (loved my book, doña kara!!), con el Rafilla (loved my radioglobal tshirt). Regreso convencida de que hice un grupo de amigos formidables, amigos nuevos y amigos de siempre: todos ellos escritores fabulosos.

Llego a casa y espero que no haya demasiado que limpiar.

¿y la novela?
ya les platicaré, ya les platicaré…

LA BANDA DEL LAB


Henos aquí, después de la lectura. Después de seis semanas. Después de las clases con cinco escritores. Henos.

DAYS OF FORTUNE

El jueves fue un bello bello día. Unos cuantos de nosotros nos fuimos de viaje al Balboa a ver American Dream de Andy Warhol y de paso fuimos al Museo de Fotografía. Entre la impresión de las impresiones de Warhol y la impresión de un grupo de mujeres que han hecho el fotoperiodismo más intenso y la impresión de sentirse tan tan a gusto con gente a quien parece que se conoce desde tan hace poquitísimo tiempo se nos fue el día. Luego comimos una rica comida tailandesa en Hillcrest, caminamos por ahí, compramos libritos y fuimos muy felices.

El viernes fue un bello bello día. Unas cuantas de nosotras nos fuimos de viaje a Fashion Valley, previa parada en Borders y la tienda Apple (i got a shuffle!!). Comimos una deliciosa comida vietnamita, contamos cuentos a Ninis y chismes entre nosotras. Cambiamos el mundo y discutimos de nuestra sobrevivencia al Lab.

Estos fueron Fortune Days. Mañana toca arreglar maletas, descansar y prepararse para volver al extrañado terruño.

VIVA EL WIRELESS

Post en el que no tengo nada que decir but presumir questoy en el carro de la Lore con la (mi) (futura) lap de Loui en un estacionamiento de Rosarito donde puedo utilizar wireless!!

yei!

GONE

En la familia las personas desaparecen.

Dos abuelos y un tío. Sin explicaciones ni despedidas. Quizá con maletas. Las abuelas, enfermedades del corazón. Primero una, luego la otra. Un primo se colgó en su habitación a los veinte. Mi hermana rogó su olvido a los treinta.
Claro. No puedes esperar que la gente permanezca. Que estén ahí. Cuando quieres. Y necesitas. Pero que se vaya y no sepas. Es otra cosa. Te queda aquí un hueco, una cosa rara, agudo el pecho. Dolor, te digo.
Mi hermana se fue. Un día llamó y dijo que sería la última. Desapareció. Ni un rastro.
Ya no es parte de mí. Y la extraño.
A veces me quedo quieta pensando cómo sería si viviera a quince minutos si me llamara a cada rato si viniera a pedirme una olla a pedirme la hora a darme un abrazo a que le devuelva ese par de zapatos. Me lamento, me lamento que no sea así. Rompo en llanto. Rompo el llanto. Camino en círculos. Golpeo, la pared, la mesa. Creo que el teclado. Me enojo y ahí está ella diciéndome que ese es su lado del cuarto y ese su lado del closet esos sus libros gritándole a mi mamá reclamándole a mi papá poco amable con los hermanos dando portazos para luego otra vez decirme que ese es su lado del cuarto. Y aún así, la extraño. ¿Cómo se hace para hacerse al olvido? No sé.

Abro mi libreta y escribo: No sé.

LOVE IN A BOX

Cuando una tiene tos. Y un poco de temperatura. Y dolor en los oídos. Y arrastra los piecitos -con todo y ánimo-. Lo único que puede ayudarte, además del tempra y el broncolín es esto. Love in a Box. Bruno in a Box. ¡Que me lo manden por DHL!

TARDE IMPERIAL (con final nevado)

Pues sí, ayer trabajamos arduamente hasta que nos corrieron de las oficinas del FCE. Nos encaminamos después a la caza de comida, siempre no fue filipina. Paramos en Henry’s, una grocery store donde a uno se le antoja todo, para comprar dos botellas de vino. Pagamos dos dólares cada uno por un superpaquete de mixed vegetables con tofu en un lugar mandarino. Luego JP quiso quitar a Miranda y la música estuvo un poco balín por treinta minutos. Decidimos no hablar de proyectos y no hablar del lab una vez que llegaramos a Imperial Beach. Dejamos de hablar de proyectos y del lab mucho antes de llegar a Imperial Beach.

Nos encontramos con que las aguas de Imperial Beach estaban contaminadas (y uno pensando que eso sólo pasa en Playas de Tijuana), sin embargo (al igual que en Playas de Tijuana) eso no detuvo a la gente de surfear y nadar. A lo lejos y a lo cerca de la orilla, varios delfines nos saludaron. Unos niños cerca de nosotros jugaban, varios andaban descalzos, dos en tenis, uno se cayó y se lastimó la pierna y otro dijo en cuanto esto pasó: now we have to eat quickly.

Después de la dosis de mar, arena, piedras y caídas nos metimos a la sociedad gringa más gringa, es decir a un bar. Un bar donde todas las historias del mundo parecían ocurrir en el mismo instante en que entramos. Jenny pidió una Murphy, JP se disparó un pichel de coors para él y para mí. Hablamos de la disfuncionalidad familiar, de las enfermedades de los ojos, de sexo y de otras cosas que parecían no tener sentido y al final lo tenían.

Cerramos la tarde imperial atascándonos de helados peanut butter perfection cup en Cold Stone.